epílogo

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Las Raíces de la Sombra

I. La Noche en que el Silencio Se Rompió

La casa de los Haruno siempre olía a té de jazmín y maderas viejas. Era una noche tranquila, de esas en las que el viento de la montaña apenas rozaba las ventanas de papel. Zara, de tan solo nueve años, practicaba en el piano una melodía simple que Bakugo solía interrumpir a gritos desde el patio contiguo.
Entonces, la luz se apagó.
El aire se volvió pesado y sofocante.

Miku Haruno intentó defender su hogar con su fuerza abrumadora, pero un látigo de energía negra atravesó su torso antes de que pudiera reaccionar. Minato intentó usar su teletransportación para salvar a su hija, pero una mano envuelta en remolinos oscuros le sujetó el cuello, rompiéndolo en un segundo.
All For One caminó hacia la niña, que temblaba acorralada contra el piano.

-No llores, pequeña -dijo la sombra-. Tu cuerpo es un regalo divino. Yo me encargaré de pulirlo.

II. La Alianza Siniestra: Shie Hassaikai y el Voltaje

Para evitar ser descubierto por los héroes, All For One confió el "proyecto" a un aliado clave: Kai Chisaki (Overhaul) y el Shie Hassaikai.

Zara fue trasladada a las profundidades de un hospital clandestino operado por la yakuza. Ahí, la tecnología de Garaki se unió con la obsesión médica de Chisaki. Atada a una silla de metal en una habitación fría y esterilizada, los electrodos adheridos a su cuello y sienes liberaban descargas eléctricas brutales.

-Aumenten el voltaje al noventa por ciento -ordenaba la fría voz tras el cristal-. Su Quirk debe romper la barrera celular bajo dolor extremo.

El voltaje recorría sus nervios como fuego líquido. Zara perdía el conocimiento solo para ser despertada por el choque de su propia regeneración.

Gritaba hasta quedarse sin voz, mientras las corrientes destruían sus vías nerviosas internamente. Pero la crueldad de su Don no dejaba rastros: al terminar la tortura, su piel se recomponía a la perfección. Lucía intacta por fuera, pero destrozada por dentro.

III. "Porque Yo Estoy Aquí"

Años después, la agonía en esa habitación del hospital clandestino parecía no tener fin. Zara, debilitada y al borde del colapso por una nueva sesión de choques, escuchó un estruendo masivo.

¡BOOM!

El muro de concreto saltó en mil pedazos. Una silueta imponente emergió entre la nube de polvo y escombros, disipando la oscuridad del lugar.

-¡Ya no hay nada que temer! -resonó una voz potente, retumbando en cada rincón del complejo-. ¡¿Por qué?! ¡Porque yo estoy aquí!

De un solo movimiento cegador, All Might cruzó la habitación y le asestó un golpe demoledor al verdugo que sostenía los controles del instrumental de tortura, mandándolo a volar contra la pared opuesta.

Zara, con la vista nublada y temblando sin control, levantó la mirada hacia la capa roja y la sonrisa del Símbolo de la Paz. Sintió la liberación de sus cadenas cuando All Might se agachó frente a ella con una ternura infinita en los ojos.

Sin pensarlo, la pequeña usó las pocas fuerzas que le quedaban para lanzarse hacia adelante y abrazarse desesperadamente al cuello del gran hombre musculoso. Su rostro se hundió en su hombro.

-Tardaste... tanto tiempo en salvarme... -susurró Zara con la voz quebrada por las lágrimas.

All Might la envolvió con sus enormes brazos en un gesto protector. Antes de que él pudiera responderle, el peso del agotamiento acumulado y el dolor de los años en cautiverio finalmente la vencieron.

Los ojos dorados de Zara se cerraron y su cuerpo se desmayó por completo en los brazos del héroe número uno.

Aizawa, quien entró justo detrás rompiendo la línea defensiva de los guardias, observó la escena en absoluto silencio. La niña estaba físicamente ilesa, sin una sola cicatriz, pero ambos héroes sabían que el verdadero rescate apenas comenzaba.

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