Una Mentira Piadosa

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La noche caía sobre el barrio y el reloj marcaba casí las nueve cuando el rugido sordo de una motocicleta interrumpió el silencio

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La noche caía sobre el barrio y el reloj marcaba casí las nueve cuando el rugido sordo de una motocicleta interrumpió el silencio.

El vehículo fallaba, tosiendo ráfagas de humo, antes de apagarse por completo frente a la casa.

- Sal a avisarles que ya voy para allá -pidió el papá de Danna desde la cocina, escuchando el ajetreo en la calle.

Ella asintió y caminó hacia la puerta principal.

No iba sola;Jorge, su hermano iba a su lado.

Al salir, se encontró con dos hermanos lidiando con la máquina descompuesta.

Uno de ellos era el mayor, un rostro conocido de los pasillos de la secundaria con quien ella solía cruzar un par de palabras.

El otro era el menor, un chico de ojos rasgados al que todos llamaban "Tuti".

Con él, la historia era distinta: ni siquiera se miraban a la cara.

El silencio entre ambos era una ley no escrita.

- Dice mi papá que ya viene en camino -anunció ella, rompiendo el hielo de la noche.

Tuti no dijo nada.

Solo desvío la mirada hacia el suelo, acomodándose la sudadera oscura.

Apenas tenían 13 y 14 años, y el mundo entero parecía un abismo de timidez entre los dos.

Días después, el destino volvió a jugar sus cartas.

Justo a la hora de la salida de la escuela, la motocicleta volvió a fallar en plena avenida.

Quedarse varadas nunca estuvo en sus planes, pero de la nada, Tuti y su hermano aparecieron para rescatarlas y llevarlas de regresó.

El trayecto se repitió bajo la misma regla: ella platicando fluidamente con el mayor, mientras Tuti se mantenía al margen, como un satélite orbitando en su propio planeta de silencios.

La gran oportunidad llegó cuando el hermano mayor se graduó, dejando la secundaria libre.

Tuti entró a ocupar su lugar en el mismo turno, y ella entendió que ya no podía seguir seguir ignorando lo obvio: quería su Instagram.

Pero la timidez exige escudos.

Armándose de un valor que no sabía que tenía, se acercó a él en el patio.

Con una confianza ensayada, estiró él brazo sobre su hombro en un gesto casual y le soltó una mentirijilla piadosa:

- Oye...dice una amiga que si le pasas tu insta.

Tuti se quedó helado un segundo.

La miró de frente, rompiendo la tregua de meses de silencio.

- ¿Tu amiga? -preguntó él con una media sonrisa, sabiendo perfectamente que no había ninguna amiga. - Si, claro. Pero no tengo papel.

Sin pedir permiso, tomó la mano de ella.

Su agarre fue firme, cálido, deteniendo él bullicio del patio escolar por un instante eterno.

Con una pluma, comenzó a trazar las letras de su usuario directamente sobre su piel.

El contacto encendió las alarmas de los amigos de Tuti, que observaban la escena desde los jardines.

- ¡Wuuuuu! -corearon a coro, soltando carcajadas. - ¡Ya tienes novia Tuti!

Las burlas amigables los hicieron sonrojarse de inmediato, pero la tinta ya estaba grabado, tanto en la piel de ella como en el inicio de algo imparable.

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A las 3:00 a. m. Stories to obsess over. Discover now