Brr, brr...
Sonaba el despertador, pero tenía pocas ganas de levantarme; solo quería un poco más de tiempo en la cama. La noche anterior no había sido para nada buena, y las palabras que había pronunciado aún resonaban en mi cabeza:
-Lo siento, Kentin, pero no podemos seguir con nuestro amor a distancia. Está siendo muy difícil... debes comprender que yo...
Las súplicas de Kentin no salían de mi mente. Cada vez que recordaba su voz, se me estrujaba el corazón:
-Pero lo estamos intentando. Si tú me lo pides, puedo hablar con mis padres para cambiarme de universidad. Solo debes pedírmelo...
Si tan solo las cosas fueran tan fáciles...
-Su, querida, ¿ya estás despierta? -escuché la voz de Maya, mi compañera de piso, llamándome a lo lejos.
-Eh, sí. Me he quedado dormida, no asistiré hoy a clases.
-Entiendo, espero que todo vaya bien. Anoche escuché algo, pero no quiero entrometerme.
Las palabras de Maya encendieron mi curiosidad. ¿Qué habría escuchado? ¿Todo o solo una parte? Me levanté rápidamente de la cama y me dirigí a la sala donde ella se encontraba.
-¿Qué has oído?
-Emm, no estoy segura, pero creo que tenías un asunto que resolver con tu novio... ese chico, ¿cómo se llamaba? Ah, sí, Kentin.
-Bueno... le he terminado.
-Oh, Su, lo siento, no debí preguntar. Creo que es mejor que me adelante... hablamos después, supongo.
Maya tomó su bolso y se puso en marcha hacia la universidad. Mientras tanto, yo solo pude recargarme contra la pared, pensando si lo que le había dicho a Kentin era lo correcto. Era verdad que llevábamos un par de meses saliendo a la distancia, entre pequeñas salidas y las últimas vacaciones en la playa, pero algo no estaba del todo bien.
Al final, Kentin no lograba concentrar su atención en sus estudios. Era lindo verlo esforzarse por mí, sin embargo yo...
-Qué tonta -murmuré en voz baja antes de dejarme caer al suelo.
Esa mañana no hice demasiado. Intenté almorzar algo, pero todo me recordaba a él. Los pancakes... los mismos que cocinamos con su madre cuando me quedaba a dormir en su casa.
-Mejor no desayuno hoy, tengo el estómago revuelto.
De pronto, el celular sonó. ¿Será...?
Corrí a la habitación llena de esperanza. ¿Sería posible que todo hubiese sido solo una tonta pelea? Lo tomé con nerviosismo; sentía que las piernas me flanqueaban. Ni siquiera miré quién llamaba, solo contesté y escuché la voz del profesor Rayan. Era una voz grave y familiar que en otra ocasión me habría transmitido tranquilidad, pero en esta oportunidad esperaba a alguien completamente diferente.
-¿Hola? Sucrette, ¿sigues ahí?
-Eh, claro que sí. ¿Qué pasa?
-Qué despistada. ¿No recuerdas nuestra cita de hoy? Me habías pedido ayuda con la materia.
-Oh, es verdad...
Por un momento había olvidado que le pedí ayuda a Rayan. Entonces, los recuerdos invadieron mi mente.
Meses atrás
-No me agrada ese profesor tuyo -dijo Kentin cruzándose de brazos.
-Vamos, Kentin, solo intenta ser amable conmigo. Debo sentirme afortunada de que busque ayudarme.
-Sí, lo entiendo, pero no me gusta la forma en que lo hace. Eres su alumna, pero parece estar esperando la oportunidad para comerte.
-Vamos, no seas bobito. ¿No te va a intimidar un profesor, verdad? Tú eres mi favorito -me acerqué para darle un beso en la mejilla-. ¿Lo ves, mi Kentinito? Tú eres mi favorito.
-Ya te he dicho que no me digas Kentinito, no soy un niño pequeño -protestó ruborizado y haciendo un puchero. Claro que le encantaba.
-Te amo, Kentin.
-Y yo a ti, Su.
Presente
-Ehh... hola. Te has quedado muda nuevamente -respondió Rayan al otro lado de la línea.
-No me siento bien hoy para salir. ¿Te parece si nos vemos mañana en la universidad? Yo te invito el café.
-¿Ha pasado algo de lo que tenga que enterarme? ¿O debo adivinarlo?
-No quisiera hablar del tema por ahora. Solo necesito tiempo para... ya sabes, asimilarlo y recuperarme.
-No me digas que tú y el soldadito han terminado.
-¡Rayan!
Rayan soltó una carcajada, casi como si le resultara satisfactorio saber que Kentin y yo habíamos terminado.
-Te lo dije, pequeña Su, los amores de instituto no duran demasiado. Ya verás cómo lo superas. Déjame cambiar el plan, ¿qué te parece una cena en el restaurante elegante que está al lado del campus?
-Rayan, en verdad no creo estar en condiciones de ir...
-De acuerdo. Al menos déjame enviarte algo por delivery, ¿me lo aceptas?
-Eso sería demasiado, creo que no. Nos vemos mañana.
-Está bien. No le des tantas vueltas, ya verás cómo lo superas pronto.
Nos despedimos. A veces Rayan puede ser muy intenso. No quisiera entrar en detalles con él respecto a lo de Kentin; ni siquiera yo me creía lo que había pasado. Estaba como loca en la cama esperando un mensaje suyo, dando vueltas de un lado a otro, pero entonces recordé nuestra discusión de la noche anterior.
La noche anterior
-Ya te lo he dicho, Kentin: no puedo pedirte eso. Tú ni siquiera eres devoto del arte.
-Lo sé, pero habrá algo que pueda gustarme, sobre todo si estamos juntos.
-No es tan fácil. Yo no deseo que dejes todo por seguirme.
-Ya lo hice una vez, dos no serán problema.
Cuando Kentin hablaba así, recordaba por qué me había enamorado de él. Claramente esa intensidad iba conmigo; sin embargo, la distancia, las jornadas exhaustivas de tareas y Rayan metiéndome ideas en la cabeza no ayudaban demasiado.
«¿Qué pasaría si tu novio conoce a otra chica en esa universidad? ¿Crees realmente que respetará su pacto?», me había dicho el profesor.
-¡Agh! ¿Por qué lo haces tan difícil? -respiré hondo.
Escuché cómo la respiración de Kentin se volvía más pesada al otro lado del teléfono. No estaba molesto, sonaba más bien preocupado... Algo comprensible: medio año de novios y siete meses a distancia no habían sido nada fáciles.
-Escucha, Su... sabes que soy malo con las palabras y que siempre sueno muy intenso, pero solo quiero que tomes esta decisión con seguridad. Tendré que aceptarla de una u otra forma -su voz sonaba serena, como si tratase de consolarme.
Ay, Kentin, si supieras que ni yo misma sé lo que quiero ahora mismo...
-Escucha, Kentin, yo quiero estar contigo; sin embargo, mis estudios y mi vida personal son una prioridad para mí en este momento. Además, no te prometo que estaré bien estando tanto tiempo separados...
Kentin me interrumpió:
-Pero, Sucrette, ¡te he dicho que podemos solucionarlo!
-¡Es que yo no quiero solucionarlo, Ken! -grité al teléfono.
El silencio invadió el espacio, como si ambos estuviéramos frente a frente. Kentin no contestó nada, solo se escuchaba su respiración entrecortada. Proseguí con mi discurso:
-Por ahora solo quiero un tiempo. Aún faltan tres años para que esta tortura llamada universidad termine. Durante este tiempo ambos podemos pensar bien las cosas, ordenar nuestras ideas...
El silencio continuaba.
-¿Ken? ¿Tú qué opinas? -apreté mi falda con fuerza.
Ken tardó unos segundos más en contestar. Su voz sonaba rasposa, como si tuviera un nudo enorme en la garganta.
-Te amo, Sucrette, pero no insistiré más. Si tú crees que es lo que necesitas, solo me queda darte las gracias por estos días.
Su voz sonaba decepcionada, llena de dolor, pero aguantó las lágrimas.
-Solo quiero pedirte algo antes de cortar esta llamada: quiero darle las gracias a tus padres por todo.
-No es necesario, yo les explicaré luego...
-De acuerdo -Kentin dejó escapar una risa de resignación-. Sucrette... yo siempre voy a quererte.
-Cuídate, Kentin.
Y por fin terminamos esa llamada.
Presente
Tal vez debería llamarle. Un impulso me hizo buscar su contacto, pero el celular no sonaba: entró el buzón de voz automático. ¿Será que me ha bloqueado?
El día transcurrió despacio. A ratos intentaba volver a dormirme, a ratos iba a la cocina a comer cereal, y en otros momentos me levantaba al baño. Pensé en ducharme y aceptar la propuesta de Rayan. Incluso, algo muy raro en mí, le subí el volumen al celular al máximo, solo por si a Kentin se le ocurría llamarme...
De pronto, llegó una notificación. Un mensaje nuevo.
Revisé el celular con el corazón en la garganta, pero era un mensaje de Maya:
«Hola, Su. Esta noche me quedaré en casa de Alexy, no me esperes para la cena, rommie»
-Vaya traidora -murmuré, aunque no era algo raro en Maya. No solía ser una persona que hiciera muchas preguntas ni que estuviera al tanto del chisme de la semana; ella no era como Peggy...
Bueno, basta de tanta nostalgia.
Me dispuse a limpiar las habitaciones y, una vez que terminé, me recosté. Creo que, después de varias horas, por fin había entendido lo que había hecho. Me envolví entre las cobijas y me puse a llorar como una niña pequeña.
ESTÁS LEYENDO
Lo que existe entre nosotros (Kentin Y Sucrette, Fanfic CDM)
FanfictionKentin y yo llevábamos ya un tiempo saliendo desde el instituto, pero la vida nos lleva por otros caminos, ¿lograremos volver a estar juntos?
