A Ella...

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Escribo estas palabras como testimonio de mi última voluntad. Comenzaré por confesarte que la primera vez que contemplé tu creación me maraville de éxtasis frente a tal despliegue de belleza. Cada creación tuya lo es, pero esa en particular despertó en mi interior una forma de conexión que nunca experimente nuevamente. No así.

Tus planes,desde el más minúsculo, los acaté al pie de la letra con el fin de hacerte feliz. Sin saber el camino, sin tener una pregunta ni mucho menos esperar por una respuesta. Era una criatura plena hecha por y para el amor, corresponderte solo aumentaba ese hecho.

Hasta él.

Se presentó como el pecado en el edén. Su figura no fue lo que me paralizó en aquel muro hace tanto tiempo, fue su confianza en mí. No es, no suena tan fácil describirlo como pensé al iniciar esto; pero son tantos los momentos, las sensaciones que debo detenerme a levantar la cabeza de las páginas para contemplar el paisaje más allá de la ventana antes de continuar.

Como lo intento explicar, le rogué que me castigara por haberles entregado mi espada. Algo de lo que genuinamente no me arrepentiré jamás, sin embargo, en ese entonces el miedo me carcomía entero. Había fallado, mi amor por la humanidad superó mi lealtad hacia ti. Fue su sonrisa burlona la que me despojó un poco de esa nube negra y me permitió contemplar el mar, uno junto al otro.

Fue la primera vez que un error se convirtió en una acción desconsiderada. Un bien mayor. Y fue gracias a él.

No creí que lo tomarías en serio, ni que volverías a poner en duda mi fe. La de muchos.

El diluvio... Recordarlo aún me inquieta. Tantos niños inocentes, comprenderlo me llevo muchos años. Siglos, se vuelve complicado explicarme en términos de tiempo cuando nos creaste tan etéreos. Me he desviado, lo que quiero decir es que ese día cuando nos volvimos a encontrar, su presencia me calmó. No sabía cuántas veces logré volver a respirar recién sí estaba junto a mi. Su rostro ensombrecido por el paisaje, lo ví tornarse peor la vez frente a la cruz. Debo confesar que no hubo nada solemne en eso, él ... Solo diré que su silencio me perturbó más que nada.

No hizo preguntas, sólo contempló .

Nuestros caminos se toparon con frecuencia, para mi enorme curiosidad. Pues si, no solo me resultó peculiar desde el principio sino que había algo que quería comprender de él. Me llevó mucho más tiempo del que tuvimos... No importa ahora, por ahora, mejor dicho.

Nuestros caminos, como explicaba, volvieron a cruzarse y como en cada oportunidad, sus acciones desbarataron mis certezas. Mis formas.

Job. Sus hijos. La manera en que los mantuvo a salvo convirtiéndolos en tiernos animales. Fue... Amable. Dulce.

Me temo que debo levantar la mirada del papel nuevamente. La sonrisa tira de mis labios y siento que es algo que quiero explorar, dejar que suceda.

Espero que comprendas cuánto significa para mi. Los relatos ayudan, al menos conmigo lo logran.

Aún puedo saborear el vino de Roma. La mueca de fastidio ante mi pregunta terminó por hacerme caer en una tentación minima. Al menos esa vez. Desde allí, ese diablillo logró convencerme de aceptar sus invitaciones a cenar. Parecía estudiar los lugares antes de encontrarnos para acabar las discusiones con una simple frase: Angel, ¿vienes?. Resultaba... Encantador.

Sus métodos de convencimiento bien podrían haberme hecho desistir en algún momento de perpetuar su compañía, excepto que siempre — bien lo sabes— he tenido la costumbre de responder a mis deseos antes que a cualquier otra cosa. Nacen tan genuinos que para cuando me doy cuenta de lo que he hecho, me encuentro en una prisión francesa en plena revolución a la espera de un guillotinamiento.

ÉL ULTIMO JURAMENTO (GOOD OMENS)Stories to obsess over. Discover now