La cena de Navidad en casa de los Loki era, en teoría, un evento civilizado. El pavo humeaba en el centro de la mesa, la vajilla buena había salido del aparador y la familia entera charlaba con la típica algarabía festiva. En la cabecera, el señor Loki cortaba las porciones con una sonrisa amable, mientras que a su lado, ocupando el puesto de invitado de honor y novio oficial del prodigio, Vivien Hugo mantenía una postura impecable, analizando la cena con la misma seriedad con la que estudiaba un partido de la Champions.
Todo iba bien. Demasiado bien. Hasta que a Loki se le ocurrió la brillante y trágica idea de pedir la sal.
Extendiendo la mano hacia el centro de la mesa, sin mirar a quién le hablaba y con la absoluta confianza de quien lleva horas viviendo bajo el mismo techo, soltó la frase maldita:
-Papi, ¿me das la sal? 🧂
El mundo se detuvo. El coro de risas familiares se apagó de golpe. El tenedor de la tía se estrelló contra un plato con un sonido seco.
Y entonces ocurrió lo impensable. Dos voces idénticas en tono -aunque con universos de diferencia en intención- resonaron al unísono desde extremos opuestos de la mesa:
-Claro que sí, amor -contestaron al mismo tiempo el señor Loki (el padre biológico) y Vivien Hugo (el "papi" de las 3:00 a.m. en el departamento de París).
Ambos estiraron la mano de inmediato, y ambos dedos terminaron cerrándose al mismo tiempo sobre el mismo salero de porcelana.
El patriarca de la familia Loki parpadeó, congelado con la mano en el frasco, sintiendo que algo en las leyes de la física y de la paternidad acababa de romperse. A su lado, Hugo ladeó ligeramente la cabeza, parpadeando con una honestidad pasmosa, totalmente ajeno a la bomba atómica verbal que acababa de detonar en la psique de su novio.
Con esa calma fría, analítica y 100% sincera que lo caracterizaba, Hugo miró fijamente a Loki y preguntó sin un ápice de malicia:
-Juls... ¿cuál papi? -dijo este de manera muy honesta, esperando que su delantero le aclarara la variable lógica de la situación.
El silencio que cayó en el comedor fue tan espeso que se podía cortar con cuchillo. El papá de Loki giró lentamente la cabeza hacia Hugo, luego hacia su hijo, con los ojos abiertos como platos y el rostro desencajado.
Loki sintió que el alma se le desprendía del cuerpo, cruzaba el techo y se iba directa a orbitar la Tierra. Las mejillas se le pusieron de un tono rojo tan violento que parecía una sirena de policía, el tenedor se le resbaló de los dedos y una gota de sudor frío le recorrió la nuca. «Trágame tierra, mándame un rayo, haz lo que sea, por favor», rezaba desesperado en su interior, queriendo desaparecer de la faz de la tierra mientras toda su familia procesaba exactamente qué diablos significaba ese apodo en la boca de su hijo.
La tensión en el comedor familiar era tan espesa que parecía que el aire se había vuelto sólido. Nadie se atrevía a respirar. El papá de Loki seguía con el salero en el aire, con los ojos fijos entre Hugo y su hijo, procesando la escena con la mirada de un hombre que está a un segundo de perder la fe en la humanidad.
Y entonces, rompiendo el silencio sepulcral, se escuchó una carraspera divertida desde el otro extremo de la mesa.
Era Sofía, la prima menor de Loki, una chica de dieciséis años que tenía cero filtros, cero respeto por la dignidad ajena y un radar infalible para el chisme de alta gama. Había estado observando la escena con una sonrisa maquiavélica, sosteniendo su vaso de refresco como si fuera un palco de cine.
-Disculpa, ¿vivito y coleando o te refieres al título nocturno, Hugo? -soltó Sofía sin ningún tipo de vergüenza, ladeando la cabeza con una inocencia fingida que dolía- Porque, oye, a las tres de la mañana yo escucho gritar ese apodo muy seguido desde el pasillo de su departamento en París, y te aseguro que mi tío no estaba de visita por allá.
El comedor entero estalló en un silencio todavía más profundo, si es que eso era humanamente posible.
El papá de Loki giró la cabeza tan rápido hacia su hijo que casi le da un tirón en el cuello. Los tíos abrieron los ojos como platos, y la abuela, que estaba sirviendo el puré, se detuvo con la cuchara suspendida en el aire, mirando a su nieto como si de repente le hubieran crecido dos cabezas.
Loki sintió que el calor le subía desde los pies hasta la punta de los cabellos. Sus orejas estaban tan rojas que parecían dos bombillas de Navidad. Quiso cavar un hoyo en el suelo con las manos limpias, desaparecer, evaporarse o morir allí mismo de un infarto fulminante.
-¡Cállate, maldita mocosa de mierda! ¡Estás inventando! ¡Todo es mentira! -estalló Loki a los gritos, cubriéndose la cara con ambas manos, completamente descompuesto y al borde de las lágrimas de pura vergüenza.
A su lado, ajeno al colapso nervioso y a la crisis existencial de su novio, Vivien Hugo frunció levemente el ceño, procesando el dato con la misma seriedad profesional que usaba para analizar una jugada táctica en la cancha.
-Estadísticamente es imposible que sea una mentira, Loki. Las variables de tiempo, tono de voz y frecuencia coinciden perfectamente con los registros de nuestras últimas semanas -apuntó Hugo con total honestidad, mirativa e impecable seriedad, dirigiéndose luego al papá de Loki con una reverencia educada-. Si le sirve de consuelo, suegro, en el aspecto doméstico y táctico del hogar, yo me encargo de que cumpla con todas sus responsabilidades.
El papá de Loki dejó caer lentamente el salero sobre la mesa, se frotó el puente de la nariz con dos dedos, suspiró profundamente y miró al cielo rogando paciencia divina.
-Dios mío... Trágame tierra... -balbuceó Loki, rindiéndose a su triste y humillante destino, mientras toda la familia comenzaba a reírse a carcajadas.
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★~Papi me das la sal 🧂~★-Hugoloki-
FanfictionVivien Hugo es un estratega implacable en la cancha, un genio en París y, según los trágicos cálculos de la cena navideña, el "papi" oficial de Julien Loki a las tres de la mañana. Cuando una reunión familiar termina exponiendo su íntima y caótica r...
