Camiseta de deporte, camiseta de deporte número dos, pantalones de chándal, el uniforme del equipo... La cama se comenzaba a llenar de ropa revuelta que salía del armario de Till.
«¿Cómo puede ser que haya planeado todo excepto la ropa que me iba a poner? Soy un desastre.» pensó ansioso Till mientras seguía rebuscando en el cajón.
No podía llevar la ropa de siempre porque esta era una cita especial. Llevaba una semana pensando en cómo pasar la velada perfecta con Ivan. Incluso había dejado de ir a su apartamento, lugar que ya parecía más su casa que su propio piso.
Esta idea había nacido en su cabeza después de una de las sorpresas de Ivan. Un día cualquiera, el pelinegro se había plantado en la puerta de la cancha donde entrenaba con un ramo de flores y, después de ducharse y arreglarse, le había llevado a ver una película. Llevaban un año juntos e Ivan había demostrado ser el novio más detallista que existe. Por supuesto, nunca se quejaría del cariño que recibía del patinador pero empezaba a parecer injusto. Siempre era Ivan quien planeaba todo y él solo recibía. También quería demostrar su amor de la misma forma que su novio lo hacía.
Con ese pensamiento organizó la cita en secreto, intentando evitar a Ivan lo máximo posible para que no le preguntara. El plan estaba hecho, ahora solo faltaba ejecutarlo.
Los minutos pasaban y no encontraba nada que ponerse. Toda su ropa reposaba en la cama y por el suelo. Pareció tener un golpe de suerte cuando su mirada se desvió hacia la entrada de la habitación y vio una bolsa de papel. Ahí dentro estaba la ropa que Io le había comprado hacía unas semanas con el pretexto de que la usara para entrevistas profesionales. Por supuesto, ni la había abierto porque no le importaba llevar su uniforme de siempre frente a los periodistas y las cámaras. Pero, ¿Ivan? Él merecía la mejor versión de él, sobre todo ese día.
Rápidamente sacó el conjunto: una camisa granate y un pantalón de traje gris. Agradeció que su madre supiera su talla a la perfección, ya que le quedaba como un guante. Se peinó delante del espejo, dejando su pelo un poco más ordenado que de normal, y agarró su móvil para mirar la hora.
LLEGABA TARDE
Un toque de colonia rápido y ya estaba listo. No tenía zapatos de traje, pero se puso sus mejores deportivas. Mentalmente rezó para que Ivan no lo notara. Era tarea imposible, lo haría sin duda, Ivan siempre se daba cuenta de todo.
Corrió hacia el lugar y, al llegar, Ivan ya le estaba esperando. Tan puntual como siempre. Iba con un traje precioso, de un color negro brillante el cual se veía hecho a medida. Su manager siempre elegía las mejores prendas para su deportista estrella. Debajo solo llevaba una camisa blanca. Sin corbata para parecer un poco más informal, algo que no conseguiría ni llevando un simple chándal. Con esa cara, cualquier cosa que se pusiera podría parecer de marca.
— Siento mucho haber llegado tarde. — se disculpó nervioso rascándose la coronilla. Ivan, al verle, se acercó un poco más a él para agarrarle la mano, ofreciéndole seguridad.
— No te preocupes, yo también acabo de llegar. — esas palabras fueron acompañadas de una sonrisa brillante y su particular colmillo asomando por el lado izquierdo de su boca.
— Ivan, estás guapísimo. — dijo casi por impulso, sonrojándose al instante y girando la cara para evitar sus ojos oscuros.
— Tú tambi- pfff. — el pelinegro no pudo evitar soltar una risita, preocupando a Till.
— ¿Qué pasa? ¿Tengo algo raro? — se empezó a mirar por todas partes, soltando la mano de Ivan para ello. No tardó en encontrar el motivo de su risa. La camisa, al ser nueva, seguía teniendo la etiqueta y asomaba por detrás de su cuello. Su cara se volvió aún más roja por la vergüenza, casi confundiéndose con su camisa. — Es que es nueva...
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Murphy's date
FanfictionTill tenía como objetivo preparar la mejor cita del mundo. Esta idea había nacido en su cabeza después de una de las sorpresas de Ivan. Un día cualquiera el pelinegro se había plantado en la puerta de la cancha donde entrenaba con un ramo de flores...
