El 25 de junio de 2009, la luz azulada del televisor iluminaba la penumbra de la habitación de Ali.
Con apenas 20 años, la joven de piel clara y cabello corto y rubio descansaba en su cama cuando la programación habitual se cortó de golpe para dar paso a un boletín urgente.
Interrumpimos nuestra transmisión con una noticia de última hora que conmociona al planeta entero. ...
Confirmamos que Michael Jackson,
el indiscutible Rey del Pop, ha fallecido hoy a los 50 años en Los Ángeles tras sufrir un paro cardíaco.
Miles de fanáticos se agolpan a las puertas del hospital en un luto indescriptible...»
Ali se llevó las manos a la boca, paralizada. Una lágrima solitaria corrió por su mejilla mientras el dolor le oprimía el pecho.
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Nunca había tenido el dinero ni la oportunidad de ir a uno de sus conciertos, pero su música había sido el refugio de toda su vida.
No puede ser... se me fue mi ídolo -susurró con la voz quebrada.
El silencio de la habitación se volvió pesado, roto solo por el murmullo lejano de la televisión.
Ali se abrazó las piernas, sintiendo un vacío enorme en el pecho,
..
sin sospechar que en el plano celestial algo extraordinario estaba por ocurrir y que ella sería la única persona en todo el planeta capaz de presenciarlo.
Sola en la penumbra de su habitación, con el murmullo de la televisión transmitiendo la tragedia, Ali se dejó caer de rodillas junto a la cama.
Se sentía completamente ridícula.
Sabía que era absurdo, que miles de millones de personas en el planeta estaban llorando la misma pérdida, pero dentro de ella había algo visceral,
un impulso desesperado que no respondía a la lógica.
Se apretó los brazos, sintiendo la textura de su propia piel clara mientras la vergüenza y el dolor se mezclaban en su pecho.
Dios, qué ridícula soy...
Hablando sola en la oscuridad -murmuró Ali entre dientes, dejando escapar una risa amarga y ahogada por las lágrimas-.
Miles de personas lo amaban,
¿y yo estoy aquí como una loca creyendo que puedo cambiar algo?
Pero el sentimiento era tan denso que no pudo contenerlo. Cerró los ojos con fuerza, apretando los puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos bajo el cabello corto y rubio que le caía sobre la frente. Si la estupidez de hablarle a la nada era lo único que le quedaba, iba a llevarla hasta el límite.
-Si estás en algún lugar...
si hay algo más allá de todo esto, déjame verte -susurró, dejando que la desesperación moldeara cada palabra como un decreto absoluto-.
No me importa lo absurdo que sea.
No me importa nada.
Solo quiero saber que no te has ido del todo. Muéstrate. Muestra tu luz ante mí.
Al terminar de pronunciar esas palabras, la sensación de tontería desapareció de golpe, reemplazada por una sacudida electromagnética que le recorrió la espina dorsal.
Una calidez abrasadoramente intensa brotó desde el centro de su pecho, haciendo que la respiración se le cortara en la garganta.
La boca se le quedó seca, el corazón comenzó a martillarle contra las costillas a un ritmo frenético y los vellos de los brazos se le erizaron por completo.
Un olor intenso a lluvia y jazmín inundó el aire.
El silencio del cuarto se volvió absoluto, y el calor que empezó a invadir la estancia dejó de ser una simple emoción:
la realidad misma alrededor de Ali comenzaba a ceder.
