curaciones diarias eran la costumbre de los novatos. Las primeras veces te dejarán roto si no te esfuerzas. Eso le decía Miguel, su padre, cada vez que veía una de sus heridas. Julio dejó de estudiar para intentar cosas nuevas. Quizá no era mala idea entrenar día y noche hasta morir. El cuerpo puede fatigarse, ¿pero logra la mente descansar? Es imposible apagar esa voz que te hace mil preguntas sin parar. Hablar no era una opción en aquel espacio que compartían ambos. Nada importaba; solo debía cumplir con sus obligaciones, romper el molde, superar a todos a su alrededor y cargar con un legado. ¿Quién lo ayudaría a no morir en el intento?
