Capítulo 1: El tatuaje

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Oh no, no, no, no. No podía ser.

Miró su reflejo en el espejo esperando un cambio. Tal vez el vapor de la ducha le hizo ver mal, o le entró jabón en los ojos; cualquier cosa que indicara que esto era un error... pero no. Ahí estaba, firmemente grabado en letra cursiva, elegante y pretenciosa como el dueño de ese nombre.

Zee Pruk.

Nunew lo conocía. Más bien, ¿quién no conocía al príncipe de Slytherin? Nunew no tenía prejuicios con esa casa. Sabía que muchos magos oscuros salieron de allí en la época de Voldemort, pero eso fue hace 70 años. Así que su problema con ese chico no era su casa. Zee caminaba a todos lados con Brik, un tipo gigante que parecía su guardaespaldas, y Freen, su novia, que iba todo el día colgada de su brazo. No le bastaba tener calificación perfecta en Encantamientos y Defensa contra las Artes Oscuras; además era el capitán del equipo de Quidditch y miembro destacado del club de duelo.

Nunew lo detestaba.

—Oye, hermano, ¿has visto mi...? —Sin esperar respuesta, su hermano gemelo abrió la puerta, quedando inmovilizado ante lo que vio—. ¡Oh, Dios!

—No le digas a nadie —suplicó Nunew.

—De todas las personas del mundo... ¿Es en serio?

—Debe ser un error —respondió con la voz ahogada—. No todos se quedan con su alma gemela, en todo caso, así que está bien.

—Es gracioso. Y pensar que ni siquiera se acordaba de tu nombre cuando...

—¡Gracias, Nat! —Respiró profundo. Si este era su cumpleaños número dieciséis, entonces también era el de su hermano—. ¿Y el tuyo?

—Es Max, obviamente. —Se bajó el cuello de la camisa y ahí estaba, en una letra más desordenada y despreocupada: Max Saran.

Obviamente, su hermano tenía tatuado el nombre de su novio en la parte baja del cuello. Muy salvaje para su gusto. El nombre de Zee, por su lado, estaba en el dorso de su mano, casi en su muñeca.

—Siempre tienes buena suerte —suspiró.

—No es buena suerte —respondió su hermano—. Soy el mayor, y menos necio que tú.

Nunew ya no se molestaba en recordarle que era mayor por solo quince minutos.

—Entonces, ¿el primer beso que te dará Zee será en tu mano? ¡Qué aburrido!

—Nat, eso es una tonta leyenda —le recordó, si así fuera muchas personas tendrían el tatuaje en la mejilla y los labios, y en general no es así.

—El primer beso que me dio Max si fue en el cuello.

—¡No quiero detalles! —Empujó a su hermano para sacarlo del baño y poder alistarse para salir.

Volvió a suspirar pensando que no todo era tan malo. Si tenía suerte, Zee ignoraría esto con la misma fuerza con la que lo ignoraría él, y todo seguiría igual. Conocería a otro hombre igual de disconforme con el nombre en su piel y sería lo suficientemente feliz.

***

El viaje de vuelta a Hogwarts era agradable. Este era su sexto año, no le quedaban muchas oportunidades para disfrutarlo... El suave movimiento de los vagones y el traqueteo rítmico sobre los rieles solían ser particularmente relajantes para Nunew; solo que esta vez se encontraba bastante inquieto. La puerta del compartimento se abrió de golpe, interrumpiendo sus desordenados pensamientos.

—Tu hermano le está diciendo a todo el que quiera escucharlo que Max es su alma gemela —dijo Bas, uno de sus mejores amigos, sentándose frente a él—. Supongo que Max no se llevará ninguna sorpresa el día de su cumpleaños. ¿Has visto a Becky?

Nunew negó con la cabeza. Intentó relajarse apoyando la sien contra la ventana, pero una parte de él se sentía extrañamente observada.

"No hay nadie en el pasillo, estás imaginando cosas", se dijo a sí mismo. Sin embargo, esa picazón en la nuca no desaparecía. "Tal vez me siento incómodo porque, si mi hermano anuncia su marca, los demás sentirán curiosidad por la mía".

Eso parecía una razón lógica. Nat era popular y llamaba la atención de forma natural, lo que inevitablemente generaba un foco de atención residual sobre él. Nat no era especialmente sobresaliente en clases ni en los deportes, pero era famoso por conseguir comida para las fiestas de la casa, por haber convertido el pasillo del segundo piso en un río navegable un día de calor y por cambiar la iluminación del castillo a un rosa chillón el San Valentín anterior.

Sus otros hermanos mayores también fueron celebridades escolares en su momento. Yim tuvo excelencia académica y está estudiando plantas en Siberia, es considerado un genio. Gun fue buscador premiado de Quidditch, está haciendo su carrera deportiva en Italia y Sammy, la mayor, fue la mejor duelista de su generación, actualmente jefa del departamento de aurores. Ni siquiera podía tener la ternura del menor, pues su pequeña hermanita entró a la escuela ese año.

Nat amaba ir a Hogwarts, donde podía hacer y deshacer a su antojo. Nunew disfrutaba de la tranquilidad de las vacaciones. Vivían en un barrio muggle, pues su padre era uno. Su madre, que era bruja, mantenía la máxima discreción posible en cuanto a la magia.

La sensación de malestar lo acompañó al bajar del tren. Realmente, ¿quién le estaba taladrando la nuca? La presión no cedió al entrar al Gran Comedor ni durante el discurso de apertura de la directora.

"Ya sé que mi hermano es genial, mucho más que yo. ¿Por qué alguien se interesaría en mí?", pensó con amargura. "Él es más simpático, divertido, ocurrente... Hasta su cuerpo es más delgado y atlético. Lo único idéntico que tenemos es la cara".

Pero justo en ese instante, una idea que no le pertenecía atravesó su mente sin permiso. Ni siquiera usaba el tono habitual de su propia narración interna; se sentía como una voz más grave, firme y pausada.

'Nunew es mucho más interesante que Nat. No deberías pensar eso'.

Nunew miró a todas direcciones, asustado.

"Un error", pensó apretando los puños. "Debe ser un error de mi cabeza".

El viaje había sido largo, se había despertado muy temprano y empezaba a sentir una punzada sorda detrás de los ojos. Solo quería llegar a su dormitorio y dormir.

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