Dentro de IPA corría un rumor sobre el Dr. Jean-Pierre y su superpoder para detectar el miedo en una persona solo observar su forma de acomodar sus libros sobre una mesa.
Nadie sabía que tan cierto era aquello a excepción de Arthur un investigador y docente que parecía saber mas de Pierre de lo que le gustaría admitir.
Arthur llegó como fiel discípulo con una obsesión torpe y peligrosa: demostrar que el psicoanálisis no debía centrarse en los traumas del pasado, sino en las fantasías que la gente construía para sobrevivir al presente. Era brillante, insolente y demasiado joven para discutirle a Jean frente a un auditorio lleno.
Lo hizo de todos modos:
-Usted interpreta el silencio como represión -dijo Arthur una tarde-. Yo creo que a veces el silencio es una decisión consciente, no todo lo que callamos está roto.
El salón entero quedó inmóvil.
Pierre lo observó durante varios segundos, luego respondió:
-Eso suena menos a teoría y más a algo que necesitas creer.
Debió haber terminado ahí.
Pero fue el comienzo de todo.
Pasaron meses trabajando juntos en una investigación sobre "la arquitectura emocional del deseo", una teoría extraña que mezclaba psicoanálisis, lenguaje y comportamiento obsesivo, según ellos, las personas no se enamoraban realmente de otras personas, sino de las narrativas que construyen alrededor de ellas.
Discutían todo el tiempo.
En cafeterías vacías.
En oficinas mal iluminadas.
En hojas llenas de anotaciones furiosas.
Arthur decía:
-El deseo es una forma de ficción.
Jean-Pierre respondía:
-No, el deseo es repetición, la gente siempre vuelve a la herida.
Arthur odiaba lo arrogante que sonaba.
Y aun así empezó a quedarse hasta tarde solo para escucharlo hablar.
La primera vez que se tocaron fue accidental.
Arthur se inclinó sobre el escritorio para alcanzar un libro y Jean-Pierre sostuvo su muñeca para apartarlo de una taza de café a punto de caer, nada más, pero ninguno soltó al otro inmediatamente.
Fue ridículo.
Breve.
Imperdonablemente importante.
Después de eso comenzaron a escribirse notas.
No mensajes románticos.
Nunca algo tan simple.
Fragmentos teóricos.
"Todo vínculo necesita una transferencia."
"Las obsesiones más persistentes son las que no encuentran resolución."
"Negar el deseo también es una forma de alimentarlo."
Arthur empezó a reconocer cuándo Jean le estaba hablando como académico y cuándo como hombre.
La diferencia era mínima.
Tal vez inexistente.
El problema llegó cuando publicaron sus teorías.
La comunidad académica se dividió.
Arthur defendía que el psicoanálisis debía abandonar la idea de que lo sexual era el centro de la identidad humana, quería una psicología donde las personas pudieran reinventarse.
Jean-Pierre creía que eso era irresponsable.
-No puedes construir una teoría basada en lo que la gente quisiera ser -le dijo una noche-. La mente no funciona con deseos, funciona con fracturas.
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Correspondencia
RomanceOne-shot Enemies to lovers? Inspirada después de leer Correspondencia S. Freud y Carl J.
