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—¡Eres un maldito tramposo, Gutiérrez! —gritó molesto Armando, lanzando el control de la consola al sofá.
—Dude, no sabes perder y encima eres un chillón. Oh my God, eres un desastre —se burló el ojiazul, mirando a su mejor amigo con dramatismo.
—Ñiñiñi, cállate, perra —lloriqueó el castaño antes de propinarle un buen puñetazo en el hombro al contrario—. Si no me hubieras lanzado esa estúpida tortuga roja, hubiera llegado en primero.
—El hubiera no existe, mi cabrón —se burló nuevamente—. Solo admítelo, eres un manco.
—Lamento interrumpir su pelea matrimonial, pero la comida ya está lista —interrumpió Gilberto, el hermano menor de Armando, quien ya estaba completamente acostumbrado al show de ese par en la sala.
Así era su dinámica. Armando y Brian habían sido amigos inseparables casi desde el instante en que Gutiérrez puso un pie en México. Se conocieron en la fiesta de bodas de plata de la abuela del güero, a la que la familia González estuvo invitada. Ahí les presentaron a los parientes gringos, incluyendo a ese pequeño niño rubio que a duras penas sabía pronunciar tres palabras en un español súper mocho.
Un no sabo kid en toda la extensión de la palabra.
A partir de ese día nació una amistad un tanto extraña. A pesar de no poder comunicarse del todo bien, se cayeron increíble desde el segundo uno, se la pasaron jugando a lo que fuera y le rogaron a sus padres que intercambiaran números para seguir en contacto. Hablaban casi a diario por mensaje y video-llamada, adaptándose poco a poco al idioma del otro.
Luego de unos años de amistad a distancia, los padres de Brian decidieron enviarlo a México a cursar la preparatoria, ¿por qué? Pues nada más por sus huevos. Aquello terminó de consolidar su alianza con el mexicano, volviéndolos prácticamente uña y mugre.
—Ya vamos, Gil —contestó Armando, apoyando la mano en el suelo para hacer palanca y levantarse.
—By the way, hoy sí me tengo que ir a mi casa —dijo Brian, poniéndose de pie a su lado—. Llevo como dos días quedándome aquí contigo. Súper necesito ir por ropa limpia y lavar lo demás, literally me acabé todo lo que me traje.
—Mhm... mejor dime que me odias y que ya no quieres dormir de cucharita conmigo —se quejó Mando, haciéndole un puchero exagerado.
—No empieces de joto, amor —rio Brian, dándole un empujón cariñoso—. Pero for real tengo que ir por ropa. No mames, qué puto oso llegar a la prepa con la misma de hace dos días, no way.
—¿Brian, por qué hablas así si eres de Tampico?
El mencionado lo miró con la cara arrugada de pura confusión. ¿Ahora qué puta mamada se había inventado su mejor amigo?
—What the fuck? ¿De qué hablas?
—No me digas que no conoces a Valentina Ricarda, cawn —Brian negó con la cabeza, completamente perdido—. No mames. Mañana mismo te me regresas a la casa; te voy a meter de lleno al mundo del lore de Lucy Villarreal.
—Hell no, Mando —se quejó el ojiazul lanzando los brazos al aire—. La última puta vez me hiciste aventarme un documental de cuatro horas sobre el lore de lolcows en internet. That was awful, quedé traumado.
—Pobre perro, no tienes cultura.
—Y no la quiero tener, gracias.
Entre empujones y risas caminaron hacia el comedor, donde ya se encontraban los padres de Armando y su hermano esperándolos.
—Siéntense, chicos —los saludó la madre del castaño con una sonrisa cálida—. En un momento les traen sus platos. Si se quedan con hambre, pidan más con toda la confianza del mundo.
—Thank you so much, tía —respondió Brian con su mejor cara de niño bueno, cambiando el chip al instante.
En cuestión de segundos, la señora de la cocina llegó con dos platos humeantes de guisado casero, dejándolos justo frente a Armando y Brian.
—Que lo disfruten, muchachos.
—Muchas gracias, Doña Amy —agradecieron ambos al unísono, desenvainando los cubiertos como si llevaran días sin comer.
—Hijo, acuérdate de masticar, no te vayas a atragantar como ayer —comentó el papá de Armando sin despegar la vista del periódico, provocando que Gilberto soltara una risita burlona.
—Fue culpa de Brian, papá, me hizo reír —se excusó Mando con la boca a medio llenar.
—Bro, come on! Échame la culpa a mí de que no sepas tragar —respondió Brian, dándole un rodillazo por debajo de la mesa mientras le daba un mordisco a una tortilla—. Tío, don't believe him, no le crea ni el saludo, si hasta le tuve que hacer la maniobra de Heimlich con el puro susto.
—¡Mentira! Si lo único que hiciste fue grabarme con el celular mientras me ahogaba con un pedazo de chicharrón, infeliz.
—I had to, tenía que documentar tus últimos momentos para el recuerdo, rey. You're welcome.
La comida continuó entre risas, más peleas absurdas y anécdotas de las cosas que les habían pasado en la escuela, tanto a ellos que ya estaban en el último semestre de preparatoria como a Gilberto, quien apenas andaba sufriendo el primer semestre. Al terminar, Armando y Brian se levantaron de la mesa, no sin antes despedirse de la familia González, el güero agradeció infinitamente por todas las atenciones y el alimento de los últimos dos días.
—Nos vemos, bro —dijo Gutiérrez, tomando las llaves de su camioneta mientras salían hacia la puerta—. ¿Quieres que pase mañana por ti?
—Disimula que me amas y que me quieres ver antes que a nadie, amor —se burló Armando—. Es broma, sí quiero que pases por mí, sabes que odio manejar en la mañana, puta hueva.
—Yeah, whatever, como digas —Brian terminó por salir a la banqueta y se despidió a la distancia, haciendo un simple saludo con la mano.
—A ver, espérate, cabrón, ¿qué te pasa? —preguntó Armando indignado desde la entrada. ¿Dónde carajos estaba su pinche abrazo de despedida?—. No soy uno de tus culitos para que te vayas así como si nada más me hubieras cogido, eh. A mí me abrazas bien.
—Dude, seriously? Es menos joto decirme que te gustó, no mames.
—Brian... —sentenció el castaño, cruzándose de brazos y poniéndose serio con cara de berrinche.
El ojiazul rodó los ojos y soltó un largo suspiro, rindiéndose como siempre ante los caprichos de su mejor amigo. Dio unos pasos de vuelta, lo jaló de la cintura para pegarlo a él en un abrazo apretado y enterró la cara en su cuello por un par de segundos.
—¿Feliz, berrinchudo? Nos vemos, yi —mencionó al separarse, dándole un golpecito suave en la espalda—. Te quiero, tonto.
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Hola cawn, m vale madre q tenga un fanfic q no he actualizado, les voy a subir este x mis huevos y xq Armando metió su primer gol en Europa, ok.
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no homo, bro . brimiga
Fanfiction𐔌 ᥩྀི. ˔ ، ꒱ Armando y Brian son mejores amigos; de eso no hay absolutamente ninguna duda. Su dinámica es perfecta y cómoda... hasta que Cowell entra en escena. Decidido a conquistar a Armando, Cade empieza a desplegar todo su encanto para ganar...
