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-No vuelvo a entrar a otra junta

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-No vuelvo a entrar a otra junta...-murmuré para mí mismo.

Apoyé todo mi peso contra la pared, cerré los ojos y exhalé hondo, intentando ignorar el ruido que venía del otro lado de la puerta.

Está pendejo el director. que ni crea que le daré clases a los de primero; si los de tercero parecen monos, no me imagino a los de...

-¡Jordan!

Abrí los ojos ante la voz de Campillo, arrepintiéndome enseguida al ver puntos negros que me lastimaban la vista.

-¿Te sientes bien? -Su mano se posó en mis hombros, dando un ligero apretón.

Asentí lentamente, manteniendo los ojos cerrados un momento antes de abrirlos con leves parpadeos.

-Me siento bien, no te preocupes... -murmuré, dejando escapar una suave sonrisa-. Tal vez solo fue el estrés de la junta.

-¿Estás seguro? Si te duele la cabeza, puedo darte una pastilla. -Sus brazos abandonaron mis hombros mientras bajaba su mochila buscando algo.

-No, de verdad, fue solo un segundo. Ya se me pasó.

Intenté detener su mano, pero fue inútil; ya me estaba extendiendo una caja de paracetamol.

Nuestras miradas se cruzaron. Me observaba con seriedad mientras arqueaba levemente las cejas, incitándome a tomar la cajita.

-Gracias... -murmuré, sosteniéndole la mirada mientras tomaba las pastillas de su mano, sintiendo el ligero roce de sus dedos.

Asintió levemente mientras se ajustaba la mochila al hombro. -Venía a preguntarte por lo del evento que nos tocó organizar. Quería saber si podríamos ir a comer y empezar a ver sobre lo que haremos.

-Pues va, jalo... ¿A qué hora puedes? - Me despegué de la pared, con las manos hundidas en los bolsillos.

Hizo esa sonrisa de lado a lado.
-¿Te parece a las 3? -

-Mjum, sí, está bien. -Asentí con una leve sonrisa, mientras me dedicaba unas palmaditas ligeras en el hombro a modo de despedida.

-Conste, eh. ¡Si te sientes mal más al rato me avisas! -advirtió con tono juguetón mientras me daba la espalda, avanzando por el pasillo.

O que la verga...

Solté un suspiro, sintiéndome mucho mejor que hace unos minutos. Me giré hacia la puerta con una pizca de extrañeza y levanté la vista para asegurarme de que realmente era mi salón; el silencio absoluto del otro lado no era normal.

-Puta, qué milagro. ¿En qué momento se callaron? -murmuré para mí mismo mientras giraba la perilla.

 ¿En qué momento se callaron? -murmuré para mí mismo mientras giraba la perilla

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Entre páginas [Diordan]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora