El té que antes era cálido, descansa casi sin vida dentro de la taza de porcelana. Aquella taza que todo lo había visto, que lo conocía mejor que nadie. Su reflejo se distorsiona en el líquido, o más bien, su rostro ya tenía esa mueca de preocupación y profundas bolsas bajo los ojos que solo delataban su cansancio de hace meses. No era digno de un prefecto tan destacado como él, por supuesto. Sostiene la taza entre sus dedos pálidos como terrones de azúcar, levantando la mirada hacia ningún lado en particular, solo al horizonte, al paisaje nocturno que la ventana le ofrece hacia los jardines de Heartslabyul. Todo parecía tan silencioso, tan tranquilo sin las peleas de Ace y Deuce, o incluso, sin la preocupación casi maternal de Trey. Está en vela, no hacen falta más pruebas que los pequeños bostezos ocasionales que de su boca se escapaban, ni el profundo aroma a té de lavanda que pretendía ser de ayuda.
Nada de eso funcionaba, no cuando la raíz de todos sus problemas se deslizaba con agilidad entre la oscuridad de la cocina. Sus sentidos captaron al instante el propietario de esos pasos desgarbados, pues, después de todo, fue él quien lo dejó entrar en primer lugar. Los brazos de su inquilino-ya no intruso, para la desgracia de Riddle- se estiraron, largos, atrapando las costillas del pelirrojo y apretándole contra su espalda como suele hacer. Como siempre lo hizo.
De alguna forma, esta vez se sentía diferente. Tan frío como los dedos que recorren su bata y se cuelan en su piel de porcelana, y tan frío como el té de lavanda que ha perdido todo su perfume, toda su calma. Un jadeo escapó de la boca de Riddle, dejando la taza sobre el lavabo antes de que ocurra algún desastre. A Floyd, por su parte, parece divertirle.
El toque frío y juguetón de Floyd se detiene gradualmente, mientras que el pelirrojo se apoya con las manos en el borde, casi haciendo palidecer los nudillos. Una sonrisa decora el rostro de la anguila, aunque Riddle no puede verlo de espaldas. Apoya peligrosamente la hilera de dientes afilados, siempre amenazas latentes, y le susurra al oído, con el aliento tan cálido y distinto al solitario mordaz frío de la madrugada, que provocan un escalofrío que lo recorre de pies a cabeza.
———Pececito dorado... me encanta ir a la cama contigo.
Pero no quiere nada más. Riddle intuye lo que quiere decir. Es un halago, sí, pero aún así puede sentir el peso de sus palabras. Su voz fue como una triste canción-desde la perspectiva de Riddle-, que pareció ser más una despedida que un verdadero consuelo a la tormenta que revuelve su estómago en este preciso instante. ¿Se esperaba más que eso? No. Es lo que habían acordado desde un principio. Era consciente de lo volátil que era Floyd, de lo mucho que se aburría con facilidad y lo impredecible que era. Mientras que, el prefecto de Heartslabyul, era quizás todo lo que precisamente aburría a Floyd. Era tan difícil de amar, tan difícil de tratar. Un erizo que jamás dejaba de mostrar sus púas.
Y, sin embargo, aún sabiendo todas las consecuencias que podría traer el esconder sus púas aunque sea por una vez...Decidió confiar, contra todo pronóstico.
¿Por qué dolía tanto? ¿Por qué el corazón se le apretujaba en el pecho con solo escuchar aquello? ¿Por qué había permitido dejar entrar en primer lugar a este predador a su territorio? Nada tenía sentido, absolutamente nada. Un nudo cierra su garganta, casi dejándolo sin palabras. Floyd, como si tuviera la habilidad de oler los sentimientos de sus presas-Quizás sí la tenía-, voltea despacio a su pececito dorado, encontrándose de lleno con aquellos ojos grisáceos inmensos que le recordaban a burbujas marinas, ligeramente vidriosas y empañadas. Sin esperar alguna respuesta, se inclinó hacia él y lo besó.
Siempre ocurría el momento de unir sus labios, todo en la cabeza del prefecto se volvía nebulosa. Cualquier pensamiento coherente se escurría como agua entre los dedos, como la marea que apaga el fuego de su ser. Sí, Floyd era igual a la marea en la playa. Tenía la libertad de ir y venir cuando quisiese, de abrochar y desabrochar cuando le plazca. Pero... ¿Y Riddle? Riddle se quedaba únicamente con la espuma del mar una vez le había mojado los pies. Se quedaba con el recuerdo salado de esa ola que no estaba seguro si volvería o no, con la sensación de frío que muerde su piel una vez ha pasado.
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Ella dijo | Florid Songfic
FanficSongfic basado en "Ella dijo" de los Estelares. 🌹🦈 || Donde Riddle comienza a pensar que dejarse llevar por la marea fue una muy mala idea. Dibujo de la portada hecho por @dEoXqQ5Yv2ElfMO
