Ecos del Pasado,Secretos del Presente

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El viento soplaba suavemente entre las hojas de los árboles del complejo Hyuga. Habían pasado diez años desde la Cuarta Gran Guerra Ninja, diez años desde que el mundo había cambiado y desde que Neji, el prodigio del clan, había desaparecido sin dejar rastro, dado por muerto tras proteger a Hinata y Naruto.

La vida continuaba, o al menos eso intentaba Hinata. Se había convertido en una kunoichi fuerte y respetada, líder de su propio equipo, pero en su corazón, el vacío seguía presente. Un vacío que ni siquiera su eterno amor por Naruto, ahora un hombre comprometido y a punto de casarse, lograba llenar por completo.

Entonces, un día, él regresó.

Apareció a las puertas de la mansión Hyuga, con la ropa ajada y la mirada cansada, pero con la misma intensidad que Hinata recordaba. Había sobrevivido, curado por un clan de médicos nómadas en tierras lejanas, y finalmente, había decidido volver a casa.

El reencuentro fue torpe, lleno de silencios incómodos y miradas cargadas de preguntas no formuladas. Neji se instaló en una de las habitaciones de la mansión, por invitación de Hanabi y bajo la estricta mirada de Hiashi, quien, aunque aliviado, no podía perdonar el abandono.

Hinata se encontró a sí misma en una situación extraña. Neji, el primo que siempre la había protegido, el que había sacrificado su vida por ella (o eso creía), estaba viviendo bajo el mismo techo. Y no era el Neji de su infancia. Era un hombre ahora, con cicatrices visibles e invisibles, con un aire de misterio que la atraía y la asustaba a la vez.

Al principio, era solo la cercanía. Compartían comidas en silencio, cruzaban caminos en los pasillos, se entrenaban juntos de vez en cuando. Pero pronto, una tensión inconfundible comenzó a crecer entre ellos. Era una atracción prohibida, un deseo que ninguno de los dos se atrevía a admitir, un pecado .

Empezaron los juegos. Un roce "accidental" al pasar un plato, una mirada prolongada durante el entrenamiento, un susurro al oído que hacía que el pulso de Hinata se acelerara. Neji, por su parte, parecía disfrutar provocándola, con una sonrisa burlona y una intensidad en sus ojos que la hacía temblar.

Las caricias llegaron después. Una mano sobre su hombro en un momento de debilidad, una caricia en la mejilla cuando ella estaba distraída, un abrazo que duraba un segundo más de lo necesario. Hinata se debatía entre la culpa y el placer, entre su amor por Naruto y esta nueva y peligrosa pasión por Neji.

Y entonces, aparecieron las pretendientes. Neji, el "resucitado", se había convertido en un hombre codiciado. Mujeres de diferentes clanes y aldeas lo buscaban, con la esperanza de ganar su favor. Hinata, para su propia sorpresa, empezó a sentir celos. Unos celos intensos e irracionales que le hacían ver a cada mujer como una rival.

La culminación de esta tensión se produjo en una fiesta celebrada en la mansión Hyuga para honrar el regreso de Neji. La música sonaba, la risa llenaba el aire, y Neji era el centro de atención. Hinata, vestida con un elegante kimono, lo observaba desde la distancia, sintiendo cómo la ira y los celos hervían en su interior.

Vio cómo Neji bailaba con una de sus mejores amigas, una kunoichi con la que ella siempre se había llevado bien. Reían, bromeaban, y Neji la miraba con una expresión que Hinata deseaba que fuera para ella.

No pudo aguantarlo más. Se acercó a ellos, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho.

"Neji nisan ," dijo ella, con una voz que temblaba ligeramente por la emoción. "¿Podemos hablar un momento?"

Neji se giró, con una sonrisa en el rostro que se desvaneció al ver la expresión de Hinata.

"Claro, Hinata -sama," respondió él, despidiéndose de su compañera de baile.

Lo llevó a una habitación lejana de la mansión, donde solo el sonido del viento en las hojas y el latido de sus corazones se escuchaba.

"¿Qué es lo que me has hecho, Neji?" exclamó ella, con la voz entrecortada. "Vuelves después de diez años, vives bajo mi techo, me provocas, me tocas, y ahora te veo bailar con ella como si nada. ¿Acaso no te importa lo que siento?"

Neji la miró, con una intensidad en sus ojos que la hizo callar.

"Lo que siento por ti, Hinata -sama , es más de lo que crees," respondió él, dando un paso hacia ella.

Sus labios se encontraron en un beso apasionado y desesperado, un beso que contenía toda la tensión, el deseo y la culpa que habían estado guardando durante meses. Se dejaron llevar por la pasión, sin importar el clan, el pecado, o el pasado. En esa habitación lejana, solo existían ellos dos, y el eco de un amor que, a pesar de todo, se negaba a morir.

Esa noche, Neji y Hinata cruzaron una línea de la que no había retorno. Su relación ya no era la misma, y el futuro se presentaba incierto. Pero en ese momento, nada de eso importaba. Solo importaba el roce de su piel, el sabor de sus labios, y la certeza de que, pasara lo que pasara, siempre estarían unidos por este secreto, por esta pasión prohibida, por este amor que se negaba a ser silenciado.

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