Capítulo 1 - Había una vez...
Mmm... no sé qué escribir.
Frente a mí solo hay una hoja en blanco y un lápiz.
Una hoja.
Un lápiz.
Nada más.
Entonces, ¿por qué es tan difícil escribir algo?
Me quedo mirando el papel como si esperara que, por pura lástima, decidiera escribir la historia por mí.
No lo hace.
-Vamos... piensa.
Golpeo suavemente la punta del lápiz contra la hoja.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
-Había una vez...
Me detengo.
-...
¿Y ahora qué?
Miro hacia el techo.
-¿Un príncipe?
Sí.
Un príncipe.
Eso podría funcionar.
Bajo nuevamente la mirada y empiezo a dibujar.
Primero hago una cabeza. Después el cabello.
Morado.
No, demasiado normal.
Lo oscurezco hasta convertirlo en un tono profundo, casi berenjena. Lo dejo crecer, alborotado, cayendo en mechones puntiagudos sobre sus orejas y parte de la frente.
Sonrío.
-Mucho mejor.
Continúo.
Quiero que tenga una mirada intensa.
Dibujo sus ojos y los coloreo de amarillo dorado.
Demasiado brillantes.
Perfectos.
Sus cejas son gruesas y oscuras, inclinadas ligeramente hacia el centro. No parece precisamente feliz.
-¿Qué te pasa? -murmuro, mirándolo en el papel-. Ni siquiera tienes una historia todavía.
Como respuesta, dibujo sus brazos cruzados.
Ahí está.
Definitivamente tiene actitud.
Su rostro es claro, pero le dejo un poco de color en las mejillas y sobre el puente de la nariz. También dibujo tres pequeñas líneas sobre ella.
-No sé para qué sirven...
Me encojo de hombros.
-Pero se ven bien.
Después añado un pequeño detalle junto a su rostro.
Una gota de sudor.
¿Por qué está nervioso?
Ni siquiera lo sé.
Tal vez porque parece estar a punto de discutir conmigo.
-Eso sería bastante problemático.
Sigo dibujando.
Un piercing oscuro sobre su ceja izquierda.
Unos pequeños broqueles negros en las orejas.
Y alrededor de su cuello, un cordón negro con un dije sencillo en forma de cruz.
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Ori y el caos cósmico
Fantasy¿Qué pasa cuando la autora de Las Crónicas de un Escamajo sufre un bloqueo creativo... y decide darle conciencia a uno de sus personajes? Ahora él sabe que es un personaje. Y su autora, caótica por naturaleza, se divierte metiéndolo en toda clase de...
