Madrid, 1872
La mañana había amanecido gris.
Sobre los tejados de Madrid, una capa de nubes cubría el cielo y convertía la luz del invierno en una claridad pálida, casi plateada. En las calles todavía quedaban restos de humedad de la noche anterior y las ruedas de los carruajes levantaban pequeñas salpicaduras mientras avanzaban lentamente.
Mercedes observaba la ciudad desde la ventana.
Tenía una mano apoyada en el cristal.
No había nada extraordinario en aquella mañana.
Y, sin embargo, algo en ella tenía la sensación de que aquel día iba a ser diferente.
No sabía por qué.
Quizá era simplemente una de esas intuiciones que aparecen sin avisar y que uno no sabe explicar hasta mucho después.
Mercedes tenía dieciséis años.
A esa edad, el mundo todavía podía parecer enorme.
Había lugares que deseaba conocer, personas que quería comprender y preguntas para las que nadie parecía tener una respuesta satisfactoria.
Su madre decía a veces que pensaba demasiado.
Mercedes creía que, en realidad, pensaba exactamente lo necesario.
Lo que ocurría era que los demás pensaban demasiado poco.
Sonrió ante aquel pensamiento.
—¿De qué te ríes?
Mercedes se volvió.
Su madre la estaba observando desde el asiento situado frente a ella.
—De nada.
—Otra vez de nada.
—¿Qué tiene de malo?
—Cuando una persona dice "de nada" mientras sonríe, casi nunca significa que sea de nada.
Mercedes volvió a mirar por la ventana.
—Estaba pensando.
—Eso ya lo sé.
—¿Y?
—Que quiero saber en qué.
Mercedes se encogió ligeramente de hombros.
—En Madrid.
Su madre miró hacia la ventana.
—¿Qué tiene Madrid esta mañana?
—No lo sé.
—Entonces has encontrado una forma bastante complicada de no contestarme.
Mercedes rio.
—Quizá.
El carruaje continuó avanzando.
Mercedes siguió contemplando las calles.
Le gustaba Madrid.
Le gustaba incluso cuando hacía frío.
Había algo en aquella ciudad que le producía una sensación difícil de explicar. El ruido de los carruajes, las voces de los vendedores, el movimiento constante de personas entrando y saliendo de establecimientos, los soldados que caminaban por determinadas calles, las mujeres acompañadas por criadas o familiares...
Todo parecía tener una historia.
Y Mercedes quería conocerlas todas.
—Hoy volveremos tarde —dijo su madre.
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¿Dónde vas Alfonso XII?
Ficción HistóricaEsta es la historia de amor entre Alfonso XII y María de las Mercedes de Orleans y Borbón
