Prólogo

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Hay silencios que pesan más que las palabras.
Hay mañanas que parecen eternas.
Y hay amores que, incluso sin memoria, siguen respirando.

El sol entraba suave por las cortinas de seda, pintando la habitación con un dorado tibio.
Él la observaba dormir, como si cada respiración fuera un milagro.
No sabía por qué, pero algo en el aire se sentía distinto.
Frágil.
Como una despedida que nadie había dicho.

-¿Vas a quedarte mirándome toda la vida? -murmuró ella, sonriendo sin abrir los ojos.

Él rió.
Ella rió.
El mundo parecía perfecto.

Desayunaron entre risas, entre gestos exagerados, entre planes para el almuerzo.
Ella hablaba de su capítulo final; él la miraba como si fuera su universo entero.
Se despidieron en la puerta con un beso que duró más de lo necesario, con esa certeza que solo tienen los que creen que el amor es invencible.

Y mientras él caminaba hacia su trabajo con el corazón lleno, ella entraba a su estudio, cerraba las cortinas oscuras y encendía la pantalla.

La luz la iluminó.
El silencio la envolvió.
Y en ese mismo instante, una sombra cruzó el balcón.

Un detalle.
Un sonido.
Un movimiento fuera de lugar.

El tipo de detalle que nadie nota...
hasta que es demasiado tarde.

Esa mañana, él no sabía que estaba a punto de perderlo todo.
No sabía que el eco de su amor sería lo único que quedaría en pie.
No sabía que algunas historias no terminan cuando se cierran los ojos.

Algunas historias apenas comienzan.

Lo que recuerda el alma - AguslinaStories to obsess over. Discover now