Capitulo 1

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Nos encontramos en la segunda mitad de la Red Line, específicamente en las peligrosas aguas del Nuevo Mundo. La tripulación de los Sombreros de Paja se encontraba navegando tranquilamente tras su intensa estadía en la isla de Wano, siguiendo el rumbo marcado por la aguja en dirección hacia Elbaf.

A bordo del Thousand Sunny, el ambiente era el de un día cotidiano y lleno de vida. En la cocina se escuchaba el tintineo constante de platos y sartenes, mientras Sanji preparaba un aperitivo especial para las chicas y vigilaba con ojo clínico que nadie entrara a saquear la nevera. Afuera, en la cubierta de césped, el caos suave de la tripulación fluía a su ritmo habitual.

Franky y Usopp estaban sentados cerca del mástil principal, concentrados en ajustar unos inventos nuevos. Usopp explicaba con entusiasmo desmedido una mejora para sus semillas Pop Green, mientras Franky soltaba una carcajada sonora al ritmo de un «¡SÚPER!» al ver el resultado de los engranajes.

Brook y Jinbe compartían un momento más tranquilo cerca del timón. El músico afinaba suavemente su violín componiendo una melodía relajante para la tarde, mientras el timonel mantenía las manos firmes en la rueda, escuchando con una sonrisa tranquila y disfrutando de la brisa marina.

Robin descansaba en una silla reclinable bajo la sombra de la cubierta superior, hojeando un libro antiguo sobre la historia del Nuevo Mundo y tomando un sorbo de té que Sanji le había llevado momentos antes.

Nami, a unos metros de ella, revisaba meticulosamente los mapas de navegación y ajustaba el Log Pose, alzando la voz de vez en cuando para gritarle a la tripulación que no dañaran la madera ni tocaran sus mandarinos.

Chopper, con su pequeño cuaderno de notas en mano, corría tras Luffy, quien saltaba e intentaba pescar algo gigante desde la proa usando solo sus brazos de goma como caña, riendo a carcajadas cada vez que el anzuelo rebotaba en el agua.

Todo parecía una tarde perfecta de descanso tras las intensas batallas en Wano. Sin embargo, alejándose del bullicio general, un sonido sordo y constante retumbaba desde la zona de entrenamiento: el peso descomunal de las pesas de acero siendo levantadas una y otra vez por Zoro.

Desde su lugar habitual de entrenamiento en la cubierta, Zoro levantaba una pesa de peso descomunal con la sola fuerza de su brazo. Llevaba el torso al descubierto, dejando al aire su pecho fornido cubierto de cicatrices. Las gotas de sudor resbalaban por su piel transpirada por el esfuerzo y su respiración era pesada, mucho más agitada de lo normal. Para cualquiera, parecía el entrenamiento extremo de siempre, pero la realidad era que algo no andaba nada bien.

La vista se le nubló por un segundo y una punzada punzante le atravesó la cabeza. Sintió un escalofrío helado recorrerle la espalda a pesar del calor sofocante que quemaba dentro de su pecho. Su cuerpo pesaba el triple y los músculos le respondían con una torpeza que jamás experimentaba.

Fue en ese instante de mareo cuando Zoro comprendió que había sido una pésima idea aguantarse la fiebre.

Llevaba acumulando ese malestar en silencio desde que salieron de Wano, ignorando el ardor en su garganta y los mareos con pura fuerza de voluntad.

Un recuerdo rápido le vino a la mente, un flashback de apenas unos días atrás:

Luffy se le había acercado en la proa mientras Zoro descansaba contra el mástil. El capitán lo había mirado fijamente con esos ojos grandes y curiosos, ladeando la cabeza.

-Hey, Zoro, ¿estás bien? Te ves raro... como rojo -le había preguntado Luffy con sinceridad, estirando una mano para tocarlo.

-Estoy perfectamente, idiota. Solo es el calor del entrenamiento. Déjame en paz -había gruñudo Zoro, apartándole la mano de un manotazo fastidiado para evitar que notara lo caliente que estaba su piel.

Cómo curar a un marimo (según Monkey D. Luffy)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora