Daylight

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Los tiempos han cambiado y ahora ser un omega no era signo de debilidad, pero para Armando González Alba, también conocido como la "Hormiga", ha sido difícil desde que supo su casta: era un omega. Desde pequeño soportó las ideas tan arcaicas de que los omegas eran los más débiles de la jerarquía social, que debían verse bonitos y deseables para sus alfas, que ellos eran los únicos encargados del hogar y del cuidado de los hijos. Pero Armando nunca fue un omega común; de hecho, pareció ser un beta o incluso un alfa. Cuando estaba en la secundaria e iba a los entrenamientos de fútbol, no levantó sospechas de su género debido a que usó supresores para ocultar su aroma natural a lavanda y ese rastro de café. Desde temprana edad descubrió que amaba jugar al fútbol y desde ahí recibió el apoyo de su familia; sin embargo, le recalcaron que siempre fuera cuidadoso con las cuestiones de ser un omega, así que siguió sus indicaciones, no quiso preocuparlos. Solo que no contaba con que algo pronto cambiaría: el Mundial 2026. Fue convocado a ser uno de los jugadores que representarían a México, por lo que desde hace semanas está enfocado en entrenamientos constantes con sus compañeros de equipo. Revisó su calendario y todo estaba en orden; su celo sucedería unos días más adelante. Esa mañana despertó, fue a darse un baño, se colocó su uniforme de entrenamiento y se dirigió a las canchas de fútbol, donde la mayoría ya se encontraba ahí. Algunos trotaron como calentamiento, otros realizaron pases y unos más allá, en la zona de portería, practicaron tiros a gol con ayuda de los porteros del equipo. Sonrió entusiasmado; estaba a punto de ir a unirse con el resto cuando escuchó que alguien le habló y volteó. No era nadie más ni nadie menos que Israel Reyes, un alfa y defensa del equipo de América, quien fue acercándose.

—Buenos días, Hormi, ¿cómo descansaste?

—Muy bien, ¿y tú, Isra? —preguntó con una sonrisa.

—Dormí lo suficiente y me alegro de que hayas podido descansar. ¿Quieres que seamos compañeros de entrenamiento otra vez?

—Muchas gracias y sí, por favor, volvamos a jugar juntos.

De ese modo, Israel y Armando hicieron una amistad genuina durante el campo de concentración; la rivalidad entre sus equipos perteneció a los partidos, pero no tuvo nada en contra de Israel. ¿Quién podría tenerlo? No lo diría en voz alta; sin embargo, era todo lo que las personas desearon encontrar en un alfa: amable, atento, cariñoso, romántico, sin olvidar lo atractivo, sus habilidades tanto para jugar fútbol y su hermosa voz cada vez que contó con la oportunidad de escucharlo. Sí, tal vez está en un problema porque se sintió atraído por Israel; no obstante, sería peor alejarse... no podría hacer eso.

Todos continuaron con sus entrenamientos correspondientes y ya a la hora del almuerzo fueron al comedor para desayunar y almorzar. Armando tomó asiento y a su lado estuvieron Brian Gutiérrez y Mateo Chávez, sus dos mejores amigos. Sonrió por la forma en que se llevaron los dos, mientras disfrutó de su comida y sus mejillas lucieron rellenas al comer. Al terminar de comer, satisfecho, acomodó su bandeja en el lugar indicado.

—Buenos días y gracias por la comida —dijo a la señora encargada de la cafetería.

—Buenos días, hijo, y de nada, todo un gusto atenderlos —respondió con una sonrisa la mujer.

Armando salió de la cafetería; tal vez iría a andar de curiosos por los alrededores, podría entrenar un rato a solas o ir al gimnasio, incluso aprovechar el tiempo para relajarse y ver algunos animes. Sí, ese plan sonó demasiado tentador. Solo que sudó frío al percatarse de que comenzó a sentirse distinto de lo normal. Al apresurarse, fue al baño y revisó... todo en orden hasta que le quedó claro que su cuerpo le intentó decir que su celo se había adelantado. Mordió su labio inferior y le envió mensaje a su compañero de habitación, quien era Mati, su mejor amigo, para que no entrara en los siguientes días al cuarto. Era una medida de precaución. Enseguida, fue a la habitación, se encargó de conseguir ropa con la que pudiera formar su nido, guardó comida, bocadillos y botellas de agua en una mochila y no dudó en dirigirse al área de aislamiento. Por suerte, crearon ese lugar para este tipo de emergencias.

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