Capítulo 1: pequeño oso (parte 1)

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Bajo el resplandor de un cielo tachonado de estrellas, el Roble de los Sleepy -ese árbol ancestral que susurraba secretos de tinta y pergamino- meció las ramas para dar la bienvenida a un nuevo retoño. Aquella noche, entre raíces que parecían dedos de anciano y hojas que brillaban con destellos mágicos, nació Jhondelvis. Su llanto no fue un lamento, sino el primer acorde de un destino que ya estaba escrito en las páginas aún en blanco del Gran Libro de los Cuentos.

A diferencia de su padre, un oso común de historias sencillas, Jhon llegó al mundo con un don inesperado: la magia corría por sus venas como savia luminosa. Y aunque su origen era humilde, su futuro apuntaba a las leyendas.

Pero no todo en su historia fue luz.

Su madre desapareció a las pocas semanas de su nacimiento, sin dejar rastro, como una hoja arrastrada por el viento. Nunca supo si fue un adiós o un extravío, pero el vacío quedó. Sin embargo, el pequeño oso no creció huérfano de afecto: su abuela, Mamá Ana, supo llenar ese silencio con abrazos de miel y cuentos contados al calor de la chimenea. Fue ella quien le enseñó que la magia no era un defecto, sino una extensión de su corazón.

Su padre, tenía otros planes. Para él, la vida era un camino recto y escrito: su hijo debía heredar la página de los Sleepy en el libro legendario, firmar con su nombre y continuar el legado de los osos dormilones. Nada más. Nada menos.

-Padre, ¿mi mamá tuvo una página en el libro de cuentos legendarios? -preguntó Jhon una tarde, con la inocencia de quien aún no sabe qué preguntas están prohibidas-. ¿Podría yo firmar también la suya? ¿Conocer su destino?

El rostro del padre cambió como el cielo antes de una tormenta. El rigor se endureció en sus ojos, y el enojo encendió su voz.

-¡Tu madre nunca firmó su página! -rugió, y cada palabra golpeó el aire como un trueno-. ¡Y no quiero volver a escuchar su nombre! Esa página no existe, ni existirá para ti. ¡Tú serás el próximo oso dormilón, y no hay otra opción! Firmarás mi página, ¿entiendes? ¡MI PÁGINA!

Jhon sintió que el suelo se hundía bajo sus pies

-Sí, padre. Firmaré la página de los Sleepy -respondió, con la voz quebrada y el corazón encogido.

No hubo más palabras. Solo el eco frío de la orden. Esa noche, al regresar a casa de su abuela, corrió hacia ella como si el mundo se derrumbara tras sus pasos. Se hundió en su abrazo y supo, con certeza de niño herido, que allí sí podía ser él mismo. Con su padre había respeto, pero con su abuela había confianza.

Los días pasaban entre entrenamientos y susurros. Jhon practicaba su magia a escondidas, con la esperanza de que algún día dejara de ser un peligro y se convirtiera en un regalo. Pero el control era esquivo. Una tarde, mientras ejercitaba un hechizo sencillo en el claro del bosque, algo se rompió dentro de él. Un destello violento estalló desde su pecho, una energía desbocada que se retorcía en el aire como un animal atrapado.

El miedo le heló la sangre. Intentó detenerla, contenerla, suplicarle que se detuviera, pero la magia solo crecía, densa y caótica, hasta formar una niebla espesa que lo envolvía todo. Y en medio de aquella bruma, algo se movía.

Jhon cayó de rodillas, con el corazón golpeándole las costillas.

-¿Quién anda ahí? -gritó, pero su voz temblaba-. ¿Qué quieres?

Una risa leve, como el tintineo de una campanilla, respondió desde la niebla.

Una risa leve, como el tintineo de una campanilla, respondió desde la niebla

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⏰ Last updated: Sep 07 ⏰

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