Un quejido ahogado ocasionó que entreabriera los ojos.
En la densa bruma de la oscuridad, pestañeó varias veces, tratando de enfocar su mirada en el techo mientras el rítmico e inconfundible roce de las sábanas de la cama contigua invadía la habitación.
Se movió incómodo, bufando con fastidio mientras trataba de girar sobre sí mismo para encarar el ruido que le arruinaba el descanso.
-¿Enzo? -preguntó con la voz rota por el sueño, al tiempo que estiraba la mano con brusquedad hacia la mesa de luz.
Al encender la lámpara, el destello repentino lo encandiló por un momento.
Con marcada irritación, se frotó los párpados con el dorso de la mano, intentando acostumbrar la vista.
Al enfocar, lo vio:
Enzo estaba completamente ajeno a su queja, con el torso desnudo, la respiración errática y una mano moviéndose con un ritmo frenético e implacable bajo las sábanas, completamente encendido y mirándolo fijamente con ojos oscuros, llenos de una lujuria desafiante.
-¡¿Es en serio?! -masculló Julián, sintiendo cómo la incomodidad se transformaba en una rabia sorda-. Carajo!!!. Que porquería.
Sin esperar una respuesta, se dio la vuelta, dándole la espalda de forma violenta.
Cubrió su cabeza y se hundió en la almohada intentaba bloquear los jadeos ajenos, con el cuerpo tenso por la furia de saberse atrapado una vez más en los retorcidos juegos de su compañero.
-Juli, dame una mano... -pidió Enzo desde la otra cama, con la voz rota y pastosa, cargada de una urgencia densa que llenó el espacio.
Apretó los dientes debajo de la sábana, sintiendo cómo la indignación le recorría la espina dorsal.
-Tenés dos, no me vengas a joder -respondió cortante, intentando mantener la distancia sin moverse.
-Daleee... -estiró las palabras Fernández, soltando un bufido de frustración mientras el ritmo de sus movimientos bajo la manta se volvía más errático y desesperado-. Por esta, ¡mierda! ¡shh! ¡ahh!, no puedo...
Las palabras entrecortadas y el jadeo pesado que siguió no ayudaron en absoluto a calmar los ánimos.
El aire en la habitación se volvió irrespirable.
Sintiendo que la paciencia se le había agotado por completo, estiró la mano esta vez en busca de su teléfono.
La pantalla se encendió, iluminando su rostro cansado.
Una y treinta y cinco de la mañana.
Abrió los ojos de par en par.
La falta de sueño y el descaro evidente le encendieron la sangre.
Salió de su escondite, tirando la sábana a un lado de un manotazo, y lo encaró con la respiración agitada por la furia.
-¡Mirá la hora que es! -señaló con brusquedad, estampando prácticamente la pantalla brillante frente a la cara de su compañero-. ¡No podés estar de pajero a esta maldita hora!
-No tuve tiempo...
El acusado contestó con todo el descaro marcado en su rostro.
La sonrisa de suficiencia que curvó sus labios y la lenta mordida que le dio al inferior le dejaron en claro que no pensaba dejar su "tarea" sin terminar.
Y la furia de Álvarez parecía alimentarlo.
Con un movimiento fluido, Enzo sacó su mano libre de abajo de las sábanas y la estiró hacia él, buscando atraparlo, tentándolo a romper la distancia.
-Si tú me ayudás, termino rápido -le propuso con la voz ronca.
Retrocediendo un paso de inmediato.
-No estoy para eso -sentenció, plantándose a un metro de distancia, con los brazos cruzados como un escudo inútil.
-Bien, entonces ocupá la boca.
La mirada de sanmartinense se oscureció por completo, perdiendo cualquier rastro de la complicidad que alguna vez compartieron en la juventud.
Julián sintió un frío helado recorrerle el pecho y siguió negando con la cabeza, dando un paso inútil.
El espacio en la habitación parecía reducirse con cada segundo.
-No te lo estoy pidiendo, Julián -soltó Enzo con una tranquilidad que asustaba, arrastrando las palabras.
-Te estoy diciendo que no -insistió el cordobés, aunque su propia voz le sonó débil, traicionera.
-Estoy siendo amable -declaró Fernández, pasándose la mano libre por el pelo corto, exasperado por la resistencia-. Si no querés jalármela, te agachás y me la chupás, o voy a terminar en tu puto culo y te aseguro que no será una sola ronda.
Las palabras vulgares y mordaces golpearon ego de Julián, como un puñetazo en el estómago.
Respiró hondo, cerrando los ojos.
No quería hacerlo.
Estaba exhausto, física y mentalmente. La presión del partido decisivo de octavos de final contra Egipto, programado para disputarse en Atlanta en apenas unas horas, lo carcomía por dentro.
Necesitaba dormir, necesitaba enfocar la cabeza en la cancha. No podía ceder en este momento.
No debía. No...
Pero su compañero de habitación lo miraba con la certeza absoluta de que conocia la debilidad de su presa.
Sabía perfectamente que Julián cargaba con el remordimiento de haber quebrado la amistad aquella noche, y usaba ese error como una correa invisible para someterlo.
Alvarez era conciente que lo que sucedería en aquellas cuatro paredes, estaba completamente mal, pero la mirada fija y dominante le recordo que él ya no tenía voz ni voto.
Dirigió nuevamente su mirada al techo, como si suplicara que un ser divino viniese por él.
No hubo milagro.
Soltó un suspiro resignado y, mientras sus ojos se humedecían por la impotencia, acortó la distancia que lo separaba del desastre.
Se inclinó hacia adelante y estiró la mano para retirar la sábana que cubría la obscenidad a la cual debía rendirle pleitesía.
"Minutos...., solo minutos"
Se repitió a sí mismo como un mantra.
Solo tenía que cumplir y Enzo lo dejaría dormir.
Sin embargo, una mano firme y cargada de una fuerza brusca lo detuvo al instante, atrapándolo por la muñeca antes de que pudiera tocarlo.
-¿Qué? -preguntó Julián, con la respiración entrecortada y los ojos fijos en el agarre.
Enzo lo miró con una sonrisa de suficiencia, mostrando los dientes en un gesto que heló la sangre del cordobés.
Sin darle tiempo a reaccionar, tiró de su muñeca con violencia y lo jaló hacia la cama, obligándolo a caer pesadamente sobre el colchón, desarmando cualquier rastro de su postura defensiva.
Deslizó la mano hacia sus labios y los delineo con la punta de los dedos, para luego, con una mirada cargada de deseo, chocó sus labios contra los del cordobés de manera firme y húmeda.
Sin pedir permiso, introdujo su lengua con una presión implacable, forzándolo a entreabrir la boca.
Intentó apartarlo apoyando las palmas contra los hombros desnudos de Fernández en un débil impulso de supervivencia. Pero en cuanto los labios ajenos atraparon su lengua con una succión profunda, caliente y demandante, la culpa y la resistencia se disolvieron.
Perdiendo por completo la razon, sus manos abandonaron su labor, para luego enredarse con desespero en el cuero cabelludo de su atacante.
Apretó los puños entre los mechones cortos y comenzó a tirar de él para acercarlo más, pegándolo a su propio cuerpo con una urgencia que ya no podía camuflar.
Quería más.
Necesitaba mucho más..
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Amarillo (Enzo & Julián)
FanfictionAntes de cumplir la mayoría de edad y enceguecidos por la arrogancia juvenil, Julián Álvarez y Enzo Fernández decidieron probar su hombría frente a sus compañeros de cancha en una noche de excesos y descontrol con el alcohol. Pero la bruma de esa m...
