Capítulo 1

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El verano siempre había tenido la mala costumbre de hacerme creer que la vida podía quedarse quieta.

Quizá fueran las tardes interminables, las ventanas abiertas hasta la madrugada o esa sensación de que septiembre estaba demasiado lejos como para preocuparse por lo que vendría después.

Aquel verano, además, yo tenía motivos para estar tranquila.

Llevaba casi tres años con Daniel.

Tres años.

A esa edad, tres años podían parecer una eternidad.

Conocía su manera de reírse cuando algo le hacía verdadera gracia, la forma en que fruncía el ceño cuando estaba concentrado y hasta el pequeño movimiento que hacía con los dedos cuando conducía y estaba nervioso.

Sabía que odiaba el café demasiado caliente.

Que siempre dejaba el último trozo de pizza para mí aunque después fingiera que no lo quería.

Que cuando decía «me da igual» casi nunca le daba igual.

Y sabía que me quería.

Eso era lo importante.

-¿En qué piensas?

Levanté la mirada.

Daniel estaba conduciendo con una mano sobre el volante y la otra descansando junto al cambio de marchas.

-En nada.

-Mientes fatal.

Sonreí.

-Estaba pensando que llevamos tres horas de viaje y todavía no hemos discutido.

-Dame cinco minutos.

Solté una carcajada.

-Eres idiota.

-Tu idiota.

Me miró durante apenas un segundo antes de volver los ojos a la carretera.

Y sonreí.

Porque sí.

Era mi idiota.

Y yo estaba enamorada de él.

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La casa pertenecía a los abuelos de Daniel y estaba en un pequeño pueblo costero .

Era grande, antigua y demasiado llena de habitaciones.

También estaba demasiado llena de gente.

Tíos.

Primos.

Parejas.

Niños corriendo por el jardín.

Maletas amontonadas en el recibidor.

Música saliendo de algún altavoz que alguien había conectado sin preguntar.

Y olor a comida.

-Te advertí que iba a estar toda la familia. -dijo Daniel mientras sacaba nuestras maletas del coche.

-Me dijiste que serían unos cuantos.

-Son unos cuantos.

Miré hacia la casa.

En ese momento, alguien salió corriendo por la puerta perseguido por un niño que llevaba una pistola de agua.

-Daniel.

-Vale. Son muchos.

Me reí.

Él se acercó y me besó rápidamente en la frente.

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