El cabello negro suspiró con pesadez, para dirigirse hacia el balcón que estaba conectado a su habitación. Hace unas cuantas horas, había Sido el funeral de sus padres. "Misteriosamente" habían muerto estando ambos en su cama. Aunque nadie le haya querido decir nada, él sabía perfectamente que no había Sido una muerte natural, sus padres habían sido asesinados ¿Pero por quién? La respuesta era simple, Lilith, ella, su media hermana había planeado todo esto ¿El motivo? Para que su hermano mayor pudiera heredar el trono.
Al ser lucifer el hijo mayor tendría el trono asegurado, no importaba que fuese el hijo de una simple concubina, el alfa era el mayor, él que tenía más derecho al trono. Bueno, tampoco es cómo si le importase quien estaba en el trono. Él lo único que quería era tener una vida tranquila y serena, no le importaba si sus demás medios hermanos se mataban entre sí para obtener la corona, no le importaba si Lilith fábricaba más venenos para matarlos, siempre y cuando no se metieran con él, todo estaba bien.
Hoy fue un día caluroso, pero gracias al cielo el sol ya se estaba ocultando. El Omega tenía una túnica violeta puesta, unos cuantos brazaletes dorados en sus muñecas y sobre su cabeza una hermosa tiara con una esmeralda en el centro se encontraba. Él era un omega al igual que Lilith; por lo tanto no era una amenaza para ella. Sabía perfectamente lo que pasaría, aunque Lucifer fuese coronado rey, quien tomaría el control absoluto del Reino sería ella, sería Lilith.
-Tampoco es que me importe -exclamó, ya se imaginaba a su reino hecho un total caos por ella -. Es decir... ¿A quién le importa lo que le pase a este Reino? -suspiró con pesadez. El Omega entró nuevamente a su habitación, aunque no estaba cansado se iría a dormir. Cuando en eso, la puerta de su habitación fue abierta.
El Omega arrugó la frente, no podía creer que esos criados incompetentes osarán en entrar sin permiso a su habitación, sin duda los acusaría con lucifer para que los ejecutara, pero para su sorpresa, en vez de que entrara algún criado molesto, habían entrado un par de guardias. Y trás los guardianes entró ella con una sonrisa soberbia.
¿Y ahora que querría Lilith? ¿Acaso venir a restregarle en la cara que haría que Lúcifer se casara con una concubina en lugar de con él? Honestamente le daba igual lo que ella dijera ó hiciese, él ya se había convencido que mientras no se metieran con él, él tampoco lo haría.
-¿Qué pasa, Lilith? -cuestionó sin muchas ganas, aunque creyó que no tenía sueño, la verdad es que sí -. ¿Acaso veniste con los guardias a darme las buenas noches? -agregó sarcástico, sabía perfectamente que ella algo se traía entre manos.
Lilith desvaneció su sonrisa, sabía perfectamente que entré su hermano mayor y su medio hermano algo pasaba, algo sucedía. Belcebú tenía un ligero atracción hacia Lúcifer y no, eso no estaba bien. Su Diosa no aprobaría ese matrimonio y solo mandaría desgracia a su Reino. Y cómo notaba a Lúcifer con ganas de corresponder fue que lo decidió, decidió que ese omega debía irse de su palacio y desaparecer por el bien del pueblo. Pero cómo era su medio hermano no podría matarlo, solo le quedaba echarlo.
-¿Qué están haciendo? -el Omega estaba extrañado ¿Por qué esos sujetos lo tomaban de ambas manos? -. ¡¿Qué crees que están haciendo?! -alegó mientras esos sujetos lo jalaban hacia la puerta, no, Lilith no podía echarlo de su palacio, él era un príncipe de Sangre real, su Madre fue la reina de este Reino y su padre el Rey. El Omega trata de forcejear con ellos, pero era inútil, esos sujetos eran más fuertes que él -. ¡No me puedes hacer esto! ¡No me puedes echar del palacio!
La Omega soltó una carcajada, que tonto era Belcebú, ya lo había hecho.
-¡No! -gritó al ser arrojado al suelo, el Omega de inmediato se levantó, para su mala suerte, esos sujetos ya habían cerrado la enorme puerta de madera del palacio -. ¡Déjenme entrar! ¡Déjenme entrar! ¡Su majestad se lo ordena! -tocó fuerte y varias veces la puerta, pero no, esos guardias no se dignaba a abrirle -. Carajo -maldijó.
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Flor Infernal.
FanfictionLas rosas son rojas, y las violetas azules; pero tú quemas aún estés en el mar.
