El pasillo de la Base Omega olía a desinfectante y a metal recién pulido, un aroma tan constante que Hen ya no lo registraba como olor sino como ausencia de todo lo demás.
—Agente 0417, reporte de evaluación matutina completo. Índice de eficiencia: 98.6%. Autorizado para asignación de campo —anunció la voz sintética del terminal de acceso, sin inflexión, sin pausa, sin nada que pudiera confundirse con reconocimiento.
Hen apoyó la palma contra el escáner y esperó el clic seco de la puerta blindada. Detrás de él, la fila de reclutas seguía el mismo procedimiento: palma, escaneo, número, autorización. Nadie hablaba. Hablar en el pasillo de preparación no estaba prohibido, exactamente, pero tampoco tenía ningún propósito táctico, y en Base Omega todo lo que carecía de propósito táctico terminaba por desaparecer, incluidas las palabras.
La sala de operaciones era un óvalo de luz blanca, dominado por una mesa táctica proyectando el mapa del Sector 3 en relieve holográfico. El comandante Vane esperaba de pie junto a la proyección, con las manos cruzadas a la espalda y esa quietud suya que nunca parecía cansancio, sino control.
—0417 —dijo Vane, sin girarse—. Llegas puntual. Como siempre.
—Es el protocolo, señor.
—El protocolo dicta llegar a tiempo. Tú llegas siempre con cuarenta segundos de margen. Eso no es protocolo. Eso es disciplina.
Hen no respondió. No sabía qué se suponía que debía responder a eso. Vane tenía una forma de decir las cosas —observaciones sueltas, casi al margen, como si pensara en voz alta y Hen simplemente estuviera de pie lo bastante cerca para escucharlas— que nunca exigía una réplica.
—Extracción de rutina, Sector 3, zona residencial colapsada —continuó Vane, moviendo un dedo sobre el holograma; una zona del mapa se iluminó en rojo—. Reporte de actividad anómala. Posible Rango D en fase de asentamiento. Equipo estándar de tres. Tú lideras.
—Entendido.
—Una cosa más. —Vane finalmente lo miró, con esa evaluación fría y minuciosa que Hen había aprendido a tolerar sin devolver la mirada—. El sector tiene fisuras estructurales pre-colapso. Edificios sin escanear en el censo. Si encuentras algo que no está en el mapa, repórtalo antes de intervenir. No confíes en la memoria del terreno.
—No confío en nada que no esté verificado, señor.
Por primera vez en los tres años que Hen llevaba bajo su mando, algo parecido a una sonrisa cruzó la boca de Vane. Duró menos de un segundo. Después volvió a ser la misma superficie lisa de siempre.
—Bien —dijo—. Procede.
***
El transporte blindado avanzó a través del corredor subterráneo que conectaba Base Omega con la superficie del Sector 3, sacudiéndose sobre las juntas de la vía. Frente a Hen, los otros dos agentes de su equipo revisaban el equipo con la misma coreografía silenciosa de siempre: seguro de las armas, carga de las mochilas de contención, verificación del sello del uniforme.
Hen cerró los ojos un momento, dejando que la vibración del transporte le subiera por la columna. Era un hábito que nunca había analizado del todo: en los minutos antes de una extracción, buscaba algo parecido a la calma, un espacio en blanco donde no hubiera protocolo ni número de serie, solo el ruido mecánico del transporte y la oscuridad detrás de sus párpados.
Fue entonces cuando llegó el olor.
Ozono. Nítido, metálico, como el aire justo después de una tormenta eléctrica que Hen nunca había presenciado y que, sin embargo, reconocía con una certeza que no podía justificar.
Abrió los ojos. El transporte seguía siendo el mismo, los agentes seguían revisando el mismo equipo, nada había cambiado. Pero por una fracción de segundo —tan breve que después dudaría de haberlo visto—, la superficie metálica del asiento frente a él perdió su textura. No se volvió borrosa ni oscura. Simplemente dejó de tener relieve, como si alguien hubiera aplanado el mundo en una sola capa lisa, sin sombra, sin profundidad.
Hen parpadeó. El relieve volvió. El olor a ozono se disolvió tan rápido como había llegado.
—¿Todo en orden, líder? —preguntó uno de los agentes, sin levantar la vista del cargador que estaba revisando.
—Todo en orden —dijo Hen, y notó, con una punzada de extrañeza que no supo nombrar, que su propia mano derecha había tardado medio segundo de más en responder cuando intentó cerrarla en un puño.
Medio segundo. Nada. Un cálculo de fatiga, tal vez, o el peso residual del sueño de la noche anterior.
Hen no lo reportó. No había nada que reportar: ningún dato verificable, ninguna anomalía medible, solo una sensación fugaz que ya se sentía, en retrospectiva, como algo que tal vez nunca había ocurrido.
El transporte se detuvo con un chirrido neumático. Las puertas se abrieron a la luz gris y polvorienta del Sector 3.
—Zona de extracción confirmada —anunció el sistema de navegación—. Distancia al objetivo: 1.2 kilómetros. Tiempo estimado: ocho minutos.
Hen se puso de pie, ajustó el sello del guante y avanzó hacia la salida.
La mano derecha, la misma que medio minuto antes había tardado en cerrarse, encontró el arma en su funda sin problema, con la fluidez de siempre. Como si nada. Como si el cuerpo hubiera decidido, por su cuenta, que ese instante no había ocurrido.
Afuera, entre los escombros del Sector 3, algo se movió detrás de un muro caído. Demasiado rápido para ser viento.
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RE:imagina
Science FictionEn un mundo donde la memoria puede ser manipulada, Hen descubrirá que su identidad esconde secretos que alguien está dispuesto a todo por mantener enterrados. Una historia de ciencia ficción, misterio y conspiraciones, donde recuperar el pasado pued...
