.

12 0 0
                                        

El viento de Essaouira olía a salitre, sangre seca y arena quemada. El silencio pesado de la noche cayó sobre las ruinas del acantilado justo cuando Rory Miller divisó la silueta: un chico prácticamente inerte, tirado sobre un charco oscuro que el suelo sediento de Marruecos comenzaba a absorber.
Esperó tres minutos enteros detrás de las rocas antes de atreverse a salir de las sombras.
-Maldición... esta vez no me lo van a perdonar -murmuró entre dientes, acercándose a paso rápido-. Dijiste que sería la última vez, Rory, la última...
Se arrodilló sobre la tierra caliente y presionó dos dedos temblorosos contra el cuello del desconocido.
Bum... bum... bum.
Un latido débil, lejano, casi irreal. Las probabilidades de que sobreviviera eran nulas.

-Me voy a arrepentir de esto -suspiró, sacando el teléfono con manos torpes. Marcó el número de memoria mientras caminaba en círculos, levantando polvo con las botas.
-Maldición, Rick, contesta...

-¿Hola? -respondió una voz rasposa, profundamente adormilada al otro lado de la línea.

-Te necesito. Ahora.

-¿En qué carajos te metiste esta vez, Rory?

-Eres el mejor médico que conozco. Tienes que ayudarme, no sé cuánto tiempo le queda.

-¿En dónde estás? -se escuchó el rugido de la camilla metálica mientras Rick se ponía de pie de golpe, perdiendo el sueño al instante.

-Cerca de tu consultorio. Está inconsciente y desangrándose por una herida en el abdomen.

-No te muevas.

Apenas un par de minutos después, los pasos apresurados de Rick resonaron en el callejón.

-Aquí estás... -dijo al verla. Al bajar la mirada y notar al chico rubio en el suelo, se arrodilló de inmediato, presionado la Herida

-. Tenemos que sacarlo de aquí ya.
Entre los dos cargaron el cuerpo inerte, cruzando a toda prisa las callejuelas hasta llegar a la casa adaptada que los padres de Rick le habían dejado como legado. No había presupuesto para un hospital de verdad, pero tenían lo básico.

En cuanto cruzaron la puerta, Rick canalizó al chico para detener la hemorragia.

-Necesito O positivo. Se me está yendo.

-Yo soy O positivo -dijo Rory de inmediato, dando un paso al frente.

-Ni hablar. No pienso arriesgarte a ti por un desconocido.

-¡Solo hazlo! Tal vez así se salve.

-¿Cuál es tu maldito problema con querer salvar a todo el mundo?

-No pude hacerlo esa vez, Rick... no volverá a pasar -sentenció ella con la voz quebrada.
Sin protestar más, Rick desinfectó la piel de Rory y comenzó la transfusión directa, conectando a ambos mediante el tubo de plástico. La sangre de Rory empezó a fluir hacia las venas del chico pálido.

-No trae ninguna identificación -comentó Rick, monitoreando el pulso.

-Solo queda esperar a que se recupere. Y sé que lo hará.
-Rory... tal vez no lo logre. Si muere, quiero que sepas que no fue tu culpa. Ya había perdido demasiada sangre cuando lo encontraste.

Rory observó el rostro demacrado del desconocido, las pestañas rubias contra su piel pálida y la tensión en su mandíbula.

-Se ve fuerte.

Pasaron los días. Luego, los meses. Y las cosas no mejoraban.

Rory iba y venía del consultorio, pendiente de las infecciones, la fiebre y los medicamentos. Hubo noches en las que estuvo a punto de rendirse y dejar que el destino hiciera lo suyo. Pero una tarde, recordando que los pacientes en coma a veces podían escuchar, decidió intentarlo.
Se acercó a la camilla, observando al chico que llevaba meses atrapado en su propia mente.

MARRUECOS / OUTER BANKS / JJ Stories to obsess over. Discover now