SEIS AÑOS ANTES.
La lluvia golpeaba el suelo de la terraza frente al lago negro.
No era una tormenta especialmente fuerte. No había relámpagos ni truenos. Solo una lluvia constante, gris, que convertía los terrenos del castillo en una extensión borrosa de piedra y niebla.
Elena permanecía de pie en esa terraza, mojandose cada vez mas por la lluvia.
Tenía dieciocho años.
Ya no llevaba el uniforme de la misma manera que cuando llegó por primera vez. La corbata verde ya yacía perdida en alguna parte del castillo al igual que su tunica de Slytherin, la camisa y su falda tan empapadas ya por la lluvia. En una mano sostenía su varita.
Al otro extremo del corredor estaba Tom Riddle.
También había cambiado.
Ya no quedaba mucho del muchacho que había conocido seis años atrás.
Seguía teniendo la misma postura impecable. La misma voz tranquila. La misma mirada que parecía observarlo todo.
Pero había algo diferente.
Algo que Elena no podía explicar.
O quizá sí.
Simplemente no quería hacerlo.
Durante unos segundos ninguno habló.
El castillo parecía contener la respiración.
Tom fue el primero en romper el silencio.
-Sigues mirándome de la misma manera.
Elena no bajó la varita.
-No.
Él ladeó ligeramente la cabeza.
-¿No?
-Ahora sé qué estoy mirando.
Por primera vez, la expresión de Tom cambió.
No fue miedo.
Tampoco sorpresa.
Fue algo mucho más pequeño. Una sombra de molestia tal vez.
-Creí que después de todo este tiempo habrías aprendido a no juzgar aquello que no comprendes, Elena.
Elena soltó una risa breve, sin humor.
-Ese fue mi error.
Tom dio un paso hacia ella.
Elena no retrocedió.
-Siempre quisiste entenderme -dijo él-. Desde el principio.
-Sí.
-¿Y ahora?
Elena lo observó.
Por un instante no vio al hombre que tenía delante.
Vio un comedor lleno de estudiantes.
Una mesa de Slytherin.
Un niño de doce años sentado demasiado recto.
Un libro abierto.
Una mirada curiosa desde el otro lado del Gran Comedor.
Y luego volvió a mirar al hombre que tenía delante.
-Ahora sé que entenderte no significaba poder salvarte.
Silencio.
Tom apartó lentamente la mirada.
-Nunca te pedí que me salvaras.
-No. -Elena apretó un poco más la varita-. Ese fue precisamente el problema.
Tom volvió a mirarla.
-Todavía sigues pensando que existe algo que salvar.
Elena tardó en responder.
-No.
La palabra quedó suspendida entre ellos.
Esta vez fue Tom quien pareció quedarse sin respuesta.
Elena tragó saliva.
Había imaginado aquel momento demasiadas veces.
Había imaginado gritarle.
Había imaginado llorar.
Había imaginado odiarlo.
Pero ahora que finalmente estaba allí, solo sentía cansancio.
-¿Sabes qué es lo peor? -preguntó.
Tom permaneció inmóvil.
-Que todavía recuerdo quién eras..
Una expresión casi imperceptible cruzó su rostro.
-No sabes quién era.
Elena bajó lentamente la varita.
-Sí -Miró hacia las ventanas-. Te conocí antes de todo esto.
Tom no respondió.
-Antes de los seguidores. Antes de los rumores. Antes de que todos empezaran a pronunciar tu nombre como si fuera una amenaza.
Ella volvió a mirarlo.
-Y por eso sé exactamente cuándo dejaste de querer ser Tom Riddle.
La mandíbula de Tom se tensó.
-No vuelvas a llamarme así.
Elena sostuvo su mirada.
-Ese era tu nombre.
-Ya no.
Y entonces Elena comprendió que aquella era la verdadera despedida.
No necesitaba que Tom se marchara.
No necesitaba que muriera.
No necesitaba ninguna última explicación.
El chico que había conocido había elegido desaparecer mucho antes.
Tom pasó junto a ella.
Por un instante estuvieron a pocos pasos de distancia.
Elena no lo detuvo.
Él tampoco se volvió.
Sus pasos se perdieron lentamente por el interior del corredor detras suyo.
Elena permaneció allí.
Sola.
Miró la lluvia.
Y durante un instante recordó la primera vez que había visto aquel castillo.
Cuando tenía doce años.
Cuando todavía no sabía quién era él.
Cuando ninguno de los dos podía imaginar en qué terminaría todo.
...
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Entre Sombras y Secretos
FanfictionElena conocerá a Tom Riddle durante sus años en Hogwarts. Lo que comienza como amistad y curiosidad se transforma en una relación complicada mientras ella descubre sus secretos, su obsesión con la muerte y su creciente ambición.
