Fort William

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Erling se levantó a las 4:30 de la mañana, estaba en calzoncillos y camiseta, se paró descalzo, caminó por el pequeño lugar para encender la estufa. Lanzó un poco de café en el pocillo, añadió agua del grifo y lo dejó en la lumbre. Camino de vuelta al cuarto por su toalla, fue a la ducha, abrió la llave y el agua fría cayó mojando su cuerpo, tomó algo de jabón que tenía ahí, ni siquiera era jabón de baño. Luego de enjuagarse salió de la ducha con la toalla envuelta en la cintura. Se quitó la toalla para secarse el cabello, sacó otro calzoncillo que estaba por ahí entre su ropa y comenzó a vestirse. El café ya comenzaba a hervir, aun abrochándose la camisa fue a la estufa y apagó el fuego, se sirvió en una taza y mientras se iba a colocar las botas la bebida se enfriaba. Se terminó el café en grandes tragos, volvió al cuartito para tomar un morralito pequeño y salió de ahí.

Camino unos 20 minutos, tal vez apenas eran las 5:30, no lo sabía, no contaba con un reloj en la muñeca. El frío aumentaba mientras se veía que el sol estaba por salir, el lugar estaba muy en silencio, apenas unas cuantas personas andaban en las calles. Llegó a la estación de trenes y compró su boleto, el tren partirá a las 6:40 en punto, esperó hasta que la hora llegó y abordó el transporte.

Erling había llegado aquí en busca de un empleo. Hace unas semanas vio un anuncio en un periodico, fue a donde el artículo decía: la Agencia de Trabajadores Granjeros y Agrícolas. Colocó su información y escribió sobre su experiencia en granjas. Hace unas semanas recibió la respuesta a su solicitud, haría dupla con otra persona, uno como pastor y otro como guardián del campamento. Erling solo esperaba que su compañero no fuera una molestia, pues tendría que soportar a quien fuera su compañero por todo el verano.

Se asomó por la ventana de nuevo, su destino estaba cada vez más cerca.

Fort William, un pequeño pueblo rural, de constantes lluvias, ubicado en las Tierras Altas de Escocia. De un lado está el gran lago Loch Linnhe y del otro lado se encuentra el imponente Ben Nevis, con su cima nevada.

Se dice que en este pueblo se respira el aroma del carbón quemado y la lluvia fría que viene desde las montañas. De las chimeneas sale humo blanco, una señal de que las casas se mantienen cálidas. Los hombres caminaban por ahí con sus abrigos de lana gruesa, sus pasos resuenan en la calle empedrada. El tren de vapor pasa por ahí, dejando un rastro de humo blanco a su paso mientras cruza el valle verde. Al acercarse a los pequeños pubs del lugar, se percibe el aroma de la cerveza y cigarrillos,

El gran Ben Nevis domina el horizonte dando a los pobladores un hermoso paisaje, verlo con su cima nevada es una maravilla. La niebla baja cubre los lagos gran parte del año, también cubre el pueblo dando una vista nostálgica.

Erling bajó del tren cuando este hizo su parada. Camino atravesando el pueblo, hasta llegar casi del otro lado a su destino: una pequeña cabaña cerca del lago. Erling decidió quedarse de pie a un costado de la puerta.

Un motor se oía a lo lejos, acercándose cada vez más, se trataba de una clásica camioneta GMC. La camioneta se detuvo a unos pocos metros de la cabaña. De ella, un muchacho de piel bronceada, vistiendo una camisa azul y unos pantalones vaqueros, el muchacho miró a su alrededor, y luego miró al otro de pie afuera de la cabaña. Parecía que lo que buscaba no se encontraba ahí, subió de nuevo a su camioneta.

Los minutos siguieron pasando, ese misterioso chico bajó de nuevo de su camioneta, tomó un poco de agua de la llave cercana a la cabaña, sacó una navaja, acomodo el retrovisor y comenzó a rasurarse, tenía algo de barba queriendo crecer, no podía presentarse así.

Mientras tanto el otro evitaba mirarlo, pensando que era una cosa muy vanidosa hacer eso y también muy estúpido.

De nuevo se escuchó ruido, un auto se acercaba, el muchacho de la camioneta tiró el agua y rápidamente se secó el rostro, el otro aliso un poco su ropa y acomodó su sombrero. El auto llegó y se estacionó en lo que parecía ser su lugar habitual. Un señor de rostro malhumorado bajó del auto y entró sin dirigirle la mirada a los chicos.

Lo que paso en Ben Nevis.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora