El fin del arte es transmitir un mensaje, compartir una historia, expresar emociones propias y ayudar a que otros las encuentren similares. El arte humano no tiene comparación ni semejanza. El artista se vuelve inmortal a través de su obra.
Yo también quiero dejar un legado. Ser recordado por mi arte. Tocar el corazón de la gente con lo que hago.
Sin embargo, hay tanta suerte y factores externos involucrados, que hacerse un lugar en la historia es tan difícil como desesperanzador. Mucho más cuando constantemente estás en la zona del "casi lo logro" o en otras palabras, haber nadado tanto para morir en la orilla.
El segundo lugar nunca es recordado. Es solo el primer lugar para los perdedores. Y es difícil, porque siempre hay alguien mejor. Entonces debes competir con miles de otros artistas, y contra ti mismo. Contra los pensamientos de no ser lo suficientemente bueno, de querer dejar todo tirado y dedicarse a algo más.
Si sigo en esto es porque he tenido el apoyo de mis amigos. Y algo muy en lo profundo de mi ser: el apego y cariño que tengo por una de mis creaciones. Lleva ya tanto tiempo conmigo que prácticamente es otra parte de mi.
Una parte que siempre está llena de esperanza. Una parte que constantemente he ilustrado como un soporte emocional gritándome que no me dé por vencido, aunque sea únicamente por no dejar de dibujarla.
Aunque es vergonzoso admitirlo, he proyectado muchos de mis ideales y gustos en esta creación, en este... personaje.
Para mi último proyecto de la universidad, he estado trabajando en una escultura de Rigel. Lo cual he encontrado sumamente difícil pues requiere de crear algo muy realista en comparación al material de referencia. Y Rigel siempre ha sido una personaje cuyo estilo es animado.
A lo largo de todos estos meses, he logrado darle una apariencia balanceada que conserva su aspecto animado junto a un tono cercano al realismo. Esto, más que nada porque sé que si no es así, no tomarán mi trabajo en serio y por ende terminaré con una mala nota.
Hoy, como en muchas otras ocasiones, me bloqueé mientras estaba con la escultura, asi que decidí despejar la cabeza un poco y en la tarde fui con mi grupo de amigos a una fiesta.
Usualmente no suelo salir a fiestas ya que me siento bastante fuera de lugar, y por mucho que mis amigos insisten en que allí conoceré a alguien para salir, no suele suceder nada más allá.
Si ven hacía algún sillón o balcón en el lugar, ahí estaré yo sentado haciéndome el ocupado en el celular hasta que termina la cuestión o mis amigos se aburren y nos vamos. Usualmente es la segunda opción, principalmente porque sus parejas no quieren tener que regresar a casa con alguien que apenas puede contar los dedos que lleva de frente.
En todo caso, allí estaba yo en el balcón tomando el fresco de la noche mientras los demás bailaban, aprovechando de pensar en cómo debería abordar la escultura cuando volviera a casa.
-No parece que estés muy a gusto aquí, eh...-Una chica se había sentado al otro lado, en el sillón de en frente-. Es la segunda vez que te veo... bueno, haciendo lo que sea que haces ahí parado.
La chica llevaba puesto un vestido color crema que parecía deliberadamente escogido para no mostrar mucho pero a su vez resaltar su figura lo justo. Su cabello casi hasta los hombros, cuyo color en la oscuridad del balcón era difícil de distinguir, tenía un matiz oscuro de turquesa y negro azabache.
-Vine a acompañar a unos amigos-supuse que era una respuesta lo suficientemente honesta para dar. De reojo podía verlos mirando en mi dirección, riendo y hablando entre ellos.
-Vaya, pues yo también vine con unas amigas-estoy bastante seguro de que lo dijo mientras las señalaba con el mentón, pero preferí no mirar en esa dirección.
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Historia 3: Galatea.
FantasíaUna versión reimaginada del mito griego. Mismos personajes, diferentes situaciones.
