El silencio en la mansión Addams era vivo y denso. Pero dentro de la sala de estar, el silencio era roto por el tintineo de dos copas de whisky.
Wednesday Addams, de 26 años, miraba su copa como si el líquido ámbar le diera respuestas. Su rostro, no mostraba emoción, pero sus ojos negros, dos pozos sin fondo, delataban un aburrimiento tan profundo que rozaba lo patológico. Estaba vestida con un elegante traje negro.
—Liz se llevó a la niña a casa de sus padres —dijo Wednesday, su voz monótona—. Otra vez. Dice que necesita "espacio". El espacio es lo único que no le falta a esta casa, Gabriela. Hay suficientes habitaciones vacías para albergar a un ejército de muertos y aún sobrarían para sus fantasmas.
Gabriela, su mejor amiga desde la infancia, soltó una risa. Era una mujer alta y de pelo mediano con flequillo. Se recostó en el sofá de cuero negro, con sus pies apoyados en la mesita de centro, y dio un largo trago a su whisky.
—Mierda, Wednes. Si no te soportas ni tú, ¿cómo esperas que te soporte ella? El matrimonio es una batalla, no cualquier mierda que puedes llevar fácilmente. Tú y Liz son como dos escorpiones en un frasco. En lugar de picarse, se la pasan haciéndose mensas y esperando que la otra se muera de aburrimiento.
—El aburrimiento es mi estado natural —replicó Wednesday, sin inmutarse—. Pero el matrimonio con ella lo ha refinado. Es un arte. El arte de la decepción constante. Y hablando de artes... ¿cuándo piensas dejar de arrastrar los pies y confesarle a Sunashy que te gustaría que te esposara a su cama y te usara como un juguete personal?
Gabriela casi se atraganta con el whisky. Sus mejillas se tiñeron de un rojo que no era del todo por el alcohol.
—¡Wednesday! ¿Te has vuelto loca? ¡No digas eso tan alto! —Gabriela miró alrededor, como si las paredes tuvieran oídos—. Sunashy es... es la dueña del puto club. Es una diosa, con unas piernas que van hasta el cielo y una sonrisa que te desarma. Y es mi amiga. Es todo muy... complicado.
—Complicado, dice —Wednesday levantó una ceja, un gesto que en ella era más aterrador que un grito—. No es complicado. Tienes miedo. Te embriagas con su presencia, le lanzas miradas de perro triste cuando cree que no miras, y luego te escondes en tu caparazón de "soy una ruda sin sentimientos". Patético.
—¡Oye! —Gabriela señaló a Wednesday con su copa—. Tú eres la que tiene un matrimonio de mierda. Al menos yo persigo lo que quiero, aunque sea desde lejos. Tú ni siquiera tienes los ovarios para decirle a Liz que no eres feliz.
El rostro de Wednesday permaneció inexpresivo, pero sus nudillos se blanquearon al apretar la copa.
—¿Y qué se supone que debería hacer? ¿Dejarla? ¿Arrancarle el corazón y usarlo como adorno? No sería práctico. La niña necesita una figura materna estable.
—No, no, no —Gabriela se inclinó hacia adelante, con los ojos brillantes de emoción—. No te digo que la dejes. Te digo que te des un capricho. Un respiro. Algo que te recuerde que eres una mujer jodidamente sexy y hermosa, y no una momia aburrida que vive para criticar su matrimonio.
Wednesday la miró con una mezcla de desprecio y curiosidad.
—¿Y cuál sería ese "capricho" para una alma podrida como la mía, Gabriela?
Gabriela sonrió, una sonrisa amplia y maliciosa que iluminó todo su rostro.
—Vamos al mamitas puebla, zorra.
—¿Perdón?
—Mamitas puebla. El Strip Club. El de Sunashy y Asher. Vamos a tomar unas copas, a ver a las strippers, a distraernos. Hace años que no sales de esta puta morgue. Te vendría bien ver carne viva y sudorosa por una vez.
—¿Quieres que vaya a un club contigo para que puedas babear por tu amor platónico sin parecer una acosadora? —preguntó Wednesday, con tono de profundo desprecio—. Es una propuesta estúpida.
—Por supuesto que lo es. Por eso es perfecta. Vamos, Wedns. Por los viejos tiempos. Cuando éramos dos adolescentes que se reían de los cadáveres en el cementerio. Ahora somos dos adultas que necesitan un poco de caos en sus vidas. Te prometo que no te arrepentirás. Además... —Gabriela hizo una pausa dramática, con una sonrisa de oreja a oreja—. He oído que Sunashy ha contratado a una chica nueva. Una tal Enid Sinclair. Rubia, dulce, virgen... y con una cara de ángel que te haría querer cometer todos los pecados capitales en una sola noche.
Wednesday se quedó quieta. Su ojo derecho dio un leve espasmo, el único indicio de que algo en su interior se había movido.
—Virgen... —repitió Wednesday, saboreando la palabra como si fuera un veneno dulce—. ¿Y qué hace una criatura tan inocente en un lugar de perdición como ese?
—Según Jeong, que es mi informante favorita, se le acabó el dinero y necesita pagar sus estudios o algo así. Es un ángel hecho carne.
Wednesday se levantó lentamente. Dejó su copa sobre la mesa con un golpe seco y se ajustó el cuello de su camisa negra.
—Gabriela —dijo—, si esta noche resulta ser aburrida, te arrancaré las uñas una por una y te haré un collar con ellas.
Gabriela se levantó también, con una sonrisa de oreja a oreja.
—Espero que tengas unas pinzas afiladas, porque esta noche va a ser única.
Mientras salían de la mansión, el silencio de la casa se llenó de un eco frío y solitario. La figura de Liz y su hija no estaban allí para ocuparlo, y a Wednesday, en algún lugar profundo y marchito de su pecho, eso le importó una mierda. Esta noche, iba a ser una puta y se iba a olvidar de ser una santa. O al menos, una esposa aburrida.
El coche de Gabriela, un Mustang negro que rugía como su puta madre, se perdió en la noche camino al "Mamitas puebla". Y en el club, al otro lado de la ciudad, una chica rubia de 21 años se ajustaba un corsé por primera vez, con el corazón latiéndole tan fuerte que temía que se le saliera por la boca. Su nombre era Enid, y no sabía que su mundo estaba a punto de estrellarse contra una roca llamada Wednesday Addams.
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FORBIDDEN DEVOTION
FanfictionWednesday una mujer atada en un matrimonio monótono. Enid una joven trabajando por necesidad. (Mamitas Club Referencia)
