Capítulo 1: la presentación de la cuarta escuela de magia

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El cielo de Lima amanecía cubierto de esa neblina gris que los limeños ya conocían de memoria, pero dentro de los muros ocultos de Yatiña Katari -la Escuela Superior de Magia y Sabiduría Ancestral del Perú- el ambiente era distinto. Yatiña Katari, que en la lengua antigua significaba "el conocimiento del Katari", se alzaba invisible a los ojos de cualquier persona sin sangre mágica, escondida entre los cerros que rodeaban la ciudad, protegida por siglos de tejido ancestral y magia heredada de los antiguos pueblos andinos y amazónicos.

Era ahí, entre patios de piedra tallada y aulas donde se enseñaba a los niños a escuchar la magia antes que a dominarla, donde esa mañana todos los alumnos habían sido convocados al patio central. Los profesores, vestidos con sus ponchos ceremoniales bordados con símbolos que representaban el sol, la serpiente y el cóndor, se colocaron al frente.

-Hoy -anunció la directora, con voz que resonó sin necesidad de alzarla- hemos recibido una noticia que no llegaba a esta escuela desde hace generaciones. Yatiña Katari ha sido invitada a participar en el Torneo de los Tres Magos, una competencia centenaria que se realiza en Europa entre las escuelas de magia más antiguas del mundo.

Un murmullo recorrió el patio. Nadie en esa escuela había escuchado hablar de semejante torneo, y menos aún había imaginado que su escuela, apartada del resto del mundo mágico occidental, pudiera ser considerada para participar.

-Se ha decidido -continuó la directora- que representantes de nuestras cuatro sedes: Lima, la Amazonía, Huancayo y esta, la sede final de Lima, sean seleccionados para conformar la delegación que viajará a Hogwarts.

Entre los nombres leídos esa mañana en la sede de Lima, uno resonó con una fuerza distinta para quien lo escuchó:

-Emilio Cárdenas Huamán.

El muchacho, que hasta ese momento se había mantenido en silencio al fondo del patio, sintió que algo se apretaba en su pecho al escuchar su nombre. No era miedo, tampoco era solamente emoción. Era una sensación extraña, como si una parte de él ya supiera que ese anuncio iba a cambiar algo mucho más grande de lo que alcanzaba a comprender.

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En la Amazonía, la selección se hizo bajo la sombra de los árboles centenarios que servían de aulas naturales para los estudiantes de esa sede, donde la magia se aprendía observando a los animales y escuchando el río. Allí también se leyeron nombres, y los elegidos recibieron la noticia entre gritos de alegría de sus compañeros y el sonido de los tambores que los mayores hicieron sonar en señal de celebración.

En Huancayo, la sede andina, la selección se hizo al pie de las montañas, con los seleccionados recibiendo un abrazo de sus maestros y una advertencia:

-Van a representar no solo a esta escuela, sino a la memoria de quienes nos enseñaron a respetar la magia antes de usarla.

Y finalmente, en la sede final de Lima, donde se reunían los mejores alumnos de las tres sedes anteriores en los últimos años de formación, se confirmó la lista definitiva de quienes cruzarían el océano rumbo a Europa. Emilio estaba entre ellos.

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Antes de partir, la tradición dictaba que todos los seleccionados de las cuatro sedes se reunieran una última vez en un lugar sagrado: Machu Picchu, cuna de la magia ancestral peruana, donde el Amaru Navega -la embarcación mágica que los llevaría cruzando el océano hasta Escocia- esperaba anclado entre la neblina de la montaña.

Fue un reencuentro que ninguno olvidaría. Los alumnos de las cuatro sedes, que normalmente solo se veían una vez al año durante las Olimpiadas Interescolares, corrieron unos hacia otros en cuanto se reconocieron entre la multitud. Hubo abrazos que duraron más de lo normal, gritos de "¡cuánto tiempo!", risas que se mezclaban con lágrimas de la emoción de verse de nuevo.

Libro I: Yatiña Katari: El Legado de los ApusHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora