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Nuevo comienzo

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El campo de batalla rugía a su alrededor. El suelo temblaba cada vez que la Ballena Blanca se movía, y el aire estaba cargado del olor metálico de la sangre y de la madera destrozada. Los gritos de los soldados se ahogaban bajo el estruendo de los árboles cayendo, pero en ese pequeño claro, aislado del resto del caos, el silencio entre las dos mujeres era casi absoluto.

Theresia van Astrea mantenía la mano firmemente cerrada sobre la empuñadura de una espada cualquiera.

La protección divina del Santo de la Espada la había abandonado hacía poco, y la Espada del Dragón Reid yacía tirada sobre el suelo del bosque.

Su respiración era irregular, no solo por el cansancio de la pelea, sino por la presencia que tenía delante. Pandora no se movía. Simplemente estaba allí, con las manos delicadamente entrelazadas frente a su cuerpo, la misma sonrisa suave y serena que parecía no pertenecer a un campo de batalla.

- Una mujer sola en un lugar como este... Eso es bastante valiente.

La voz de Pandora era suave y hermosa. Tenía un timbre que invitaba a seguir escuchándola, como si el simple hecho de oírla fuera suficiente para calmar cualquier tempestad.

Theresia apretó con fuerza la empuñadura de su espada y se lanzó directamente hacia aquella figura de presencia casi angelical. Para ella era más que evidente: una joven caminando en medio del caos de la batalla, con una sonrisa serena en el rostro e indiferente a los gritos que la rodeaban, solo podía ser una amenaza.

Incluso sin la protección divina del Santo de la Espada, Theresia aún era capaz de blandir su arma con toda su destreza. En un abrir y cerrar de ojos se plantó frente a Pandora y, con un tajo limpio y preciso, separó su cabeza del cuerpo.

El tiempo pareció detenerse.

Detrás de Theresia, Pandora apareció de improviso, inclinándose hacia su oído. Su aliento rozó la piel de la espadachina mientras susurraba con esa misma voz seductora y calmada:

-Quiero entenderte...

La mente de Theresia quedó en blanco al instante. Antes de que pudiera perder por completo la conciencia, un único pensamiento resonó con fuerza en su interior:

«Q-quisiera... tener otra oportunidad para cambiarlo todo y ser feliz...»

Y entonces, su mundo se volvió completamente negro.

Tiempo después comenzó a abrir los ojos lentamente. Parpadeando varias veces se vio en un teatro con sillas completamente vacías y una gran pantalla delante de ella.

- Ya despertaste, Theresia van Astrea.

La voz emergió desde la pantalla frente a ella en el mismo instante en que Theresia se ponía de pie, adoptando una postura de guardia por puro instinto.

- ¿Quién eres? ¿Dónde estoy? -preguntó con seriedad, intentando alcanzar su espada... solo para descubrir que no había ninguna.

- Puedes llamarme Vesper -respondió la voz con tono ligero-. Y soy... ¿cómo decirlo? - tarareó un momento, como si buscara las palabras adecuadas - Un tipo al que le gusta ver un buen espectáculo.

Theresia frunció el ceño, aunque bajó ligeramente la guardia.

- Eso no responde a mi pregunta.

- Puede que no - concedió Vesper -, pero lo que estoy a punto de ofrecerte... podría gustarte.

- ¿Ofrecerme? -repitió ella, desconfiada.

- ¡Así es! -la voz se volvió de pronto más animada, casi alegre-. Te ofrezco la oportunidad de vivir una vida diferente a la que has tenido. Un chance de alcanzar todo aquello que siempre has anhelado.

Re: El candidato y su flor Stories to obsess over. Discover now