El Eco de una Promesa

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​El sol de la tarde se filtraba entre las cortinas de lino blanco, proyectando doradas franjas de luz sobre la cama matrimonial. El aire de la habitación olía a lavanda, café recién colado y esa calidez inconfundible que solo habita en los hogares habitados por el amor pleno.

​Gulf se encontraba de pie frente al espejo del tocador, ajustándose el cuello de la camisa. Tenía los ojos fijos en su propio reflejo, pero su mente estaba a kilómetros de allí, perdida en un remolino de emociones que hacían que sus manos temblaran ligeramente. Llevaba dos semanas sintiendo un cansancio extraño, acompañado de ligeros mareos que al principio atribuyó al estrés laboral. Pero la confirmación médica que guardaba celosamente en el bolsillo interior de su saco no dejaba lugar a dudas.

​Unos brazos fuertes y conocidos se envolvieron alrededor de su cintura desde atrás, interrumpiendo sus pensamientos. Mark hundió el rostro en el cuello de Gulf, aspirando profundamente su aroma antes de dejar un beso suave sobre la piel tibia de su esposo.

​-Te atrapé pensando demasiado otra vez, mi amor -murmuró Mark con esa voz profunda y pausada que siempre lograba calmar los nervios de Gulf-. ¿En qué se pierde tanto el gran diseñador Kanawut?.

​Gulf sonrió, echando la cabeza hacia atrás para apoyarla en el hombro de Mark. Miró el reflejo de ambos en el espejo: formaban una pareja hermosa, llena de contrastes que se complementaban a la perfección. Mark, con sus facciones marcadas, su mandíbula firme y esa mirada protectora que derretía a cualquiera; y Gulf, de rasgos más suaves, piel cálida y unos ojos expresivos capaces de transmitir mil palabras sin pronunciar una sola.

​-En nada importante... o tal vez en todo -contestó Gulf, girándose entre los brazos de su esposo para rodearle el cuello con las manos-. Solo pensaba en lo rápido que ha pasado el tiempo. Parece que fue ayer cuando nos casamos en aquel viñedo.

​Mark soltó una risita baja y apretó el agarre en la cintura de Gulf, acercándolo aún más hasta que no quedó espacio entre sus cuerpos.

​-Tres años, Gulf. Tres años de ser el hombre más afortunado de esta tierra -dijo Mark, mirando directamente a los ojos de su marido con una devoción casi sagrada-. Y te prometo que los próximos cincuenta serán aún mejores. No hay un solo día en que no me despierte y me pregunte qué hice bien para merecerte.

​-Exagerado -susurró Gulf, aunque el rubor en sus mejillas delataba lo mucho que le afectaban esas palabras-. Tú también pones de tu parte, ¿sabes? Como aguantar mis cambios de humor y traerme té a medianoche.

​-Es mi trabajo como tu esposo -Mark se inclinó y atrapó los labios de Gulf en un beso pausado, profundo y lleno de una ternura que rápidamente comenzó a encenderse con una chispa más íntima. Sus lenguas se encontraron en un baile ensayado durante años de pasión constante, y Gulf soltó un pequeño gemido contra la boca de Mark, sintiendo la firmeza del cuerpo de su marido presionando contra el suyo.

​Cuando se separaron, a ambos les faltaba el aire. Mark rozó la punta de su nariz con la de Gulf, sonriendo con picardía.

​-Si seguimos así, voy a llegar tarde a la reunión con los inversores de la firma -bromeó Mark, aunque sus manos bajaron lentamente por la espalda de Gulf, acariciando el contorno de sus caderas.

​-No, no, señor Paswitch. Nada de retrasos -dijo Gulf, intentando poner distancia entre ellos con una falsa severidad, aunque sus dedos jugaban con los botones de la camisa de Mark-. Además, esta noche tenemos que cenar juntos. Tengo... tengo algo muy importante que decirte. Algo que va a cambiar nuestras vidas para siempre.

​Mark levantó una ceja, intrigado por el tono repentinamente serio y emocionado de Gulf.

​-¿Una sorpresa? Sabes que odio las sorpresas, amor. Me da un ataque de ansiedad. Dime un adelanto, aunque sea una pista.

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⏰ Última actualización: Aug 17 ⏰

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