Gilberto Mora solo tenía un trabajo: entregarle a su profesor de Español un impecable ensayo de cinco páginas. Lo que no debía hacer era entregarle por error la libreta donde escribía junto a sus compañeros un fanfic dramático sobre sus profesores d...
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-No vuelvo a entrar a otra junta...-murmuré para mí mismo.
Apoyé todo mi peso contra la pared, cerré los ojos y exhalé hondo, intentando ignorar el ruido que venía del otro lado de la puerta.
Está pendejo el director. que ni crea que le daré clases a los de primero; si los de tercero parecen monos, no me imagino a los de...
-¡Jordan!
Abrí los ojos ante la voz de Campillo, arrepintiéndome enseguida al ver puntos negros que me lastimaban la vista.
-¿Te sientes bien? -Su mano se posó en mis hombros, dando un ligero apretón.
Asentí lentamente, manteniendo los ojos cerrados un momento antes de abrirlos con leves parpadeos.
-Me siento bien, no te preocupes... -murmuré, dejando escapar una suave sonrisa-. Tal vez solo fue el estrés de la junta.
-¿Estás seguro? Si te duele la cabeza, puedo darte una pastilla. -Sus brazos abandonaron mis hombros mientras bajaba su mochila buscando algo.
-No, de verdad, fue solo un segundo. Ya se me pasó.
Intenté detener su mano, pero fue inútil; ya me estaba extendiendo una caja de paracetamol.
Nuestras miradas se cruzaron. Me observaba con seriedad mientras arqueaba levemente las cejas, incitándome a tomar la cajita.
-Gracias... -murmuré, sosteniéndole la mirada mientras tomaba las pastillas de su mano, sintiendo el ligero roce de sus dedos.
Asintió levemente mientras se ajustaba la mochila al hombro. -Venía a preguntarte por lo del evento que nos tocó organizar. Quería saber si podríamos ir a comer y empezar a ver sobre lo que haremos.
-Pues va, jalo... ¿A qué hora puedes? - Me despegué de la pared, con las manos hundidas en los bolsillos.
Hizo esa sonrisa de lado a lado. -¿Te parece a las 3? -
-Mjum, sí, está bien. -Asentí con una leve sonrisa, mientras me dedicaba unas palmaditas ligeras en el hombro a modo de despedida.
-Conste, eh. ¡Si te sientes mal más al rato me avisas! -advirtió con tono juguetón mientras me daba la espalda, avanzando por el pasillo.
O que la verga...
Solté un suspiro, sintiéndome mucho mejor que hace unos minutos. Me giré hacia la puerta con una pizca de extrañeza y levanté la vista para asegurarme de que realmente era mi salón; el silencio absoluto del otro lado no era normal.
-Puta, qué milagro. ¿En qué momento se callaron? -murmuré para mí mismo mientras giraba la perilla.
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