Güera

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Samantha, o "Rivers" para los pocos que la conocían, tenía dos trabajos: arreglar coches durante el día y pelear por dinero durante la noche.

No tenía una vida fácil. Vivía con su mamá y su hermana menor, Verónica, a quien ella llamaba Veve. El dinero nunca alcanzaba y Rivers estaba acostumbrada a resolver todo a golpes, literalmente.

—¿Otra pelea hoy? —preguntó Veve desde la puerta del taller.

—ocupamos pagar la luz.

—También te necesitamos a ti, Sam.

Rivers no respondió y solo miró el auto que reparaba.

Al otro lado de la ciudad, Abril Garza tenía exactamente el problema contrario.

Era heredera de una de las familias más ricas de la ciudad y estaba cansada de que su padre decidiera absolutamente todo por ella.

—No voy a ir a esa cena —dijo Ari.

—No te estoy preguntando —respondió Abelardo.

Ari tomó las llaves de su coche y salió de la casa.

Quizá por eso, cuando unas horas después su coche se quedó tirado en medio de la calle, decidió no llamar a su chofer.

Terminó frente a un pequeño taller.

Entró.

—¿Hay alguien? —habló Abril con voz fuerte.

—Si sigues gritando, chance y se te aparece alguien.

Ari volteó.

Una mujer salió de debajo de una camioneta, con las manos llenas de grasa y una herida reciente en la ceja.

—¿Qué le pasó? —preguntó Rivers.

—No sé.

Sam levantó una ceja.

—¿Y esperas que yo sepa?

—Por eso vine a un taller.

—Ah, mira. Sí eres lista.

Ari la miró con fastidio.

—¿Siempre eres así de grosera?

Rivers sonrió.

—¿Siempre eres así de rica?

—¿Me vas a atender o no? —preguntó Abril mientras se cruzaba de brazos.

—Ya voy pues, a revisarlo.

Rivers dejó la herramienta que tenía en la mano, caminó hasta el coche y abrió el cofre. Se quedó unos segundos revisándolo hasta que frunció el ceño.

—A ver, güera... tienes la batería ya bien jodida, el alternador está dando voltaje irregular, las terminales están sulfatadas, una de las bandas ya está toda cuarteada, el tensor está haciendo un ruidito que no debería hacer, traes una fuga pequeña de aceite por la junta de la tapa de válvulas y el sistema de refrigeración está trabajando con una presión que no me gusta nada. Ahh, y el filtro de aire está más cochino que mi conciencia.

Ari parpadeó sin entender absolutamente nada.

—...¿Qué?

—Que tu carro está pidiendo a gritos que ya lo jubiles —Samantha miró el auto e hizo un chasquido con la lengua—. No sé cómo lo traes así, este carro es del año.

—Bueno, y sobre arreglarlo... ¿eso cuánto me va a costar?

Rivers cerró el cofre y sonrió.

—¿Quieres la respuesta bonita o la verdad?

Guantes y gasolina-AU RivariHistórias para pegar e não largar. Descubra agora