El recreo del mediodía había llegado con el mismo calor pegajoso de siempre. El patio de la Preparatoria Taiju bullía de voces, de risas forzadas y del olor a comida que se escapaba de las bolsas de bento. Draken estaba sentado en su lugar habitual, en el escalón más alto de las gradas del gimnasio, con la espalda apoyada contra la barandilla de metal. A su alrededor, el grupo hablaba de tonterías: un examen que se acercaba, una pelea que había ocurrido el fin de semana en otro barrio, el nuevo juego de arcade que acababa de llegar al centro comercial. Takemichi gesticulaba con las manos mientras contaba algo exagerado. Kazutora se reía. Mitsuya escuchaba en silencio, como siempre.
Pero Draken no oía nada.
Sus ojos estaban fijos en un punto lejano del patio, debajo del árbol grande, donde un banco de madera se había convertido en el único refugio de un chico de cabello rubio. Mikey estaba allí otra vez. Tenía una caja de pastelitos abierta sobre las rodillas y comía con esa misma lentitud cuidadosa de siempre, como si cada bocado fuera algo que debía proteger. La luz del sol le daba de lleno en la cara y resaltaba el moretón casi invisible que todavía tenía en la mejilla izquierda. Cada tanto levantaba la vista, miraba a su alrededor con una mezcla de miedo y resignación, y volvía a bajar la cabeza.
Draken apretó la mandíbula.
-...y entonces el tipo se cayó de culo -decía Takemichi, riéndose-. ¿No, Draken? ¿Te acuerdas?
Draken no contestó.
-Oye.
Una mano le dio un golpe seco en el hombro. Draken parpadeó y giró la cabeza. Baji Keisuke estaba sentado a su lado, con las piernas abiertas y una expresión de pura molestia. El cabello largo le caía sobre un ojo y la cicatriz de la ceja se veía más marcada bajo la luz del mediodía.
-¿Qué mierda te pasa? -preguntó Baji, sin rodeos-. Llevas tres días mirando al vacío como si te hubieran golpeado en la cabeza. Y no es por el examen de matemáticas, porque a ti te vale verga esa mierda.
Draken soltó un suspiro por la nariz y apartó la vista.
-Nada.
-Mentira.
Baji no era de los que se conformaban con respuestas cortas. Se inclinó un poco hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas, y lo miró de reojo con esa intensidad que solo él sabía usar.
-Estás ido, Ken. Completamente ido. Ayer en clase de historia ni siquiera te enteraste cuando el profesor te preguntó algo. Hoy llegaste tarde al entrenamiento y casi le rompes el brazo a Chifuyu de puro despiste. Así que habla. ¿Qué te tiene así?
Draken se pasó una mano por la nuca. El tatuaje del dragón le picaba, como si la piel misma estuviera inquieta. Durante unos segundos no dijo nada. Solo miró otra vez hacia el banco del árbol. Mikey se estaba limpiando los dedos con una servilleta, con esa misma delicadeza absurda que contrastaba tanto con el mundo rudo que los rodeaba.
Baji siguió su mirada.
-Ah -murmuró, y en su voz había una mezcla de comprensión y algo más oscuro-. Ese chico del banco. El de cabello rubio.
Draken no negó nada. No tenía sentido.
-Manjiro Sano -dijo al fin, con la voz baja-. De primer año. El que llega siempre con algo dulce.
Baji frunció ligeramente el ceño, como si estuviera buscando el recuerdo.
-Lo he visto un par de veces de lejos. Siempre come solo ahí abajo de ese árbol. ¿Qué pasa con él?
Draken cerró los ojos un segundo. Cuando los abrió, la frustración ya no cabía dentro de su pecho.
-Lo veo todos los días, Baji. Todos. Los empujones en los pasillos. Las burlas. Cómo le quitan la comida. Cómo se ríen cuando se le pone rojo el cuello. Ayer le dieron un golpe en el estómago cerca de las escaleras de emergencia. Y él... no hace nada. Solo se disculpa. Como si fuera culpa suya existir.
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🌷Más Allá Del Azúcar🌷
FanfictionEn el Instituto, Manjiro Sano, más conocido como "Mikey" carga con unos kilos de más gracias a su irresistible debilidad por los postres. Cada pastel, cada dulce, cada bocado de azúcar se convierte en el motivo perfecto para que sus compañeros se bu...
