Antes de que la magia nos uniera
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El humo del tren se mezclaba con los abrazos y los gritos de despedida, y ahí estaba Chuuya Nakahara, de apenas once años, con el corazón a mil por hora y la mano apretada alrededor de su varita como si fuera un trofeo de guerra. Su madre lo abrazó tan fuerte que casi le saca el aire, susurrándole:
-Cuídate mucho, mi niño, no te metas en problemas... y si alguien te molesta, por favor no rompas nada- Chuuya sonrió, nervioso hasta las puntas de su cabello rojo fuego, asintió tan rápido que casi se mareó, le dio un beso rápido en la mejilla y se subió al tren como si estuviera corriendo hacia una batalla, o hacia su pesadilla más dulce. Primer año. Hogwarts. Sin vuelta atrás.
Recorrió los pasillos esquivando maletas que parecían tener vida propia y niños que corrían gritando como si les persiguiera un dragón, hasta que encontró un vagón vacío, se dejó caer en el asiento de cuero rojo y apoyó la cabeza contra la ventana, viendo cómo la estación empezaba a quedarse atrás.
«Bien- pensó. Paz. Silencio. Por fin...»
-¿Puedo entrar?- una voz cortó su paz como un rayo.
Chuuya giró de golpe. Ahí, en el umbral, había un niño con el mismo cabello rojo fuego que él, pero con puntas algo puntiagudas, y unos ojos cafés que brillaban con la energía de tres trenes juntos. Chuuya asintió sin saber muy bien por qué, y el niño entró de un salto, se sentó al lado contrario con tanta emoción que el asiento crujió, y le extendió la mano como si estuviera firmando un tratado de amistad eterno.
-¡Soy Tachihara Michizō!- dijo, sonriendo de oreja a oreja- ¡Tus ojos son increíbles, no sabía que eso era posible!- dijo, refiriéndose a los ojos de Chuuya que eran bicolor, uno tan azul como el mar y otro café como la tierra fresca
Chuuya parpadeó, luego estrechó la mano con una media sonrisa.
-Chuuya Nakahara, yo nací con los ojos así-
-¡Genética increíble, entonces!- Tachihara soltó una carcajada, y de repente, el nerviosismo de Chuuya se esfumó. Pasaron los siguientes minutos riendo, comparando varitas, imaginando en qué casa los pondrían (Tachihara juraba que Slytherin era "el lugar donde pasa la diversión de verdad"; Chuuya decía que él iría donde le dejaran pelear, preferiblemente donde hubiera montañas). Todo iba perfecto... demasiado perfecto.
Hasta que oyeron la voz de una señora pasando por el pasillo:
-¡Dulces! ¡Chocolate de ranas, caramelos de chicle, golosinas de todos los colores!
-¡Quiero algo!- Tachihara se levantó de un salto- ¡Vamos!
Dejaron sus cosas tiradas sin pensarlo y salieron corriendo hacia el pasillo, pidiendo amablemente un puñado de caramelos y dos tabletas de chocolate. La señora les sonrió, les dio el cambio... y cuando se giraron para volver... ¡PAM!
Chuuya chocó de lleno contra alguien. Alguien más alto, de cabello castaño, con una cara que parecía tallada en piedra aburrida, y una expresión de "yo soy mejor que tú y que todo lo que existe" que se podía oler a metros de distancia.
-¡Oye, ten cuidado, estorbo!- soltó el castaño, mirándolo de arriba abajo con una mueca de asco- ¿Acaso eres ciego? ¿O es que los de tu especie no saben ni caminar?
Chuuya parpadeó. *Disculpa ya estaba en la punta de su lengua... hasta que oyó lo de "ciego" y lo de "tu especie". Y recuerda:
Chuuya no tiene paciencia. La paciencia lo abandonó a los cinco años.
-¿¡Ciego!?- gritó, con la voz subiendo octavas como un gato pisado- ¡Yo veo perfectamente, imbécil! ¡Y tú eres tan tonto que no sabes ni por dónde vas! ¡Pareces un palo de escoba con patas! ¡Y tienes la inteligencia de un pez dorado!-
-¿¡Palo de escoba!?- el castaño se puso rojo de rabia, tanto que parecía a punto de explotar- ¡Serás un maldito...! ¡No sabes con quién te estás metiendo, sucio!
-¡Y tú eres un pijo que se cree la última caca del dragón! ¡cobarde!
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Un Encantamiento Para Dos
FanfictionDos jóvenes magos, completamente opuestos, pasan sus días peleando y compitiendo por demostrar quién es mejor. Sin embargo, cuando sus Patronus revelan un vínculo que parece ir más allá de la magia, ambos descubren que quizá su mayor rival no era el...
