—ALICE POV'S—
Era por la mañana. Por fin pude abrir los ojos, ya que el intenso dolor de cabeza me lo había estado impidiendo.
Estaba tirada en el suelo de una especie de selva. Lo raro era que, al fondo, se oía el ruido de las olas del mar.
Era una especie de isla.
—¿Holaaa...?
Pude gritar, pero no hubo respuesta.
Cuando me levanté, noté la mirada de alguien.
—¡Alice!
Escuché detrás de mí.
Era Marge, mi mejor amiga. Tenía el pelo corto y rubio, era de altura media y demasiado guapa, algo que nunca llegaba a entender porque ella odiaba el parche que llevaba en su ojo derecho.
—¡Marge!
Me dirigí corriendo hacia ella para abrazarla.
—¿Dónde estamos?
—No lo sé. Es una especie de isla... no estoy del todo segura.
Después de estar caminando durante un rato, nos fuimos reencontrando con más chicas de la escuela: Amelia, Isabelle, Sophie, las gemelas Lily y Lucy... y varias chicas más.
Entre quejas, preguntas y algunos descansos, conseguimos llegar hasta un pequeño lago.
—¿Hola?
Escuché una voz a lo lejos antes de poder meterme en el agua.
Pude ver dos figuras acercándose.
Eran dos chicos.
Uno era alto, de piel morena y pelo rizado. El otro era más bajito, llevaba gafas y tenía el pelo castaño.
—Soy Ralph. También estamos perdidos.
—Yo soy Nick.
—Le llaman Piggy —aclaró Ralph.
—No me gusta que me llamen así.
Algunas de las chicas soltaron una pequeña risa.
Después de un rato hablando, decidimos ir todos juntos hacia la orilla.
Ralph llevaba una caracola bastante grande que, según él, podía utilizarse para reunir a los demás. Cuando consiguió hacerla sonar, varios niños pequeños comenzaron a aparecer entre los árboles.
La segunda vez que Ralph hizo sonar la caracola, la isla quedó en un extraño silencio.
Poco a poco, más niños fueron llegando a la orilla.
De repente, un grupo de chicos se acercó hacia nosotros.
Llevaban el mismo uniforme que las chicas. La única diferencia eran los pantalones que llevaban ellos, mientras que nosotras teníamos unas faldas del mismo color, a la altura de las rodillas.
Cuando el grupo quedó en fila delante de nosotros, pude observarlos mejor.
El chico que estaba situado al principio era alto. Tenía el pelo rubio, ligeramente rizado, y una expresión bastante seria.
Dio un pequeño paso hacia delante.
—Somos el coro de la academia.
Su voz era grave para su edad.
—Yo soy Jack.
Ralph lo miró.
—¿También estabais en el avión?
Jack asintió.
—Sí.
Su mirada recorrió a todos los presentes.
Durante unos segundos, parecía estar contando cuántos éramos.
Después sus ojos se detuvieron en mí.
No aparté la mirada.
—¿Y vosotros quiénes sois?
Ralph dio un paso hacia delante.
—Soy Ralph. Hemos encontrado la caracola.
Jack miró hacia ella.
—¿La caracola?
—Sí. La encontramos en la laguna. Sirve para reunir a todos.
Jack volvió a mirar al grupo.
—¿Cuántos somos?
Ralph comenzó a contar por encima a todos los niños mientras algunos hablaban entre ellos.
Yo seguía observando a Jack.
Había algo en él que no terminaba de gustarme.
No sabía exactamente qué era.
Quizá era la forma en la que miraba a los demás.
Como si estuviera intentando descubrir quién iba a obedecerle y quién no.
—¿Y tú?
Levanté la cabeza.
Jack me estaba mirando.
—¿Yo?
Señaló ligeramente hacia mí.
—Sí. No has dicho tu nombre.
—Alice.
—Alice...
Repitió mi nombre lentamente.
—¿Y tú eres?
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Ya te lo he dicho. Jack.
—Ya. Quería saber tu apellido.
Algunos de los chicos soltaron una pequeña risa.
La sonrisa de Jack desapareció durante un instante.
—Merridew.
—Ah.
Aparté la mirada.
No tenía ninguna intención de caerle bien.
Ralph volvió a tomar la palabra.
—Tenemos que organizarnos hasta que alguien venga a buscarnos.
—Podríamos elegir un jefe —propuso.
—Yo debería serlo.
Jack lo dijo sin pensárselo dos veces.
Lo miré.
Ni siquiera llevábamos allí una hora y ya quería mandar.
—¿Y por qué?
Jack giró la cabeza hacia mí.
—Porque soy el líder del coro.
—Eso no significa que tengas que ser el líder de todos.
El silencio cayó sobre la playa.
Marge me miró con los ojos muy abiertos.
Jack, en cambio, sonrió.
Pero no parecía una sonrisa amable.
—¿Y tú qué propones?
Me crucé de brazos.
—Que decidamos entre todos.
Jack mantuvo sus ojos sobre mí durante unos segundos.
—Como quieras, Alice.
Fue la primera vez que pronunció mi nombre.
Y no sabía por qué, pero tuve la sensación de que no sería la última.
