*ELISA*
El paseo de todos los días sigue siendo el mismo de siempre, por las mismas calles de siempre y por la misma acera de siempre. Después de un largo día en clase, lo único que me apetece es llegar a mi casa, quitarme los zapatos y descansar un rato, a ver si lo consigo, porque teniendo en cuenta el historial de mi casa, que hayan más de cinco minutos silenciosos, es casi misión imposible, con todos mis hermanos... Bueno, mis hermanos son un tema aparte, ya que siendo tantos (y no digo que seamos tres o cuatro en total) , son muy, pero que muy ruidosos y nunca en mis quince años de vida, he logrado disfrutar del silencio tanto rato como me gustaría. Pero bueno, eso es otra cosa que no cambiará en mi rutina, mi familia.
Cuando llego al portal veo a una señora como de unos sesenta años sonreírme. Con su pelo canoso y su chaqueta de punto.
-Hola Elisa- me saluda la señora Román, tan agradable como siempre.
-Hola, ¿qué tal se encuentra hoy?
-Bien niña, gracias por preguntar. A una vieja como yo ya se le notan los años – dice riéndose.
-Bueno, ¡que tenga un buen día!
-Igualmente guapa, ¡y recuérdale a tu madre que mañana tenemos que decidir los colores del decorado!
-Vale, ¡hasta ahora! - digo alejándome.
Mientras subo por las escaleras, se me viene a la cabeza que dentro de poco nos dan las notas. ¡Qué nerviosa estoy! Me he estado esforzando muchísimo para intentar sacar unas buenísimas notas, pero no sé si todo eso ha sido suficiente. Nunca entenderé por qué me pongo tan nerviosa.
Cuando llego a mi puerta, toco el timbre y veo que se ha caído la letra del piso, la 'C'. La recojo y escucho los gritos de mis hermanos peleándose, y una vez más no entiendo que en una casa con tanta gente se tarde tanto en abrir la puerta. Si hay dos peleándose, quedan muchos más para ocuparse de otras cosas, como, por ejemplo, no tenerme aquí todo el día. Vuelvo a tocar y acto seguido abren la puerta.
-Hola Elis – me saluda mi hermana Almudena, que es cinco años menor que yo.
-Hola, ¿por qué has tardado tanto? - pregunto pasando por la puerta.
-Porque estaba terminando mi canción favorita y nadie más se ha enterado de que ha sonado el timbre. Así que, cuando ha terminado, te he abierto.
-Eh, gracias -En el salón de mi casa no hay nadie, lo que se me hace muy raro, porque es de las salas más habitadas de la casa. - ¿Dónde están los demás?
-Pues... Blanca y Álvaro están haciendo deberes en la habitación; Laura, Marta y yo estábamos bailando y Clara está dormida, ah y Mario no sé qué está haciendo, pero va como un terremoto por ahí.
Sí, ya lo sabéis, de mis siete hermanos, solo una se ha dado cuenta de que el timbre ha sonado, increíble ¿verdad?
Mi madre está en la cocina terminando la comida cuando me ve y me saluda.
-Hola cariño.
-Hola mamá – le doy un beso en la mejilla al tiempo que ella me da otro a mí.
-¿Qué tal el día?
-Bien, como siempre, nada interesante. Por cierto, me ha dicho la señora Román que te recuerde lo de mañana, ¿os queda mucho para terminar la obra?
-Bueno, ya tenemos a los alumnos que interpretarán a los personajes, el sitio, el diálogo y los vestuarios, solo nos queda elegir los decorados y empezar a ensayar lo antes posible.
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Nuestras numerosas constelaciones
RomanceSi le preguntas a Elisa por su vida, te diría que encuentra una gran tranquilidad dentro de ese pequeño caos que tiene como vida que comparte junto con su gran familia y amigos. Ha encontrado un equilibrio bueno en su vida, y eso, después de todo lo...
