Las brisas del aire, impulsan a las mariposas a tomar un camino que los lleva siempre hacia las flores. Pero hay veces que las alas se rompen y llevan al insecto a una montaña de excremento.
Era el año 2020, en una pequeña ciudad, llamada "Sonnenblume" en alguna parte de los estados unidos, un joven carnero de cabello morado, un poco alto, lleva consigo una vestimenta casual, es un poco torpe además de ser autista. Su nombre, Jefferson Alexander Anderson, de 20 años, quien actualmente ha estado viviendo solo en los apartamentos de la calle "Cherry".
Siempre se encuentra deprimido, pero intenta ocultarlo de las demás personas y de su pareja. No es que no le guste mostrarse vulnerable, solamente no sabe cómo hacerlo. Nunca se permitió llorar o enojarse.
En su niñez y adolescencia, constantemente era rechazado, molestado y humillado por los demás, tanto chicos de su edad, como por los propios adultos. Todos lo tachaban de raro, nadie lo tocaba, y los pocos que lo hacían, solo era para golpearlo.
Llegó a tener amigos en la universidad, fueron pocos, pero no le importaba, pues sentía paz cuando interactuaba con ellos. Actualmente estan formando sus vidas, y nunca volvieron a saber nada más de Alex.
Todo ese dolor acumulado al pasar los años, se lo guardó hasta su adultez. La cara le quemaba, decía.
La vida para él, aún que no sea perfecta, está completamente "satisfecho", y aún estando deprimido, es feliz de cierto modo con lo que tiene y eso es algo que a palabras del joven, no cambiaría en lo absoluto.
Hasta que llegó el día 16 de septiembre.
En la mañana, había decidido ir a caminar un momento (igual aprovechó para comprar su comida). El aire lo despeinaba, pero eso era lo que menos le importaba en realidad. Ya no quería seguir llamando la atención. Pasó por un callejón, dónde yacía un vagabundo, sin un diente, sin una parte de su oreja de zorro, ropa blanca sucia, manchada con tierra, orines y mierda.
—Joven— Dijo el viejo—, regálame una monedita, no te pido más, solo eso.
Alex no supo cómo reaccionar en ese momento, quería ignorarlo y marcharse, pero también quería darle aún que sea una moneda.
—Lo siento, estoy apurado— se limitó a decir.
Alex siguió su camino. "No lo voltees a ver" se repetía múltiples veces.
—Puto mocoso— Gruñó el vago, arrojando una bolsa llena de basura en la espalda de Alex. El joven no reaccionó, no supo cómo lidiar con lo que acababa de pasar. Estaba enojado, y no quería demostrarlo. Inhaló y exhaló, siguiendo su camino.
El día pasó, y ya había llegado la noche.
Esa noche como cualquier otra, Alex se preparaba para dormir, usando una playera blanca levemente manchada de salsa de tomate y unos pans holgados de color rosa que su novia le había regalado en su cumpleaños. Se cepillo los dientes y se fue a la cama.
2:49 de la mañana, el chico ya dormía profundamente, acurrucado como un bebé. Dicho sueño se vería interrumpido al sentir una fuerte brisa de aire, acompañado de una leve risa aterradora. Alex, con la visión borrosa, producto del sueño, dirigía su mirada hacia el punto más oscuro de su habitación. No habia nadie por suerte, pero antes de nuevamente acostarse...
Algo lo llamó por su nombre.
Era una voz, muy parecida a la suya, con la única diferencia, de que sonaba demasiado rara. Alex pensaba que estaba dentro de un sueño o simplemente el despertar abruptamente lo hace escuchar cosas. Pero al pellizcar su propio brazo izquierdo para comprobar su teoría, notó que todo era tan real como el ardor del pellizco.
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Blind To The Truth
HorrorCuando una persona llega a su límite, tiende a cometer pecados que para ellos, ni yendo a la iglesia son irremediables. Está historia conocemos a Jefferson Alexander Anderson (o simplemente Alex) un joven carnero de cabello morado de 20 años, quien...
