Lisa se refugió detrás de una columna de metal frío, intentando controlar el temblor de sus manos. El aire del concierto era una mezcla asfixiante de humo, sudor y el bajo atronador de la música que le golpeaba las sienes. Llevaba veinte minutos en el punto de encuentro, un lugar cercano a la barra que Dalmira había elegido con precisión.
Veinte minutos que se habían sentido como una eternidad.
No paraba de arreglarse el pelo castaño, largo y ondulado, que la humedad de la noche empezaba a encrespar. Cada dos segundos miraba la pantalla de su móvil, aunque sabía perfectamente que Dalmira no le escribiría, ella ya estaba allí, o al menos, eso le había dicho en el último mensaje críptico: "Ya llegué. Búscame, Lis"
Habían sido meses de chats infinitos, de mensajes ardientes, videos y fotos donde Dalmira le había enseñado, palabra a palabra, el significado de la sumisión.
Habían construido un mundo entero en la distancia, pero nada, absolutamente nada, la había preparado para la realidad de ese primer encuentro. Y ahí estaba, buscándola con la mirada entre múltiples personas.
Lisa estaba a flor de piel. Necesitaba tocarse la oreja izquierda exactamente tres veces antes de que Dalmira apareciera, o algo terrible pasaría. Empezó a contar, nerviosa: "Uno, dos...".
De repente, el mar de gente se abrió a su derecha y el mundo se detuvo.
Sucedió en cámara lenta. Lisa alzó la vista y vio cómo la multitud se difuminaba en un borrón de colores y movimiento. Dalmira estaba allí.
La luz de los focos del escenario le daba de lleno en el pelo. Una melena rubia, corta y perfecta, con esos mechones morados que Lisa tantas veces había visto en foto pero que, en persona, tenían una intensidad y belleza abrumadora.
Dalmira avanzaba con seguridad, abriéndose paso sin mirar atrás, con una elegancia que contrastaba con el caos a su alrededor.
Vestía de negro, marcando cada curva de su cuerpo con una autoridad silenciosa. Sus ojos, oscuros y afilados, barrían el lugar yendo directo a su objetivo.
Lisa contuvo la respiración. Se sintió pequeña, desnuda ante esa mirada que parecía leer hasta el último de sus pensamientos, incluso los más oscuros y rebeldes.
Dalmira era real. Más hermosa de lo que imaginó o vio en fotos, y sí que experimentó el verdadero miedo de tocarla o ser tocada por ella.
El fuego que ardía entre ellas a través de una pantalla estaba a punto de consumirla en persona.
Cuando sus miradas se cruzaron, el tiempo se congeló. El ruido ensordecedor del concierto desapareció, reemplazado por el latido furioso del corazón de Lisa.
Dalmira esbozó una media sonrisa lenta, una mezcla de posesión y satisfacción, levantó una ceja rubia, como diciendo: "Aquí estoy ¿Lista chiquita?"
Lisa intentó dar un paso hacia ella, pero sus piernas no le respondieron. Ese primer encuentro, real y crudo, prometía una tormenta de placer y dolor.
Dalmira avanzó por fin esos últimos metros que las separaban, acelerando el corazón de Lisa la cuál juraría que iba a morir en ese instante. El mundo a su alrededor seguía girando, pero para ellas dos el tiempo se había detenido por completo.
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Meetings at all
PoetrySumisión construida a distancia, se reduce a cenizas la noche en que Lisa cruza la mirada con Dalmira. Un humo prohibido, la obediencia y el deseo. Jugar con fuego con Dalmira no es una opción, no es un juego. Una historia donde Lisa aprende a ren...
