Prólogo

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El fuego de Chang nunca quemó.

Recuerda bien la primera vez que iluminó el camerino del circo, su madre estaba cerca y el estaba muy molesto porque no lo había dejado comer más dulces, una llamarada salió de su boca junto al grito berrinchudo, su madre se cubrió el rostro, esperando el inevitable dolor de una quemadura, pero esto nunca pasó. Las siguientes veces tampoco; cuando tenía una hoja seca en los dedos, al tratar de atravesar la lona del circo, o calentar su sopa. Consultaron con los Sabios del Fuego, y no parecía tener nada malo, solo un fuego muy débil.

Al principio se sintió triste, y aún más cuando los demás artistas de fuego se burlaban de él, a veces lanzándole bolas de fuego que apenas lograba repeler.

Lloraba en el regazo de sus padres preguntándose ¿Por qué era débil? ¿Por qué no era un maestro fuego de verdad?

Detestaba su fuego por mucho tiempo. No era tan impresionante y luminoso para ser un espectáculo, ni siquiera servía para prender la tetera. Lo odiaba tanto.

O bueno, no tanto cuando en un espectáculo, mientras hacía la figura de los espíritus de la luna y el océano, no calculó correctamente y se fue contra una familia, la sorpresa de terror pasó a una de maravilla cuando los niños rieron al lograr "acariciar" a los animales, los cuales nadaban alrededor sin peligro algunos.

Esa fue la primera vez que le gustó su fuego.

Aprendió a hacer más figuras: flores, animales, personas.

Con los años adquirió mucha fama, conoció a la familia real, e incluso conoció al Avatar Aang, que de un salto bajó de las gradas y trató de replicar su delicado fuego, sin éxito, por supuesto, pero lo felicitó mucho, era muy amable y estaba lejos de la imagen de maestro todo poderoso que tenía, solo un hombre mayor que solo disfrutaba del espectáculo junto a su adorada esposa Katara; alegró a la feliz pareja con los espíritus de la luna y el océano bailando con bisontes voladores. Fue una buena noche.

El circo recorrió muchos lugares de la Nación del fuego, luego fueron al Reino Tierra, y al tener más dinero fueron al Polo Norte. Por supuesto, muchos los juzgaron por ser maestros fuego, la guerra había dejado un gran estigma en el mundo, por lo que disfrutó mucho cuando la gente aplaudía sus creaciones, las olas de fuego, los peces y las aves que los acariciaban con gran calidez y delicadeza.

Y cuando cumplió veinte años fueron al Polo Sur. Chang giraba y saltaba junto a unos pingüinos nutria, entonces, la vio.

Sus hermosos ojos azules brillaron bajo el lirio de fuego que creó frente a ella, la hermosa mujer rió encantada cuando al tocar un pétalo no se quemó, y logró ver es más bello color rosa en una bella piel canela cuando le devolvió la sonrisa.

En ese momento adoró que su fuego no quemara.

Denali, le dijo su nombre después del espectáculo.

Le regaló varias entradas para volver a ver, aunque la siguiente vez fue con sus hermanos, los cuales uno de ellos lo miraba con especial odio, y el odio fue mayor cuando le pidió una cena a Denali. Ella aceptó encantada.

Recorrieron Ciudad Portuaria y ella le enseñó cada cosa de su cultura, cómo hacían las pieles, ornamentos, trineos...Y no solo fue testigo de un mundo nuevo, también la conoció mejor. Una mujer fuerte, que congeló al tipo que lo había hecho caer y comer nieve, que se reía en su cara cuando le ganaba en unas carreras o premios de la feria, pero con tanta generosidad como para reglar el peluche de bisonte a un niño que lo miraba con adoración.

La vio escaparse de casa y huir de su familia para llevarlo sobre su perro polar hasta lo más profundo de Polo, ahí pusieron su pequeño picnic y observaron maravillados las luces del cielo. Chang entonces bajó la mirada para ver a Denali, en esa sonrisa, los hoyuelos, en esos ojos luminosos, su cabello sedoso y su nariz.

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⏰ Last updated: Aug 16 ⏰

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