El disparo pasó tan cerca de la cabeza de Jack que sintió el aire partirse.
-¡Muévete! -gritó Elian, ya corriendo hacia el hueco entre dos contenedores.
Jack no necesitó que se lo repitieran. Saltó la barda de metal oxidado con una facilidad que no encajaba con su tamaño -1.95 metros no suelen moverse así de rápido- y aterrizó justo cuando una segunda bala arrancaba una chispa del concreto donde había estado parado un segundo antes.
Los hombres del consejo no gritaban "alto". Nunca gritaban nada. Solo disparaban.
-¡El plano decía que este sector estaría vacío! -Jack se pegó a la pared de un edificio abandonado, con la respiración agitada y el corazón golpeándole el pecho como un tambor de guerra.
-El plano tiene ochenta años de antigüedad, Jack, ¿qué esperabas? -Elian, encorvado, se llevó una mano al costado. Sangraba.
-Te dieron.
-Es un rasguño. Sigue.
No era momento de discutir. Jack tocó por instinto el collar que llevaba al cuello -el mismo que su madre le había puesto ahí antes de que se la llevaran- y corrió.
Las luces de neón de Britonia se reflejaban en los charcos que iban dejando atrás, luces azules y púrpuras que trepaban por los rascacielos como si la ciudad entera tuviera venas de electricidad. Nadie diría, viendo esa ciudad de cristal y acero, que bajo el asfalto seguía respirando la misma piedra negra de hace ochocientos años. La misma maldición.
Doblaron en una esquina y el sonido de las botas detrás de ellos se hizo más lejano. Por un momento, solo un momento, hubo silencio.
-¿Por qué sabían que veníamos? -preguntó Jack, apoyando las manos en las rodillas, tratando de recuperar el aliento.
-No lo sabían. -Elian negó con la cabeza, pálido-. Nos encontraron. Es distinto.
-¿Cómo es distinto?
-Porque significa que alguien habló.
Jack se quedó quieto. El smartwatch en su muñeca izquierda -el que había sido de Dario, el que aún encendía la pantalla como si su amigo siguiera ahí contando los minutos con él- vibró con una notificación que no debería existir en ese sector de la ciudad: señal detectada.
-Tenemos que irnos de aquí. Ya.
-Jack. -Elian lo tomó del brazo, y por primera vera esa noche, el miedo en su voz no era por las balas-. Si nos encontraron a nosotros, también saben dónde está tu familia. Puede que ya la hayan movido.
Ochenta años de espera. Un juramento tan viejo que ya nadie con vida recordaba la voz de Bryan pronunciándolo. Y ahora, todo podía desmoronarse en una sola noche por una filtración que ninguno de los dos vio venir.
Jack cerró el puño. El anillo que llevaba en la mano izquierda -la promesa que se había hecho a sí mismo de niño, el día que entendió lo que significaba su apellido- le apretó como nunca antes.
-Entonces no hay tiempo que perder -dijo-. Llévame a donde tengas que llevarme. Esta noche termina el juramento, o termino yo.
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el juramento de britonia
FantasíaEl Juramento de Britonia Hace ochenta años, un hombre venció a un monstruo y condenó a toda su descendencia. Jack tiene 1.95 de estatura, los brazos cubiertos de tatuajes que cuentan una historia que no puede decir en voz alta, y un anillo que lleva...
