El gran salón del Consejo de los Reyes temblaba con los murmullos de miles de deidades. Sobre el trono central, Zeus, director y gobernante absoluto de aquella asamblea pantagruélica, ajustó su toga dorada y alzó el mazo. A su alrededor, dioses nórdicos, egipcios, mexicas, shintoístas y griegos guardaban un silencio expectante.
-La raza humana se ha desviado del camino, se han vuelto un gran problema -sentenció Zeus, y su voz resonó como un trueno sobre las columnas de mármol y oro-. Han provocado guerras, están acabando con los recursos del mundo que se les otorgó y se han empezado a creer superiores a nosotros, los dioses. Propongo una solución a este problema, la extinción total de la humanidad.
Zeus sometió la moción a votación. Uno a uno, los panteones alzaron la mano. Odín asentó con la mirada vacía, Anubis cruzó los brazos en señal de aprobación, y hasta los dioses más benevolentes cedieron al desdén acumulado durante milenios.
El resultado fue unánime: La extinción de la humanidad.
Zeus alzó el mazo del juicio para sellar el destino de la humanidad. Pero antes de que el golpe retumbara en la mesa de piedra...
Las monumentales puertas de bronce del Consejo se abrieron de golpe, saltando de sus bisagras y estrellándose contra las paredes del lugar con un estruendo sordo. Un aire perfumado de mirra e incienso sagrado, inundó la sala, sofocando la presión divina de los dioses presentes.
La figura que cruzó el umbral poseía una elegancia aterradora. Poseía seis alas de un plumaje tan blanco que los dioses tuvieron que se desviar la mirada, y una aura tan abrumadora que igualaba -e incluso eclipsaba- el poder de cualquier divinidad en el recinto.
Allí estaba él: Kaelith, el Consorte del Altísimo, el Serafín de más alto rango en la jerarquía celestial y portavoz del Altísimo.
-¡Detente Zeus! -proclamó. Su voz resonó en todo el lugar, provocando que los dioses bajaran la mirada.
Kaelith dio unos pasos hacia el centro del salón. Los dioses, desconcertados y súbitamente erizados por la magnitud de aquella presencia, apretaron sus armas, pero nadie se atrevió a dar un sólo paso al frente.
-Zeus -dijo el Serafín, clavando sus ojos celestes en el Rey de los Cielos -. El Altísimo exige una explicación inmediata a todo este desorden... y les advierto a todos los presentes: no aceptará explicaciones banales.
El silencio en el Consejo se volvió absoluto. Por primera vez en eones, los dioses habían olvidado que había alguien más por encima de todos ellos y que su juicio no era la última palabra.
Está historia se publicará cada viernes a las 6:30 P.M.
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Ragnarök
FantasyDesde antes del inicio del todo, dos seres se manifestaron en la nada absoluta y con su llegada, empezaron a moldear el universo entero, una vez terminada su creación perfecta, ambos seres ocuparon lo que eones después los dioses llamarían tronos, s...
