Un estudiante nuevo. Un poder nunca visto. Y una mutante que lleva años sin poder tocar a nadie. TN llega a Westchester y, sin saberlo, le regala a Rogue algo que creía perdido para siempre: el simple acto de ser tocada.
El sol de la tarde se filtraba a través de las ventanas del gran salón de la Mansión X cuando TN cruzó el umbral por primera vez. El aire olía a madera antigua, a libros y a algo indefinible... como si el lugar mismo estuviera vivo y esperándolo.
Apenas había dejado la maleta en el suelo cuando una voz calmada, profunda y familiar resonó a su espalda:
-Bienvenido, TN.
Charles Xavier avanzó en su silla, la mirada serena pero intensamente curiosa. Detuvo la silla a pocos metros de él y le ofreció una sonrisa genuina.
-Sé que el viaje ha sido largo. Y sé también que lo que posees... no es común, ni siquiera entre nosotros.
TN inclinó ligeramente la cabeza. Todavía no estaba acostumbrado a que alguien hablara de su poder con tanta naturalidad.
-No absorbo nada -dijo con voz baja-. No me afecta nada. Ni telepatía, ni fuerza, ni... nada. Es como si los poderes de los demás simplemente... rebotaran.
Xavier lo observó en silencio unos segundos. Sus ojos azules brillaron con una mezcla de asombro y cálculo.
-Inmune a todos los poderes mutantes... -repitió en voz baja, casi para sí mismo-. Incluidos los míos. Eso es... extraordinario. Nunca había encontrado a alguien como tú.
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Un ruido de pasos rápidos interrumpió el momento. Rogue apareció en el arco de la puerta, el cabello blanco cayéndole sobre un hombro, la chaqueta abierta y una expresión de absoluta incredulidad en el rostro.
-¿Acabo de oír bien? -preguntó, mirando de Xavier a TN y de nuevo a Xavier-. ¿Que no le afecta nada? ¿Ni siquiera... yo?
Xavier sonrió con calma.
-Así es, Rogue. TN es completamente inmune. Ni tu toque ni el de nadie más puede afectarle.
Rogue dio un paso más cerca, como si necesitara verlo mejor. Sus ojos verdes no se apartaban del recién llegado.
-Eso es... imposible -susurró-. Yo no puedo tocar a nadie sin...
-Sin hacerles daño -terminó TN suavemente-. Lo sé.
Xavier levantó una mano.
-Tendré que ocuparme de algunos asuntos urgentes. Rogue, ¿podrías mostrarle la mansión a nuestro nuevo alumno? Llévalo a las zonas comunes, al gimnasio, a la sala de entrenamiento... y después a su habitación.
Rogue parpadeó, aún procesando, pero asintió.
-Claro, profesor. Vamos... TN.
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Salieron juntos por el pasillo principal. Rogue caminaba un poco por delante, pero cada pocos pasos se giraba para mirarlo de reojo, como si todavía no pudiera creerlo.
Le mostró la biblioteca, con sus estanterías que parecían no tener fin. Le enseñó el comedor, el salón de estar donde los demás estudiantes solían reunirse, el gimnasio con sus aparatos reforzados, y la sala de peligro, aún apagada, con sus paneles brillantes esperando la siguiente simulación.
Cada vez que pasaban cerca de alguien, Rogue se tensaba por reflejo... y después recordaba.
-De verdad no te pasa nada -murmuró más de una vez, casi para sí misma-. Ni un poco. Ni siquiera cuando estoy cerca.
Al final del recorrido se detuvieron frente a una puerta en el ala este.
-Esta es tu habitación -dijo Rogue, abriendo la puerta. Dentro había una cama individual, un escritorio, una ventana con vista a los jardines y un armario aún vacío-. Si necesitas algo... solo pregunta.
TN entró un paso, luego se giró hacia ella. Sin decir nada, levantó la mano derecha y, con absoluta lentitud, la posó sobre la mejilla de Rogue.
El contacto fue suave. Piel contra piel.
Rogue se quedó completamente quieta. Sus ojos se abrieron de par en par. Durante un segundo interminable no pasó nada. Ni el frío familiar, ni la oleada de poder, ni el miedo. Solo el calor de una mano que no le hacía daño.
-...Dios mío -susurró, la voz apenas un hilo.
TN retiró la mano con la misma calma con la que la había puesto.
-Ahora lo crees -dijo simplemente.
Rogue se llevó los dedos a la mejilla, todavía sintiendo el eco de ese toque imposible. Por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa temblorosa y genuina se dibujó en sus labios.
-Sí... ahora lo creo.
Se quedó un momento más en el umbral, como si no quisiera irse todavía. Al final dio un paso atrás.
-Descansa, TN. Mañana... el profesor te presentará al resto. Y yo... bueno. Yo estaré por aquí.
Cerró la puerta con suavidad.
TN se quedó solo en la habitación nueva, mirando su propia mano. Fuera, el sol empezaba a esconderse detrás de los árboles de Westchester. Dentro de la mansión, algo había cambiado.
Por primera vez, alguien había tocado a Rogue... y ella había podido quedarse.
El día terminaba ahí. Pero la historia, apenas, estaba empezando.
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