CAPÍTULO 1

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Antes de empezar sólo quiero decir que soy nueva escribiendo.
Esta historia ya la tenía guardada sólo me faltaba valor para subirla jaja, espero les guste.
No es una historia común es algo más fantasioso.

El Gran Premio de Canadá 🇨🇦

Todo comenzó un viernes de junio,
semanas antes de cumplir los diecisiete. El sol caía suavemente sobre mi ciudad, pero yo sentía que algo dentro de mí ardía con más fuerza que cualquier mediodía.

Mi hermano mayor, que siempre había sabido cuánto amaba la velocidad, entró a mi habitación con dos sobres blancos en la mano, brillando como si contuvieran el mismo sol.

-Vamos a Montreal -dijo, con una sonrisa que prometía aventuras-. Gran Premio de Canadá. Circuito Gilles Villeneuve.

Me quedé mirándolo, sin poder hablar. Durante años, la Fórmula 1 había sido para mí un mundo lejano, algo que vivía a través de la pantalla del televisor, soñando con el rugido de los motores y la velocidad que parecía imposible de alcanzar. Pero en ese momento, la distancia se acortó.

De verdad? -susurré.

-De verdad. Empaca. Nos vamos mañana.

No lo dudé ni un segundo. Empacé en silencio, con las manos temblando, sintiendo que cada prenda que metía en la maleta era un paso más hacia algo que no podía explicar pero que sabía que me pertenecía. El vuelo desde Ecuador hasta Canadá pareció durar una eternidad y, a la vez, fue demasiado corto. Cuando bajamos del avión, el aire fresco de Montreal me golpeó el rostro, y con él llegó el olor a gasolina y goma quemada que ya se había convertido en mi perfume favorito.

Llegamos al circuito temprano. Las gradas empezaban a llenarse, el murmullo de miles de personas se mezclaba con el sonido de los motores en las vueltas de reconocimiento. Caminamos hasta nuestro asiento, y cuando los primeros monoplazas aparecieron en la recta principal, el rugido fue tan fuerte que me estremecía hasta los huesos. No era ruido. Era música. Era el sonido de mi destino llamándome.

Estábamos fascinados viendo pasar los coches como rayos, cuando dos personas con chalecos oficiales de Mercedes se acercaron a nosotros. Mi corazón dio un vuelco.

-Tenemos pases de acceso al Paddock - dijo uno de ellos, extendiendo dos tarjetas brillantes-. Son para ustedes. Cortesía del equipo.

Mi hermano y yo nos miramos, con los ojos muy abiertos, sin poder creerlo. Atravesamos la puerta de seguridad, mostramos los pases, y de pronto... estábamos adentro.

El mundo que antes solo veía en pantallas estaba a mi alcance: boxes llenos de ingenieros hablando rápido y moviendo planos, neumáticos apilados que olían a caucho nuevo, monoplazas brillantes bajo las luces frías del techo, gente corriendo, coordinándose, trabajando con una precisión hipnótica. Caminé despacio, mirando cada detalle, sin querer perderme nada, sin creer que estaba realmente ahí.

Cuando terminó la carrera, la multitud se agolpó cerca de la zona de firmas, empujándose y gritando nombres. Y ahí, rodeados de cientos de personas, estaban: Kimi Antonelli y George Russell, juntos, firmando cascos y camisetas. Kimi tenía una calma que parecía imposible para su edad; sonreía a cada persona, hablaba brevemente, pero con atención genuina.

Mi hermano se apartó un momento para tomar una foto... y en ese instante, Kimi levantó la vista.

Nuestras miradas se cruzaron. El ruido de la multitud se desvaneció. Todo se quedó en silencio, como si el tiempo hubiera decidido detenerse. Él no apartó la vista. No volvió a la firma. Solo me miró, como si estuviera viendo algo que no esperaba encontrar.

Se abrió paso entre la gente, disculpándose amablemente, hasta llegar frente a mí. Estaba tan cerca que podía ver el brillo de sus ojos, la seriedad dulce de su expresión.

-No te he visto antes -dijo, con una voz suave pero firme, que parecía destinada solo a mí-. ¿Eres de aquí?

-De Ecuador -respondí, con la voz un poco temblorosa-. Vinimos de viaje.

-¿Te gustó la carrera?

-Me gustó todo -dije, y era la verdad más grande que había dicho en mi vida.

Se quedó mirándome un segundo más, como si estuviera tomando una decisión importante. Entonces sacó su teléfono.

-Dame tu número. Me gustaría seguir hablando contigo. De carreras. De todo.

Se lo dije, con manos que no dejaban de temblar. Él lo guardó, me sonrió de nuevo -una sonrisa que prometía que no era una despedida-, y alguien lo llamó con urgencia. Me fui a buscar a mi hermano, con el corazón golpeándome el pecho tan fuerte que podía oírlo por encima del ruido del circuito.

Esa noche, de vuelta en el hotel, el teléfono vibró sobre la mesita de noche. «Llegaste bien. Fue un gusto conocerte.

Y así, sin saberlo, mi vida cambió para siempre

Este sólo es el comienzo les prometo que será muy interesante la historia jjsjs

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Este sólo es el comienzo les prometo que será muy interesante la historia jjsjs.
💖💙

El viaje que cambio todo... Stories to obsess over. Discover now