capítulo 2

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Los años habían pasado y aquella húmeda cabaña fue lo único que conoció el pobre chico albino

Los primeros días lloró como nunca, rogando, suplicando y haciendo de todo para intentar salir de allí

Al no conseguir nada simplemente se resignó y creyó que ahí pasaría el resto de sus días

Pero, como sobrevivió sin comida? Pues no fue exactamente así

Diariamente diversas frutas o alimentos sólidos caían del techo de aquella cabaña

La primera vez que sucedió un pan cayó al lado del albino horas después de ser abandonado y la luz del sol ya iluminando la oscura habitación

Al ver el pan corrió hacia él y lo devoró en cuestión de segundos antes de comenzar a gritar

Si había caído un pan, es porque alguien lo había lanzado

Y si alguien lo había lanzado, significaba que alguien sabía que estaba allí y lo alimentaba

Así que gritó con todas sus fuerzas, esperando que alguien respondiera a sus súplicas

Pasó una

Dos

Tres

Cuatro veces, y en ninguna alguien le respondió

Pasaron tantos intentos que simplemente dejó de contar

Dejó de esperar un milagro

Y dejó atrás la esperanza de salir de allí

Al menos.....durante los primeros años

Todo el tiempo creyó que había hecho algo malo, que se había portado mal y estaba siendo castigado

Pero, un castigo a un niño debería ser tan brutal como aislarlo?

Para su pequeña mente (y para cualquiera al que le plantearan la situación) no.

Por lo que al cumplir 8 años finalmente tomó una decisión, una decisión que lo llevaría a encontrarse con cierta diosa pervertida y que cambiaría por completo su vida

-Porque tenemos que hacer esto todos los días? -Preguntó un aldeano caminando con una bolsa de panes en la mano- Deberíamos simplemente dejarlo allí, no es nuestra responsabilidad

-Facil para ti cuestionarlo, tú no tuviste a esa mujer aterradora frente a ti amenazando tu vida

-Creo que exageras, no Será solo tu miedo a las mujeres?

-Yo no le tengo miedo a las mujeres

-Pero si- Oye que eso eso?

El aldeano que lo acompañaba levantó su mirada a donde su amigo señalaba

En la cabaña, más especificamente en la única ventana que tenía ese pequeño montón de madera destartalada estaba completamente rota y los vidrios esparcidos por el suelo

La habían roto desde adentro

-......

-......Nos van a matar

Mientras tanto a varios kilómetros de allí el niño albino caminaba con bastante calma, extrañaba el exterior y se notaba en como acariciaba la maleza en el camino

Luego de mucho tiempo por fin estaba libre de aquel lúgubre sitio

Y aprovecharía hasta el último momento

-Una, dos, tres, cuatro...me falta una

No muy lejos de la ubicación del albino una pequeña chica elfa recogía flores para su madre

RenegadosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora