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El reloj de pared en la sala del departamento de Jackson marcaba las nueve de la noche con un tic-tac monótono que a Jimin le resultaba extrañamente desquiciante. Frente a él, las copas de cristal reflejaban la luz cálida de la lámpara colgante, llenas hasta la mitad con un vino tinto de cosecha cara que Jackson había abierto especialmente para la ocasión.

A la izquierda de Jimin, Jackson Wang reía con esa desenvoltura casi teatral que siempre lo caracterizaba. Tenía el brazo extendido sobre el respaldo del sofás, proyectando una seguridad magnética. A su lado, Jeon Jungkook escuchaba en silencio, girando suavemente su copa con la mano derecha. Jungkook llevaba una chaqueta de cuero negra y mantenía esa postura erguida y reservada que a Jimin le había parecido distante desde el primer día en que lo conoció.

Y finalmente estaba Sunoo, la pareja de Jungkook desde hacía poco más de un año. Sunoo permanecía sentado al otro extremo de la mesa, con las manos cruzadas sobre el regazo y una sonrisa tenue, casi imperceptible, que no llegaba a iluminarle los ojos.

—Dime que no estás hablando en serio, Jackson —dijo Jimin, intentando suavizar su tono para que no sonara como un reclamo directo, aunque el nudo en su estómago decía lo contrario.

Jackson soltó una leve carcajada y le dio un sorbo a su vino antes de inclinar su cuerpo hacia adelante, apoyando los codos sobre la mesa de madera.

—Hablo totalmente en serio, Jimin-ah —respondió Jackson, clavando su mirada en él con esa intensidad calculada que solía usarse para convencer a cualquiera—. Piénsalo un segundo. Llevamos tres años juntos. Nos queremos, nos conocemos de memoria, pero la rutina nos está comiendo vivos. ¿Cuándo fue la última vez que hicimos algo arriesgado?

—Esto no es arriesgado, Jackson, esto es absurdo —contestó Jimin, cruzándose de brazos. Miró a Jungkook buscando algún tipo de respaldo—. Jungkook, dile algo. Es tu amigo de la infancia, pero sabes que esto no tiene sentido.

Jungkook levantó la mirada. Sus ojos oscuros pasaron de Jackson a Jimin. Había una sombra de fatiga en su rostro, como si la energía arrolladora de Jackson también lo estuviera agotando a él.

—No sé, Jimin —respondió Jungkook con voz grave y pausada—. Jackson me lo comentó antes de venir, y al principio me pareció una locura. Pero... Sunoo cree que podría ser una buena idea.

Jimin giró la cabeza hacia Sunoo, sorprendido.

—¿Tú estás de acuerdo con esto, Sunoo?

Sunoo asintió despacio, dibujando una sonrisa suave que parecía perfectamente ensayada.

—Solo son dos meses, Jimin. Una especie de pausa estructurada. Un intercambio temporal. Si al terminar el plazo nos damos cuenta de que extrañamos a nuestras parejas originales, regresamos y listo. Sin rencores, sin reclamos y sin escenas de celos. Es un experimento social, nada más.

—Es una oportunidad para refrescar las cosas —intervino Jackson rápidamente, tomando la mano de Jimin sobre la mesa y dándole un apretón que pretendía ser afectuoso—. Míralo como un reto. Tú te mudas al departamento de Jungkook por ocho semanas. Sunoo se viene para acá conmigo. Nadie cruza fronteras que no deba cruzar a menos que ambas partes estén de acuerdo. Es una prueba de madurez.

Jimin sintió una presión sorda en el pecho. Miró la mano de Jackson sobre la suya. Durante tres años había confiado en él ciegamente.

Había aceptado sus horarios impredecibles, sus supuestos viajes de negocios repentinos y su constante necesidad de espacio, pensando que esa era simplemente la personalidad de un hombre ambicioso y libre. Negarse rotundamente en ese momento lo hacía sentir inseguro, como si fuera el único incapaz de estar a la "altura" de la mentalidad abierta que Jackson tanto pregonaba.

UN INTERCAMBIO DE MENTIRAS Stories to obsess over. Discover now