Prólogo

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Adhara

Aunque eran pasadas las nueve de la noche, el sol se negaba a irse por completo para dar paso a la oscuridad. Era uno de esos días de verano que parecían tener más horas de lo normal y, aunque no podía tener sentido por la estación, el aire en el pequeño apartamento, que compré años atrás; se sentía frío, casi fúnebre.

Me hallaba inclinada sobre la isla de la cocina, con los brazos apoyados en ella. No estaba mirando un punto fijo, tenía la mente casi en blanco y lo único que me mantenía con un pie en la realidad era el calor de la taza entre mis manos, colándose a través de la fina y blanca tela de seda de la que estaban hechos mis guantes, los que me negaba a quitarme; y el zumbido de la cafetera que llenaba el silencio de la cocina mezclado con las luces neón que entraban por la ventana y desaparecían en menos de un segundo.

La vibración de mi teléfono me sobresaltó, era una llamada.

—Estoy afuera —escuché la voz de Gabriella. Calmada y expectante—. ¿Ya estás lista?

—Lo estoy, solo dame un minuto.

Colgué el teléfono. Me di cuenta de que el café ya se había puesto frío. No había tomado ni un sorbo. Vacié la taza en el fregadero y la dejé ahí. Ya la lavaría luego.

Agarré mis llaves y las metí en mi bolsillo. Caminé hacia la puerta y tomé el pomo de esta, un escalofrío me recorrió la espalda. Di media vuelta y ahí estaba. La puerta al final del pasillo. Cerrada, oscura; sentía que me observaba, que me llamaba, y eso me aterró.

Apagué las luces y salí con prisa, casi en un acto de huida. Pero la tentación de entrar seguía allí, martillándome. Como una adicción.

Gabriella lo notó, siempre lo hace, pero no pregunta. Es una de las cosas que más aprecio de ella: nunca intenta incomodar con interrogatorios, espera a que los demás tengan la confianza y el deseo de contarle las cosas.

—Hola, Gab —la saludé con un beso en la mejilla.

—Hola, Adha.


Carel

—Te lo digo, esta vez es diferente. Ella es... —Evan hizo una pausa, buscando las palabras.— Difícil de describir.

—¿Y cuántas veces has dicho eso en el último mes? —Pregunté, levantando una ceja.

El bar estaba casi vacío, poco más de cuatro mesas ocupadas y Evan y yo en la barra. La luz era pobre, y la música, pésima; pero era el favorito de Evan, decía que era "alternativo".

—No, en serio. Ni siquiera está interesada en mí. Creo que en nadie, en realidad —Evan se rio, inclinándose hacia mí con conspiración. —Pero tú... Creo que deberías conocerla.

—No estoy para chicas. Además, acabamos de empezar el primer semestre. Deberías enfocarte en cosas importantes como entregar el ensayo de la próxima semana.

Evan rodó los ojos, pero antes de que pudiera replicar, una figura cruzó la entrada del bar. Su rostro estaba parcialmente oculto por la sombra de la luz tenue, pero algo en su porte, y en la forma en que ajustó unos guantes inusuales, llamó mi atención.

Me quedé mirándola más de lo necesario. Definitivamente mucho más.

—Ahí la tienes —afirmó Evan, haciéndome volver a la realidad. Me estaba mirando con complicidad y orgullo—. Adhara Amano. Un placer presentártela.

La vi detallar el lugar como si fuese un ambiente completamente extraño para ella. Venía acarrada del brazo de otra chica y se sentaron juntas en una mesa de la esquina.

No sabía qué tenía, pero sí tenía claro que ya no podía apartar la vista.



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⏰ Last updated: Sep 19 ⏰

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