Dos meses y días son los que pasaron desde que Yushi soltó a Riku. Tomar esa decisión le llevó tiempo; buscar las excusas para irse de su vida fue lo que más costó. El vínculo fue inestable desde un inicio, y aunque ambos intentaron armar un espacio seguro, aunque les haya funcionado perfectamente por un buen tiempo, el miedo y la inseguridad creaban grietas en las paredes, las cuales fueron ignoradas, hasta que se expandieron tanto que derrumbó todo el trabajo.
Yushi se sentía culpable. Por dejar que las cosas se dieran como se dieron, por permitirse sentir tanto miedo, por dejar que sus inseguridades agrieten no solo su interior, sino también el vínculo con la persona más especial en su vida.
La culpa pesaba. Lo carcomía por dentro.
Pero ¿qué podía hacer ahora? Debió arreglarlo antes. Debió ser paciente con Riku, debió aceptar lo que recibía. Debió soltar sus altas expectativas, no las manos que lo sostenían en sus noches más oscuras.
Aunque... Riku también cometió errores.
Y Yushi estaba en una pelea constante consigo mismo sobre eso.
"Merezco ser amado como quiero que me amen"
"No. No soy merecedor de un amor tan lindo siendo lo que soy."
Amar no duele... ¿o sí?
¿Hay tanto dolor en el amar a una persona?
Una verdad era que Yushi nunca se sintió tan querido y valorado por alguien más. Tal vez eso fue realmente lo que más dolió cuando llegó un punto en que lo único que sintió de parte de Riku fue cansancio.
Era su culpa. Él hizo esto. Él lo arruinó.
Si no se hubiera enamorado podrían seguir siendo buenos amigos; después de todo Riku no amaba a Yushi. Al menos no como él deseaba que lo ame.
