🪻Mi cumpleaños🪻

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Mudarse a la gran ciudad no fue fácil.

Al principio, Duxo creyó que viviría para toda su vida junto a su madre o que, incluso, construiría su propia casa al lado de la de ella.

Pero no.

Su mamá se había cansado de estar angustiada por él. Exhausta de verlo llegar tarde de la universidad debido a que vivían en una zona urbana. Cansada de tener que dividir las cuentas de la casa.

Así que sí, ella lo echó de una simple patada en el trasero diciéndole que:

"Es hora de que abras tus alas y despegues del nido, corazón. Mami no es eterna, ¡así que crece!"

Y creció.

Con miedo, pero lo hizo.

Tuvo tropiezos y en más de una ocasión tuvo que dormir en los lugares más baratos que encontró, como un motel. Pero finalmente había logrado lo que cualquiera no logra tan joven, comprarse un departamento.

Le bastaron dos años adaptarse a su nuevo hogar.

Su departamento no era algo majestuoso o una especie de palacio, pero tenía lo básico.

Un pequeño baño para orinar arrinconado por el lavamanos y justo al lado un pequeño cuadrado donde debía de bañarse con esa regadera de agua helada, un espejo roto y la puerta sin seguro.

Un comedor-cocina con un horno que consumía toda su luz, un microondas que, de tanta vejez, ya no funcionaba, un sofá individual, una mesa redonda y con astillas, una silla de madera con una almohada dura encima (qué elegante) y ya. No tenía televisión.

Y finalmente su cuarto.

En esa habitación entraban su cama solitaria, un escritorio y un closet para su ropita.

¿Y ventanas? Solo había dos. Una en su recamara y otra en la cocina. El baño tenía una pequeña ventila para escupir el vapor de la ducha (el cual era inexistente debido a que siempre se bañaba en hielo).

¡Suficiente! ¡Ya suficiente había hablado sobre su departamento!

Era hora de que hablara sobre si mismo.

Se mudó a la ciudad con el objetivo de estar más cerca de su lugar de estudio, de ahorrarse un par de soles para el bus y el tren y aprender a vivir sin su madre (en un principio).

Hizo amigos, bastantes, de hecho.

Pero los que más destacaban eran Locochon, aquél payaso del curso que quería dar risa y solo daba lástima, Mictia, la única mujer con la que se llevaba milagrosamente bien y parecía que no había un interés amoroso entre ellos, y Soaring, un gay que no dejaba de molestarlo (aunque, sorprendentemente, tenía novia).

Eran un gran grupo, en serio. Lograban hacerlo reír a pesar de su propia amargura en la mayoría de ocasiones.

Pero, sin dudas, el mejor de todos sería aquél chico que no conoció en la universidad.

Aquino.

Aquél muchacho al cual conocía desde los 16 y a quien consideraba su mejor amigo, aquél con el que había hecho barbaridad de travesuras en la juventud y con el que solía cruzarse hoy en día en las clases de voley (Una actividad extra del sitio en la cual habían acordado ambos anotarse solo para verse más seguido).

To my dear best friendStories to obsess over. Discover now