El hedor de Desembarco del Rey fue lo primero que le dio la bienvenida a Poniente. Era una bofetada densa de pescado podrido, humo de herrerías y excremento, un contraste brutal con las dulces brisas perfumadas de jazmín y especias de su tierra natal.
Kaelenys Ormollen frunció su nariz fina y recta. Caminaba por la Calle del Telar, abriéndose paso entre mercaderes, marineros y mendigos. No intentaba ocultar quién era ni de dónde venía. Sus rasgos valyrios, marcados y puros, atraían las miradas de todos los transeúntes. Su rostro ovalado, de facciones delicadas y armoniosas, lucía una piel clara de acabado terso con mejillas suavemente sonrojadas. Sus grandes ojos almendrados de un profundo color violeta, enmarcados por pestañas largas y platinadas, observaban la ciudad con una mezcla de fascinación y desdén. Su cabello, abundante y de rizos amplios, caía hasta su pecho de forma desordenada; era voluminoso, brillante y de un rubio platino casi blanco.
Había escapado de Lys hacía apenas unas lunas. Su familia, una de las más aristocráticas y ricas de la Ciudad Libre, tenía planes para ella que involucraban matrimonios por conveniencia y el control de su herencia mercantil. Kae, como prefería que la llamaran, había tomado una generosa parte de su fortuna en monedas de oro y había pagado su pasaje en un barco mercante. Quería ver el mundo, conocer Poniente, lejos de los festivales de placer, los excesos y el comercio despiadado que gobernaban su hogar.
Entró en una posada de aspecto robusto llamada La Jarra de Roble, buscando un respiro del bullicio de las calles. Al instante, el murmullo del lugar disminuyó. En Poniente, y especialmente cerca de la Fortaleza Roja, el cabello plateado y los ojos púrpuras significaban una sola cosa: la sangre del dragón.
El posadero, un hombre barrigón con un delantal manchado de vino, se apresuró a limpiar la mesa más cercana con un trapo dudoso.
-Mi señora... o, ¿debería decir princesa? -titubeó el hombre, haciendo una torpe reverencia-. No esperábamos a nadie de la corte hoy.
Kaelenys esbozó una sonrisa que hizo resaltar el tono rosado natural de sus labios medianos. Se sentó con gracia, acomodando la rica tela de su vestido.
-No soy una princesa, buen hombre -respondió ella, con un acento suave y musical, característico de las Ciudades Libres-. Mi nombre es Kaelenys Ormollen. Pueden llamarme Kae. Vengo de Lys.
El posadero parpadeó, aliviado pero aún impresionado.
-Lys... Ah, cruzando el Mar Angosto. Claro, claro. Discúlpeme, Lady Kae. Es solo que, con esos colores suyos, cualquiera pensaría que es familia del mismísimo rey Daeron. ¿Qué le sirvo? ¿Vino del Rejo? ¿Cerveza negra?
-Agua limpia, si la tiene, y algo de vino para mezclarla. Y pan reciente con queso -Kae dejó caer un Venado de Plata sobre la mesa. El sonido del metal resonó, y el posadero lo tomó con avidez.
-Enseguida, mi señora.
Mientras esperaba, Kae escuchó las conversaciones de las mesas cercanas. A diferencia de Lys, donde los hombres hablaban de precios de sedas, venenos, esclavas y especias, aquí el tema de conversación era completamente distinto. Hablaban de caballos, armaduras y escudos.
Cuando el posadero regresó con su pedido, Kaelenys no pudo contener su curiosidad.
-Dime, posadero, ¿por qué la ciudad parece tan alborotada hoy? Los establos estaban vacíos cuando pasé, y he visto a varios hombres armados salir por la Puerta de los Dioses.
El hombre se limpió las manos en el delantal y sonrió.
-Es el torneo, mi señora. El gran Torneo de Vado Ceniza.
-¿Torneo? -Kae ladeó la cabeza, intrigada-. En Lys no tenemos tales cosas. Las celebraciones allá son... diferentes. Festivales, banquetes, comercio. ¿Qué es exactamente un torneo?
El posadero soltó una carcajada ronca, apoyando las manos en la mesa de madera.
-¿Nunca ha visto un torneo, Lady Kae? Oh, es el orgullo de los Siete Reinos. Lord Ashford celebra el decimotercer día del nombre de su hija, y ha organizado justas. Los caballeros cabalgan unos contra otros con lanzas, intentando derribarse de los caballos. Hay melés, donde pelean a pie con espadas y hachas. Es sangre, gloria y honor.
Kaelenys dio un sorbo a su vino aguado. La idea le parecía bárbara, pero extrañamente fascinante.
-¿Y todos esos hombres van hacia allá solo para golpearse?
-Van por la gloria, por el oro, y para ser vistos -explicó el posadero bajando un poco la voz-. Se dice que asistirán los mismísimos príncipes Targaryen. El príncipe Baelor Rompelanzas, la Mano del Rey, estará allí. También su hermano, el príncipe Maekar. Y dicen que los hijos de Maekar también cabalgan hacia el sur, incluido el príncipe Aerion.
Kaelenys había leído sobre los príncipes de Poniente. Baelor era conocido como un hombre sabio y un gran guerrero. Aerion, en cambio, tenía fama de ser tan cruel como hermoso.
-Suena como un evento que nadie querría perderse -murmuró ella, sintiendo que la monotonía de su reciente viaje en barco desaparecía por completo.
-Casi todos los caballeros errantes de los reinos están en los caminos ahora mismo -asintió el hombre-. Incluso los de baja cuna. Cualquiera que tenga una espada y un caballo viejo está marchando hacia el Dominio para probar su suerte en Vado Ceniza.
Kaelenys miró por la pequeña ventana de la posada. Había cruzado el mar para vivir aventuras, para escapar de los salones perfumados donde las mujeres eran tratadas como moneda de cambio o adornos hermosos. Quería ver la verdadera naturaleza de Poniente.
-¿Qué tan lejos está Vado Ceniza? -preguntó, volviendo su intensa mirada violeta hacia el hombre.
-A unas semanas a caballo si va por el Camino de las Rosas, mi señora. Pero no es viaje para una dama sola. Los caminos están llenos de mercenarios, ladrones y caballeros de fortuna.
-Tengo oro suficiente para contratar una escolta y comprar el mejor caballo de esta ciudad maloliente -dijo Kae, levantándose con decisión-. Y no he cruzado el mundo entero para quedarme sentada en una taberna de Desembarco del Rey.
El posadero retrocedió, asintiendo rápidamente.
-Como desee, Lady Kae. Si busca buenos guardias, vaya al Gremio de Mercaderes; a menudo salen caravanas hacia el Dominio que aceptan pasajeros de pago.
Kaelenys agradeció con un leve asentimiento, dejando el pan y el queso a medio comer. Salió de la posada con un nuevo propósito latiendo en su pecho. El Torneo de Vado Ceniza sería su primera verdadera experiencia en los Siete Reinos.
-Que los Siete la protejan, Lady Kae -alcanzó a decirle el hombre desde la barra.
Kaelenys se detuvo un segundo ante la puerta antes de salir al aire libre. Los Siete, pensó con una sonrisa irónica. En Lys, ante una partida inminente, las sacerdotisas habrían invocado los rezos de los antiguos dioses del amor y la belleza de la ciudad.
Dejando atrás los templos de Essos y las comodidades de su linaje, se adentró en el bullicio de Poniente. No sabía que el torneo cambiaría el curso de su viaje para siempre. No sabía que allí encontraría príncipes desquiciados, conspiraciones de sangre y a un gigantesco caballero errante acompañado de un pequeño escudero calvo que reescribirían su destino en los caminos de Poniente.
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La Lysena del Caballero Errante
FanfictionBook-Canon y Fanfic El Caballero De Los Siete Reinos
